CBD: El superantioxidante que desafió la prohibición

Elizabeth Erhardt
19 Feb 2026

En el complejo tablero de ajedrez del cannabis medicinal, hay documentos que no son solo ciencia, sino pura historia política. En 1998, mientras la guerra contra las drogas intentaba enterrar cualquier evidencia de los beneficios de la planta, un equipo de científicos de élite publicó un hallazgo en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) que dinamitó los argumentos prohibicionistas desde dentro. El estudio, titulado "Cannabidiol and (-)Δ9-tetrahydrocannabinol are neuroprotective antioxidants" (Hampson et al., 1998), no solo es una pieza brillante de farmacología; es el documento que obligó al Departamento de Salud de EE. UU. a reconocer, mediante una patente oficial, que el cannabis posee propiedades medicinales indiscutibles.


El sello de oro de Julius Axelrod

Para entender la importancia de este artículo, hay que mirar las firmas. Entre los autores se encontraba el Dr. Julius Axelrod, bioquímico y Premio Nobel de Medicina. Axelrod no era un activista pro-cannabis; era el hombre que descubrió cómo funcionan los neurotransmisores en nuestras neuronas.

Su participación en este estudio dio al CBD una armadura de credibilidad científica que ninguna campaña política pudo atravesar. Cuando un Premio Nobel afirma que el CBD es un neuroprotector, la comunidad científica escucha.

 

Más potente que las Vitaminas C y E

Todos hemos crecido bajo la premisa de que las vitaminas C y E son los antioxidantes definitivos para frenar el envejecimiento. Sin embargo, el equipo de Axelrod y Hampson demostró que el Cannabidiol (CBD) juega en otra liga.

El estudio reveló que el CBD tiene una capacidad superior para neutralizar los radicales libres, esas moléculas inestables que dañan el ADN y las membranas de nuestras neuronas. El Cannabidiol se clasificó como un antioxidante excepcionalmente potente al demostrar ser más protector contra la neurotoxicidad del glutamato que el ascorbato (Vitamina C) o el alfa-tocoferol (Vitamina E) en ensayos comparativos directos.

¿El secreto? Su naturaleza no polar. A diferencia de otros antioxidantes, el CBD es lipofílico (se disuelve en grasas), lo que le permite cruzar la barrera hematoencefálica con una eficacia asombrosa. Esto significa que el CBD llega donde la vitamina C no puede, actuando directamente sobre el tejido cerebral.

 

El escudo contra la muerte por glutamato

Uno de los descubrimientos más técnicos de este estudio es cómo el CBD protege al cerebro de la excitotoxicidad por glutamato. El glutamato es el neurotransmisor que activa nuestras neuronas, pero en exceso (causado por un golpe, un ictus o una crisis epiléptica) se vuelve una neurotoxina que "quema" las células hasta matarlas. El estudio de 1998 demostró que el CBD actúa como un aislante biológico, reduciendo el estrés oxidativo provocado por el glutamato y evitando la muerte celular en cadena. Es, literalmente, un parachoques molecular para el sistema nervioso.

 

La paradoja de la Patente 6,630,507

Lo que convierte a este estudio en un icono del activismo es su legado legal. Basándose directamente en los hallazgos de Hampson, Axelrod y su equipo, el Gobierno de los Estados Unidos (a través del Departamento de Salud y Servicios Humanos) solicitó y obtuvo en 2003 la patente 6,630,507. La patente describe explícitamente a los cannabinoides como agentes neuroprotectores útiles en enfermedades degenerativas como el Alzheimer, el Parkinson y la demencia por VIH.

La hipocresía es histórica: mientras la DEA mantenía (y mantiene) el cannabis en la Lista I (sustancias sin uso médico), el propio gobierno federal poseía los derechos de explotación científica de sus beneficios médicos. Este estudio de PNAS es la prueba irrefutable de que las autoridades conocían la verdad molecular mientras sostenían la mentira legal.

 

Aplicaciones reales: Del laboratorio al paciente

Aunque el estudio se realizó en entornos controlados, las conclusiones de Hampson et al. resuenan hoy más que nunca para el usuario:

  • Prevención en enfermedades neurodegenerativas: Al reducir el estrés oxidativo de forma diaria, el CBD se posiciona como un preventivo en la degeneración celular asociada a la edad.
  • Recuperación tras isquemias: El estudio destaca el potencial del CBD para minimizar el daño cerebral tras un ictus, gracias a su capacidad para frenar la cascada de muerte neuronal.
  • La importancia del espectro completo: Aunque el estudio aisló los compuestos, los autores ya vislumbraban que la capacidad antioxidante del CBD se mantenía potente incluso sin el efecto psicoactivo del THC, permitiendo dosis medicinales elevadas sin alterar la consciencia.

 

La ciencia como herramienta de liberación

El trabajo de Hampson et al. (1998) es un recordatorio de que la verdad biológica siempre termina por imponerse a la ideología. Que el CBD sea un antioxidante más potente que las vitaminas tradicionales no es una teoría pro-cannabis; es un hecho bioquímico validado por un Premio Nobel y patentado por el propio gobierno que intentó prohibirlo. Este estudio es el título de propiedad científico que nos devuelve el derecho a ver el cannabis como lo que siempre ha sido: una herramienta de salud fundamental y soberana.

 

Fuente: Hampson, A. J., Grimaldi, M., Axelrod, J., & Wink, D. (1998). Cannabidiol and (-)Δ9-tetrahydrocannabinol are neuroprotective antioxidants. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 95(14), 8268–8273. https://doi.org/10.1073/pnas.95.14.8268

 

 

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Elizabeth Erhardt