Test de Beam El génesis de la identificación química de Cannabis Sativa

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Siendo descrito por primera vez a principios de 1900 por William Beam, se considera a este test como el nacimiento de la química analítica de Cannabis Sativa y, seguramente, una de las técnicas de identificación toxicológica/forense más utilizada en la historia de la marihuana.

Aplicación Test de Beam, orígenes y fundamento

Se trata de una reacción colorimétrica sencilla para la determinación de los principios activos cannabidiol (CBD) y cannabigerol (CBG), junto con sus correspondientes formas ácidas. Este método tiene sus bases en la formación de diferentes hidroxiquinonas que presentan coloración violácea, púrpura o rosa, a partir de una oxidación que ocurre con la participación fundamental de un hidroxilo fenólico, presente en el CBD o el CBG, con el “reactivo de Beam” que es KOH (hidróxido de potasio) al 5%, en etanol u otro solvente similar.

Esta técnica, que cumple más de 100 años desde su implementación (1911-2019), ha sido foco de numerosos estudios que indagaron sobre su especificidad, fiabilidad y sensibilidad. Asimismo, tiene diversas características que la hacen muy atractiva para el análisis preliminar de derivados de C. Sativa, debido a su simpleza y versatildad, de la que se hablará más adelante.

El mismo Raphael Mechoulam, descubridor de la molécula del THC, publicó un trabajo en 1968 titulado “On the nature of the Beam test”, que significa “La Naturaleza del test de Beam”, el cual indaga en los fundamentos químicos de la mencionada reacción.

Sin embargo, lo que es más inmensamente destacable de este método es su especificidad. El reactivo de Beam, como se mencionó antes, produce una oxidación, generando una quinona, y la presencia de un hidroxilo fenólico es primordial.

Los cannabinoides suelen tener estructuras muy similares entre sí, es increíble pensar que un resultado positivo en el test de Beam está basado en la presencia o ausencia de una minúscula porción, en la estructura química de un determinado cannabinoide.

Asimismo, la intensidad de color en una técnica colorimétrica suele estar relacionada con la concentración del principio activo. Se puede inferir que diferentes intensidades de color púrpura indicarían diferentes concentraciones de CBD, por ejemplo. Esta particularidad agrega a esta técnica otra característica interesante, pudiendo ofrecer un enfoque semicuantitativo en una comparación preliminar de diferentes muestras.

Por otra parte, el límite de detección según la bibliografía es de 1 µg, es decir, 0.001 mg de CBD. Es por esto que el Test de Beam es bastante específico y sensible para tratarse simplemente de una prueba colorimétrica. 

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La reacción puede ocurrir en un simple tubo de ensayo, la coloración violeta indica positivo para la presencia de CBD.

Las limitaciones del test de Beam que opacaron la incipiente utilidad

Lo más curioso es que, en un principio, esta reacción fue ampliamente utilizada para la identificación de marihuana con un enfoque más bien toxicológico o con fines legales, desconociendo el hecho de que el compuesto implicado no era el psicoactivo (tetrahidrocannabinol o THC) por lo que se consideró erróneamente como una indicación de la potencia de la marihuana.

El hecho de que la técnica no detectase al tetrahidrocannabinol (THC) y, por lo tanto, no tuviese utilidad en el campo forense, llevó a que fuese reemplazada por otro tipo de métodos colorimétricos basados en los reactivos de Duquenois-Levine, o la sal Fast Blue BB.

Esto último se suma a la casi sustitución total de métodos colorimétricos y cualitativos por el incremento y desarrollo de metodologías analíticas más precisas, sensibles y cuantitativas  como la cromatografía líquida de alta eficacia, o la cromatografía de gases.

El test de Beam, entonces, fue altamente sustituido y olvidado, desestimando sus virtudes y sus potenciales usos, sobre todo en otros  ámbitos, como por ejemplo el de la salud.

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El trabajo publicado en 1968 que indaga en los fundamentos de esta técnica tan valiosa.

Test de Beam, una herramienta cómoda e instantánea

En la actualidad, se considera que la reacción con el cannabigerol (CBG) es despreciable y poco significativa en comparación con el cannabidiol (CBD), por lo que el último cannabinoide mencionado es realmente el mayor responsable de la coloración e intensidad en un resultado positivo en el Test de Beam.

La detección hipotéticamente selectiva de CBD pone a esta técnica una vez más en el podio de la química analítica de Cannabis Sativa, pudiendo emplearse de forma sencilla y rápida como análisis preliminar de plantas que pudiesen ser utilizadas en la formulación de medicamentos a base de CBD, como metabolito protagónico.

Diversas enfermedades están siendo estudiadas para el campo de aplicación del CBD. Actualmente, la epilepsia refractaria es una patología con un prometedor pronóstico de tratamiento con dicho metabolito, e incluso está a la venta en algunos países un medicamento denominado Epidiolex, a base de CBD, aprobado por la FDA. 

Considerando que en algunos lugares del mundo el CBD no tiene complicaciones legales, suele producirse y expenderse sin ningún tipo de control de calidad y como suplemento dietario, ocasionando en algunos casos la aparición de oportunistas que ganan dinero vendiendo simples placebos. Por lo tanto, esta técnica, hoy por hoy, funciona como instrumento inicial en el control de calidad de productos que circulan sin regulaciones.

Son incontables los casos de pacientes que viven con la incertidumbre de  saber si el producto que adquirieron tiene o no tiene CBD, llevándose grandes disgustos, a veces, cuando el test de Beam da desde 1911 una respuesta a tal incógnita.

Además de ser económica en su desarrollo e inmediata en su reacción, esta técnica puede llevarse a cabo con medios bastante accesibles y en casi cualquier lugar. Por ejemplo, en un consultorio médico o en una farmacia, la reacción podría ocurrir en una simple cuchara o tubo de ensayo.

Esto también abre una puerta y un camino para futuros análisis en instituciones o centros de salud,  que no cuenten con infraestructuras y equipamientos para métodos más avanzados.

Como conclusión, es importante y esencial la reivindicación de técnicas analíticas simples que den soluciones instantáneas a las inquietudes de los cultivadores y pacientes. Recuperar y revalorizar las ventajas que puede ofrecer una reacción tan simple como la que está detrás del test de Beam es la clave para seguir sacando provecho al conocimiento que se generó hace más de 100 años.

En el próximo número de Soft Secrets: ¿Cómo hacer paso a paso un test de Beam?
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