El rostro humano de la prohibición: Cuando la cárcel castiga a toda la familia

Elizabeth Erhardt
11 May 2026

El pasado 8 de mayo, el Congreso de los Diputados no solo escuchó argumentos jurídicos; escuchó sollozos, suspiros y relatos de dignidad. Las jornadas "La cárcel no es lugar para quien cultiva vida" cumplieron su objetivo más difícil: bajar el debate de las nubes del Boletín Oficial del Estado (BOE) y aterrizarlo en el suelo, a veces frío, de las cocinas familiares donde falta un hijo, una madre o un hermano.


El corazón político de la jornada: La doble vida de Esther Muñoz

"He tenido que vivir dos vidas para poder sostener una", confesó Esther Muñoz en una de las intervenciones más descarnadas de la tarde. Como madre y cultivadora en una ciudad pequeña, Muñoz describió la violencia silenciosa de esconder aquello que le da salud para proteger a su hijo del estigma. Pero su discurso no se quedó en lo privado; lanzó un dardo directo al corazón del sistema: "Es una hipocresía estructural que haya empresas con licencia haciendo negocio mientras a nosotras nos destrozan la vida por cultivar salud". Para Esther, la desobediencia civil es la única salida digna: "Cuando el Estado convierte en delito un acto que genera autonomía y comunidad, obedecer deja de ser una virtud y cultivar se convierte en un acto político".

 

El legado de la Abuela Marihuana

La sesión comenzó con una presencia invisible pero palpable: la de Fernanda de la Figuera. Sus hijas tomaron la palabra para recordar que la lucha por el cannabis en España tiene canas y arrugas. Narraron cómo, incluso en sus últimos días, postrada en una cama, Fernanda seguía defendiendo la planta como a una de sus propias hijas.

"La cárcel no encierra a una persona; encierra sus proyectos de vida y sus redes de cuidado", se escuchó en la sala.

Su testimonio dejó claro que el castigo penal a una figura tan querida no fue solo una cuestión legal, sino un mensaje de disciplina enviado a todo un movimiento que ella ayudó a parir.

 

Mabel Fernández y la muerte en vida

Mabel Fernández, madre de Aythami Santana
Mabel Fernández, madre de Aythami Santana

El momento de mayor tensión emocional llegó con Mabel Fernández, madre de Aythami Santana. Mabel no habló como experta en leyes, sino como una madre que ha visto a su hijo entrar en prisión por gestionar una asociación cannábica transparente.

  • La condena invisible: Mabel describió el proceso como una muerte en vida, un túnel de ansiedad y fármacos que solo logró superar gracias a la Red de Apoyo Popular de Cannabis en Lucha.
  • La hipocresía judicial: Denunció cómo a su hijo se le aplicaron condenas máximas bajo la ambigua figura de asociación ilícita, mientras empresas multinacionales obtienen licencias para lo mismo que a él le costó la libertad.

 

Género y soledad: La realidad en las cárceles

A través de una intervención grabada, el colectivo CAMPA (Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas en Aragón) aportó una perspectiva de género necesaria. La conclusión es desgarradora: la cárcel castiga el doble a la mujer.

Mientras que los hombres presos suelen recibir visitas constantes de madres y parejas, las mujeres a menudo quedan solas. El sistema penal rompe las redes de cuidados de las que dependen niños y ancianos, convirtiendo la sentencia en un castigo colectivo que empobrece y margina a familias que ya estaban en una situación vulnerable.

 

Pacientes en la sombra

Francisco Javier Miravete, representante de los pacientes, cerró el círculo recordándonos que para muchos, el cultivo no es ocio, sino supervivencia. Relató cómo el miedo a la policía se suma al dolor de la enfermedad, creando una situación de estrés insostenible para quienes solo buscan calidad de vida fuera de los efectos secundarios de la farmacología tradicional.

 

Este es el primero de una serie de informes sobre las jornadas en el Congreso. El prohibicionismo ha fallado en proteger la salud, pero ha tenido un éxito rotundo en romper hogares. Escuchar estas voces es el primer paso para una regulación que, por fin, sea justa.

 

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