20 trucos imprescindibles para cultivar marihuana en exterior

20 trucos imprescindibles para cultivar marihuana en exterior
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Hemos recopilado una lista de los mejores trucos para el cultivo de cannabis en exterior. Técnicas y consejos prácticos y sencillos que te ayudarán a mantener las plantas sanas y vigorosas y lograr una buena cosecha aunque no tengas experiencia.
1.Combina plantas de distinto tipo, índicas y sativas, de floración fotodeterminada y autoflorecientes. Mientras que los cultivadores comerciales prefieren sembrar toda la plantación con la misma variedad para darle a todas las plantas los mismos cuidados, los autocultivadores domésticos que sembramos para nuestro propio consumo nos aseguramos mucho más la cosecha si combinamos distintas genéticas pues de ese modo, si las plagas, el clima o la mala suerte acaban con un tipo de plantas, es probable que al menos se salve el resto. Mi consejo es poner algunas autoflorecientes en mayo y junio para cosecharlas en junio y agosto y combinarlas con diversas variedades de floración fotodeterminada que maduren en distintas fechas: indicas rápidas que maduren a finales de septiembre, híbridos que se cosechen en octubre y alguna sativa de maduración lenta que no se recoja hasta noviembre. Este sistema permite además que dispongamos de una bodega cannábica diversa, evitará que nos aburramos de consumir siempre la misma variedad.
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2. Deja las plantas tranquilas y observa. Cuando la tierra se vea bastante seca y la maceta pese poco, riégalas con agua y un poco de abono, pero no estés todo el día regando y añadiendo productos nuevos. Las plantas ya saben lo que tienen que hacer pero necesitan tiempo. Los cultivadores principiantes no conocen el ritmo de las plantas y enseguida se impacientan, quieren que todo vaya muy rápido y que los cogollos se hagan enormes, por eso compran continuamente nuevos productos. La mayoría de las veces hacen más mal que bien. Tampoco se trata de olvidarse de ellas durante días, de hecho observarlas a menudo es la mejor forma de aprender a cultivar, pero con un riego cada tarde (si lo necesitan) es más que suficiente.
3. Aísla las macetas del calor. Las altas temperaturas que se alcanzan en verano afectan a las plantas, especialmente a las que crecen en macetas situadas en patios, balcones y terrazas. Los suelos de baldosas se calientan mucho al sol, pudiendo alcanzar con facilidad 40 o 50ºC. Cuando este calor se transmite a las macetas, cuece la tierra, deshidrata las raíces y estresa mucho a las plantas, tienen que emplear buena parte de su energía en evitar deshidratarse y no en crecer y engordar cogollos, que es lo que queremos. La mejor forma de evitar este problema es aislar las macetas del calor, para lo que hay dos sistemas básicos que, además, se pueden combinar para obtener mejores resultados. El primero consiste en colocar un material aislante entre el suelo y las macetas. Hay quien emplea palets de madera, planchas de corcho, pequeños taburetes de plástico, incluso otra maceta, todo vale si evita que las macetas toquen directamente el suelo. El segundo sistema es introducir la maceta dentro de otra para que entre las dos quede una capa de aire que aísle la tierra del exterior. Si la maceta exterior es de color blanco, mucho mejor.
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4. Usa agua de calidad. La marihuana necesita mucha agua, cada día. La calidad del agua que empleamos afecta directamente al rendimiento de la plantación. El agua óptima es aquella que tiene pocas sales disueltas y, al contrario, la peor es la que tienen muchas sales disueltas. Usa un medidor de EC (electroconductividad) para saber cómo es el agua del grifo que llega a tu casa. En general, si tiene un valor de 0,5 mS/cm o menor, es adecuada para cultivar mientras que si el valor es más alto debes mezclarla con agua de lluvia o de un filtro de osmosis inversa hasta lograr que el nivel de EC esté por debajo de 0,5. El agua muy salina tiene varios problemas, por un lado, dificulta que las plantas puedan absorber correctamente los nutrientes y facilita su sobrefertilización. A menudo el cultivador ve deficiencias nutritivas y aumenta la dosis de abono con la esperanza de corregirlas pero, en realidad, sólo está empeorando las cosas y aumentando el exceso de sales en las raíces sin arreglar nada cuando podría haber evitado los problemas regando desde el principio con agua menos salina.
5. Dos abonos y un estimulador. No hace falta complicarse demasiado con los abonos en cultivo de cannabis en exterior. Para empezar a obtener buenos resultados basta con un abono de crecimiento, otro de floración y, como mucho, un estimulador de floración para potenciar el engordado de los cogollos a partir de la mitad de la floración. Todos los fabricantes de abonos para cannabis tienen estos tres productos, mi consejo es que compres los tres de la misma marca. Hay fabricantes que ponen más fósforo o potasio en el de floración porque ponen menos en el estimulador, y otros lo hacen al revés. Si se mezclan marcas, a veces no combinan bien.
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6. Abona suave y a menudo. En general, da mejor resultado y muchos menos problemas añadir un poco de abono en cada riego, o un riego sí y otro no, que una dosis alta una vez a la semana o cada quince días. Además, al aplicar nutrientes en cada riego nos aseguramos que todos los elementos están disponibles todos los días. Esto es especialmente importante cuando cultivamos en macetas, ya que la cantidad de tierra que contienen es pequeña y eso provoca que a veces se produzcan ciertas reacciones químicas en su interior que bloquean algunos nutrientes e impiden su absorción. Al abonar a diario, siempre hay nutrientes disponibles y no bloqueados. Ajusta siempre el pH de la solución nutritiva (agua más abonos) para que esté entre 5,8 y 6,5, este el grado óptimo para que todos los nutrientes se absorban de manera óptima
7. Cubre la tierra con mulch. Cuando el sol incide directamente sobre la tierra la recalienta y acelera la evaporación del agua que contiene. Una medida tan simple como extender una capa de mulch o acolchado puede reducir en varios grados la temperatura de la capa superficial del suelo, beneficiando enormemente a las raíces, estimulando el desarrollo de la biodiversidad microscópica del suelo y conservando la humedad durante más tiempo por lo que hacen falta menos riegos. Muchos materiales se pueden emplear como mulch: paja, hojas secas, compost o hasta cartón. Aunque se usan muy a menudo como mulch en muchos jardines, yo no recomiendo usar cortezas de pino como acolchado cuando se cultiva cannabis, ya que contienen sustancias herbicidas naturales que podrían afectar negativamente al crecimiento de las plantas.
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8. Coloca tutores para ayudar a sostener las plantas. Un tutor es una vara larga de madera, bambú, plástico o metal que se clava en el suelo paralela al tallo principal de la planta. El tallo se ata al tutor para darle sostén, pero debe usarse una atadura holgada, para que el tallo pueda seguir engrosando sin impedimentos. Los tutores son esenciales en zonas de fuertes vientos para mantener las plantas erguidas e impedir que se tuerzan o se tumben. En plantas muy grandes puede ser necesario entutorar también algunas ramas secundarias, si vemos que con el peso de los cogollos y el viento podrían llegar a romperse. Los tutores son especialmente útiles al final de la floración, cuando coinciden las lluvias de septiembre y octubre con los cogollos en su máximo tamaño. Un cogollo mojado pesa mucho más que seco, por eso las tormentas de lluvia y viento son las más peligrosas, ya que pueden desgarrar ramas completas. Si ocurre, pero la rama rota no se ha acabado de separar del tallo, se puede arreglar sujetándola en su sitio con varias vueltas de cinta americana y un tutor que la sostenga. Con un poco de suerte, si queda suficiente circulación de savia desde las raíces de la planta, la rama sobrevivirá y podrá acabar de madurar.
9. Poda las ramas más bajas. Es recomendable eliminar completamente las ramas mas bajas de la planta para favorecer la ventilación de la base del tallo. En plantas pequeñas se limpian de ramas los primeros 10-20 centímetros del tallo. En plantas grandes, a partir de un metro y medio de altura, conviene limpiar algo más y cortar las ramas que brotan en los primeros veinte a treinta centímetros del tallo. Son ramas que reciben poco sol y dan muy poca producción, por lo que no se pierde casi nada y se gana en salud. Las ramas bajas pueden tocar el suelo y ser el puente por el que suben muchas plagas. Por otro lado, por su situación a la sombra y en un entorno de más humedad, son con frecuencia el primer lugar donde aparecen hongos.
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10. Poda de puntas. Es la técnica de poda más sencilla y también la más habitualmente utilizada. Consiste el cortar la punta del tallo principal entre dos nudos para potenciar la ramificación de la planta y reducir su crecimiento en altura. El efecto y resultado no es siempre igual, cambia un poco según la variedad cultivada pero, en general las plantas pasan de crecer con forma de abeto a hacerlo como un arbusto, más redondeado y con varias puntas principales en lugar de una sola. La altura final de una planta despuntada es algo menor pero aún así puede llegar a ser grande y alta. Tras despuntar el tallo principal, unas semanas después se puede repetir el procedimiento con las nuevas puntas principales para potenciar aún más la ramificación y el control de la altura. La poda de puntas sólo se debe llevar a cabo durante la fase de crecimiento, antes de que las plantas empiecen a florecer, pues si se realiza después puede interferir con el inicio de la floración y retrasarla.
11. Domina las plantas con cuerdas. Tan simple como suena. Clava piquetas en el suelo y utiliza cuerdas para atar las ramas y doblarlas en la posición que quieras. Puedes atar una cuerda al tallo principal, normalmente a dos tercios de la altura total y tensar la cuerda fijando el otro extremo a una piqueta, una piedra o cualquier otro elemento fijo. Si cada día tensas un poco más la cuerda la planta irá cediendo poco a poco sin romperse. Se puede llegar incluso a acabar con el tallo principal casi paralelo al suelo y todas las ramas apuntando hacia arriba. Una cosa interesante es que las ramas se mueven y se va reposicionando para captar la mayor cantidad de luz por lo que las ramas que al doblar la planta quedan hacia abajo en unos días vuelven a mirar hacia arriba. Los tallos de las plantas se manejan mejor cuando les falta un poco de agua, si están recién regados se rompen más fácilmente. Si vas a doblar las plantas con cuerdas espera a que estén un poco secas para hacerlo. La principal ventaja de esta técnica es que si se hace con suavidad y a lo largo de varios días resulta muy poco estresante para la planta y se puede emplear en cualquier momento de su ciclo de vida, aunque esté muy avanzada la floración.
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12. Supercropping para controlar altura. Esta técnica es muy útil a partir del inicio de la floración, cuando la poda de puntas ya no es una opción válida para limitar la altura. La idea es chafar o aplastar el tallo de una rama entre los dedos para romper sus fibras internas pero sin dañar la capa exterior, que es donde se encuentran los vasos por los que sube y baja la savia de la planta. Los tallos no pueden estar ni demasiado duros ni demasiado blandos. Cuando se chafan entre los dedos se escucha un pequeño chasquido que indica que se ha colapsado el interior y se han roto las fibras interiores. La rama se dobla por el lugar aplastado formando un angulo recto y parece que se va a marchitar pero en unos días se cura, forma un callo para reforzar la rama y sigue creciendo aunque en su nueva posición. Se puede emplear esta técnica varias veces para ir formando la planta incluso a lo largo de toda la floración ya que no afecta al desarrollo de los cogollos.
13. Sexado por preflores para no correr riesgos. Si cultivas semillas regulares tienes que eliminar los machos en cuanto se muestren, para que no polinicen a las hembras y las llenen de semillas. El mejor método de sexado para no correr riesgos de polinizaciones accidentales es fijarse en las preflores, que son las primeras flores que brotan en la planta. Las primeras se ven en el tallo principal, en los nudos de donde brotan las ramas, detrás de las estípulas, que son unas pequeñas hojitas con forma alargada que nacen en los nudos de la planta. Las preflores nacen antes de la floración, normalmente se ven a partir de que las plantas tienen uno o dos meses de edad. Las preflores hembras aparecen solitarias, una tras cada estípula y se distinguen por los dos estigmas blancos que brotan de un pequeño cáliz verde. Las preflores macho salen en el mismo lugar, pero en pequeños racimos de unas pocas bolitas que se acaban abriendo formando flores de sépalos blanquecinos. Elimina inmediatamente las plantas en las que encuentres preflores macho para evitar polinizaciones accidentales. No dejes los machos cortados tirados junto a las hembras, las flores pueden abrirse y polinizar después de cortar la planta.
14. Retira las hojas secas y enfermas. El jardín debe estar limpio. Las hojas secas que caen al suelo, si no se retiran, pueden atraer plagas y hongos, al servir como alimento o escondite. Lo mismo sucede con las hojas enfermas que hay en las plantas, conviene arrancarlas y sacarlas del jardín para evitar que contagien al resto. Si descubrimos una plaga que ataca a una sola planta y no al resto, puede ser buena idea sacar esa planta y llevársela a otro sitio para que la plaga no se extienda.
15. Lava la tierra periódicamente. Con el paso de las semanas y a causa de los sucesivos riegos con abono, es posible que se vayan acumulando sales minerales en el sustrato. Si no se pone remedio y la salinidad alcanza un nivel demasiado alto, puede bloquear la absorción de ciertos nutrientes y tener un efecto negativo sobre el crecimiento de las plantas. La mejor forma de evitar este problema es lavar la tierra dos o tres veces durante la temporada. La técnica no puede ser más sencilla, basta con dar un enorme riego a las plantas, con gran cantidad de agua, hasta 3 litros por cada litro de sustrato, dejando que el agua sobrante drene por los agujeros de la maceta y arrastre con ella las sales minerales que se habían acumulado. Un lavado del sustrato cada dos meses es una garantía de que las sales no llegan a niveles tóxicos y mejora el sabor final de los cogollos
16. Aplica neem semanalmente. El aceite de neem es un magnifico plaguicida preventivo que actúa como repelente, insecticida de contacto e insecticida sistémico. Su acción general es efectiva sobre casi todas las plagas, aunque es especialmente útil contra los insectos chupadores. Su efectividad como preventivo es mayor que como insecticida, por lo que conviene aplicarlo semanalmente desde la germinación de las plantas. Se aplica con fumigador, preferiblemente tras la puesta de sol, mojando completamente las hojas por la cara superior e inferior. Se puede combinar con jabón potásico para potenciar su efectividad como insecticida.
17. Fumiga BT contra las orugas. Las orugas devoradoras de cogollos son uno de los peores peligros para las plantas de cannabis pues son capaces de destruir una plantación llena de cogollos maduros en pocos días. Llegan a las plantas cuando una polilla o mariposa pone decenas de huevos en la planta. De cada huevo sale una pequeña oruga que come y crece sin parar, hasta que alcanza el tamaño para hacer un capullo, metamorfosearse en mariposa y volar en busca de nuevas plantas donde repetir el ciclo. Afortunadamente contamos con un arma muy eficaz contra ellas, el llamado BT (Bacillus thuringiensis) es un microorganismo que, cuando es ingerido por una oruga, hace que esta enferme, deje de comer y muera. Es muy efectivo contra las orugas jóvenes, pero no tanto contra las adultas, por eso es tan importante fumigar cada una o dos semanas, desde que las plantas son jóvenes y están en crecimiento, hasta el final de la floración, así evitamos que las orugas lleguen a adultas. No es un insecticida, sino un microorganismo sin ninguna toxicidad para las personas o los animales, por lo que se puede aplicar en cualquier momento.
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18. El agua como insecticida. Pocos cultivadores piensan en agua cuando ven una plaga y, sin embargo, el agua es un gran insecticida si se usa adecuadamente. Cuando aparece una plaga el cultivador puede eliminar la gran mayoría de los bichos simplemente duchando la planta con un chorro de agua a presión. No acabará con todos pero reducirá la población y los problemas a niveles mínimos. Tras la ducha se aplica un insecticida para acabar con los pocos bichos que queden. Otra opción es matar la plaga usando vapor de agua, ya que las plagas aguantan las altas temperaturas peor que las plantas. Las máquinas limpiadoras a vapor domésticas producen una gran cantidad de vapor caliente, se puede dirigir hacia donde está la plaga el tiempo suficiente para eliminarla pero sin llegar a dañar el cannabis.
19. Protege los cogollos del mal tiempo. Si amenaza tormenta y tienes las plantas en macetas, no dudes en trasladarlas a cubierto. Una de las pocas ventajas de las macetas respecto al suelo es que las plantas se pueden mover. A las plantas jóvenes en crecimiento, la lluvia, si no es fuerte ni con grandes vientos, no les hace ningún mal pero a las plantas en floración sí. La lluvia moja el interior de los cogollos, lo que puede atraer hongos como la botritis o el oídio, y los vuelve pesados y quebradizos, además de arrastrar parte de las glándulas de resina. En un tormenta de verano no es raro que se rompan ramas o, incluso, plantas enteras, lo que tira por tierra meses de cuidados. Si las plantas crecen en el suelo no se pueden mover pero, tal vez, se puedan proteger con un plástico provisionalmente.
20. No utilices abono las dos últimas semanas antes de la cosecha. En los últimos quince días riega las plantas con agua, sin ningún fertilizante. De este modo logras que la planta consuma los nutrientes de reserva que tiene almacenados en sus tejidos y que, si no se eliminan, estropean el sabor de los cogollos y provocan que el humo sea irritante. La marihuana de primera calidad siempre necesita una o dos semanas sin abono para alcanzar la perfección.
José T. Gállego

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