Combate a las hormigas en el cultivo cannábico

Las hormigas son seres geniales. 

 

Hermosos ejemplares que vienen trozando la vida vegetal hace millones de años. Merecen mucho respeto. ¿Pero dónde terminan los derechos de la hormiga y empiezan los del cannabicultor? Cada cual sabrá. Mi abuelita les daba arroz, las arruinaba con agua caliente, anacahuita y mal humor. Por suerte, menos para los alérgicos, ahora hay biopesticidas que las ponen en su lugar, es decir lejos de la marihuana.

El mundo de las plagas es ancho. Y a nadie que haya cultivado cannabis, aunque sea una vez, le resulta ajeno. Los bichos que pretenden, al igual que nosotros, obtener algún beneficio de la planta del cannabis llegan a formar colonias, como hacían (¿hacen todavía?) los imperios que cruzaban mares para saquear, robar y cometer todo tipo de atrocidades. Así mismo desembarcan las plagas en la planta de cannabis. Así que conviene darles batalla y resistencia cultural.

Entre las saqueadoras infames del jardín tengo una particular predilección por exterminar hormigas. Son un ejército disciplinado, constante. Pueden tirar abajo un edificio de 20 pisos si se lo proponen.
Hace años, no lo olvidaré jamás, tenía unos plantines que habían germinado no hacía tanto. Las semillas habían llegado a mí a través de un amigo que cruzó fronteras con ellas. Fueron unas guerreras dignas de combate, hasta que cayeron en las manos de, mejor dicho, en las afiladas navajas de las hormigas cortadoras. No quedó ni un solo plantín. Destruyeron todo a lo largo de una noche de descuido. Mi venganza fue terrible. La concreté en piloto automático. Seguí su camino, no sin dificultades, hasta encontrar el cuartel general. Hice lo que hacía mi abuela cuando le comían el perejil. Las maldije primero. Y apunté con mi cuerpo a la cocina. Herví toda el agua que pude en la caldera y se las dispensé sin piedad, después de revolver un poco el cuartel general del enemigo. (Qué conste que las aniquilé porque ellas me atacaron, soy pacifista a ultranza).

Algunas otras veces le tiré, después que el agua caliente enfrió, un macerado alcohólico de anacahuita, que también uso para espantar bichos en las matas de marihuana. Y que también es herencia familiar de la abuela. Ella era un poco más mala: tiraba azufre. El mismo que se pasaba por la espalda y hacía crack cuando la amarilla barra sulfurosa pasaba por “los aires” sobre las vertebras de su espalda arrugada y llena de lunares. En fin.

Con la anacahuita macerada y el agua caliente las hormigas entienden bastante bien el mensaje. Las hormigas en la época de mi abuela serían más ponzoñosas y por eso la solución sulfúrica. Pero mi abuela no era todo maldad con las hormigas. Tenía su costado caritativo con ellas. Cuando no encontraba el hormiguero dejaba arroz por aquí y por allá. Lo que las hormigas pensaban que era sustento para la colonia terminaba siendo como un caballo de Troya, que una vez adentro les arruinaba el pastel primero y el cuartel después. Como pasa con la lismona. Las hormigas abandonan el hormiguero, es como que no se bancan al arroz al final de cuentas.

Antes que dejes de leer este texto porque vives en un piso dos, tres, cuatro o 23, te cuento. Quienes viven en apartamentos pueden también hacer un par de cosas. La maceración con anacahuita, por ejemplo en un aspersor para rociar los alrededores de la planta es una buena opción. Otra es conseguir ceniza. (Si ya sé que puede no ser la tarea más fácil en las ciudades). Pero rodear con ceniza la maceta casi siempre funciona. Y claramente que mantener el balcón limpio ayuda mucho más. Excepto cuando llueve. Además de limpiar el balcón por el chorrete de la ceniza habrá que volver a poner ceniza. La posibilidad del arroz de la abuela también es buena. Nunca escuché que le salte un pedazo de pared a nadie del vecindario.

Volviendo a lo de mi abuela digo que siempre hay alguien más malo que tu abuela. Hablo de la industria química. Pero sabemos que no toda industria química es Monsanto. Por suerte hay empresas que desarrollan biopesticidas, insecticidas biológicos. Los que contienen Beauveria bassiana tienen un resultado formidable contra las hormigas cortadoras. Como todo lo químico conviene leer el prospecto. Y conocer su acción. Porque este biopesticida jode el polen, no solo del cannabis sino de las demás plantas. Así que no conviene usarlo en primavera, y no está mal dar una mirada al entorno para ver qué flor, árbol o gramínea esté polinizando. Además, la Beauveria bassiana causa alergia, como la mayoría de estos productos. Así que conviene ser extremadamente cuidadosos sobre todo si alguien padece esta afección inmune. A las hormigas las infecta porque es un hongo. Uno que las aniquila de la misma manera que ellas quisieron, pensaron o supusieron que podían invadir un cultivo. Éstos hongos les colonizan el cuerpo y las joden. Su acción es bastante rápida.

Algunos amigos que plantan en el campo tuvieron el inconveniente de que las hormigas hicieron su nido justo debajo de la planta. Fue interesante ver, desde el punto de vista meramente biológico, cómo aquella planta perdió la vigorosidad que tenía en plena primavera.
Otra de esas cosas interesantes que la biología animal le regala a la vista del humanoide son los pulgones y su conflictiva relación con las hormigas. Vale la pena mirarlos. Hormiga y pulgón van de la mano. Pero la hormiga muerde la mano del pulgón. Mejor dicho los muerde todos. La razón es sencilla. Las hormigas se alimentan de pulgones. Cuando llega uno, llega el otro. Las hormigas son insaciables pero los pulgones, bastante más toscos y menos inteligentes que las hormigas, invaden hasta los rincones más difíciles de la planta. Entonces ya la cosa pasa de castaño a negro de nubarrón.

Así que a mantener lejos a las hormigas que son bien interesantes desde el punto de vista biológico pero rompen las pelotas desde el punto de vista de un simple cultivador que debe cuidar una planta seis meses para fumarse unos churros. Chau hormiga.


Alpargate Haze

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