Cosecha de exterior tardía

Cosecha de exterior tardía
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Al hablar de cultivo de exterior, lo primero que nos viene a la mente es el periodo estival y las soleadas huertas, montes y terrazas donde viven nuestras plantas. Y dejando a un lado las plantas autoflorecientes, su ciclo vital en exterior es de primavera a finales de verano (finales de septiembre, octubre). ¿Y a finales de verano? ¿Podríamos llevar a buen puerto una cosecha de exterior tan tardía?¿Sería posible?¿Cómo hacerlo? ¡Te lo explicamos!
Las condiciones de luz, temperatura, humedad y otros parámetros que inciden en el cultivo no son los más indicados en estas fechas tardías de septiembre u octubre. Aún así, este tipo de cultivo (cosecha tardía de exterior) resulta viable.
Todos aquellos aspectos que parece que puedan incidir en nuestras plantas de forma negativa, resultarán importantes y positivos para determinadas cosas a la hora de llevar a cabo este cultivo de invierno. En el cultivo de exterior hay que adaptarse al entorno, y eso incluye tener la habilidad de poder transformar las desventajas en ventajas, como explicaremos en las siguientes líneas.

Factores a tener en cuenta en el cultivo de Exterior tardío

Este tipo de cultivo tardío se basa en poder aprovechar el foto-período de final de verano y otoñal, en el que las horas de luz diarias se van acortando hasta llegar la estación invernal. Debemos buscar y elegir un buen sitio para nuestras plantas, Hay que procurar ubicarlas con orientación sur, y a ser posible resguardando nuestras plantas de las futuras lluvias, vientos fríos y húmedos que tendrán que soportar. Evitaremos también la luz de las farolas o de carteles luminosos que puedan contaminar lumínicamente el foto-período de oscuridad de nuestras plantas.
Cosecha de exterior tardía

Sustratos y nutrientes

Una vez hecha la elección y preparación del lugar donde poner nuestras plantas, debemos seleccionar los elementos a utilizar (sustratos, nutrientes, estimuladores, genética, etc). Es realmente imprescindible contar con un sustrato de excelente calidad que cuente con guano de murciélago y humus de lombriz, que contenga perlita y una buena mezcla de turbas en el que las raíces de nuestras plantas se puedan desarrollar, estén a gusto, sanas, fuertes y se asienten bien.
Respecto a los nutrientes estaríamos en las mismas, hay que buscar y utilizar nutrientes de calidad en función de las preferencias de cada uno. Aquí recomendaría la utilización de productos biológicos para aquellos cultivadores que antepongan el sabor y el aroma a la cantidad (producción final). También nutrientes, minerales o biominerales, para aquellos cultivadores que antepongan la cantidad (producción final) al sabor y el aroma.
Tanto en los nutrientes biológicos, como los biominerales, no es recomendable abusar de las dosificaciones, y debemos tener en cuenta siempre la máxima de ‘menos es más’ a la hora de alimentar a las plantas.
Siendo recomendable siempre reducir un poco la dosificación del nutriente que estamos utilizando respecto a lo que nos marca el fabricante a fin de evitar excesos, más difíciles de corregir que una carencia.
A la hora de utilizar los nutrientes, hay que tener en cuenta que la planta no tendrá prácticamente crecimiento, ya que una vez sea llevada a exterior, tenderá a florecer directamente, al percibir que el foto-período de luz existente es de doce horas de oscuridad o más, por tanto será más necesaria la utilización de productos para la fase de floración que para la de crecimiento. La primera semana es recomendable utilizar un estimulador de raíces para fomentar que se desarrollen rápidamente y fuertes.
Cosecha de exterior tardía

Genética de semilla o de esqueje

Respecto a la genética, ¿qué preferimos poner? ¿cultivamos semilla o esqueje? Y si es semilla, ¿regular, feminizada, de autofloreciente?. Si disponemos de un cultivo de interior con zona de madres y esquejera, lo más sencillo (estaremos trabajando con variedades conocidas y que ya hemos trabajado) y económico será preparar una pequeña tanda de esquejes, pero si no disponemos de interior, podríamos intentar conseguirlos a través de amigos cultivadores o bien llevarlo a cabo mediante semillas autoflorecientes.
La experiencia hace que prefiera utilizar esquejes con una buena raíz y algo desarrollados o creciditos para este tipo de cultivo, aunque sin perder de vista las variedades autoflorecientes, pues de un tiempo a esta parte cada vez van ganando más adeptos para desarrollar este tipo de cultivos fuera de su temporada natural.
En lo referente a producción, no podemos pretender obtener el mismo tamaño y la misma producción de una cosecha de invierno que de una cosecha de verano. En la cosecha de verano, la planta siempre dispone de tiempo para poder desarrollar más las raíces y para crecer antes de florecer.
En la cosecha de invierno, la planta empezará a florecer según la sacamos al exterior, doblará su tamaño y será entonces cuando observemos cómo las plantas comienzan a darnos esas primeras señales de la formación de sus futuras flores.
Teniendo en cuenta estos datos, ya nos hacemos a la idea de que las plantas no serán muy grandes, por lo que su producción será también acorde a su tamaño. El hecho de que sean tan pequeñas es otra ventaja a tener en cuenta, ya que nos permite poner tres o cuatro plantas sin que estas lleguen a llamar la atención de ese vecino curioso o desocupado que todos tenemos, o peor aún, de esa gentuza que se dedica a robar plantas a los demás en vez de cultivarlas ellos mismos.
El tiempo que tardemos en tener a punto a nuestras plantas estará en función de dos factores muy importantes, como son el tipo de variedad elegida y las horas de luz y oscuridad que reciban las plantas.
Lo más práctico y conveniente es la utilización de genéticas índicas ( tempranas) o plantas automáticas para así poder asegurarnos una cosecha rápida.
Aun así, esta rapidez dependerá también de las horas de luz que reciba la planta directamente, ya que en el cómputo final, el hecho de que las plantas reciban cuatro o ocho horas de luz directa, incidirán en la mayor o menor rapidez a la hora de tener a punto nuestras plantas, así como también resultará básico que no exista ningún tipo de contaminación lumínica, vigilando que las luces de nuestra propia casa no den al balcón, o fijándonos en que no nos afecte la luz de las farolas (a excepción de las autoflorecientes, que lo agradecerán).
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Condiciones climáticas

Otro factor a tener en cuenta es la temperatura. Como todos sabemos, será baja o muy baja al ser otoño o casi invierno, por lo que a la hora de cultivar, nos olvidaremos de esas incómodas y molestas plagas que suelen atacar y molestar a nuestras plantas (trips, pulgón, mosca blanca, orugas, ácaros, cochinillas…) ya que con la humedad y temperatura otoñal, la proliferación o simplemente la aparición de insectos y ácaros será nula.
Ningún insecto ni ácaro, y mucho menos sus huevas, podrán vivir o sobrevivir durante el invierno en nuestras plantas de exterior, por lo cual se desarrollarán sin este tipo de visitas tan poco deseadas en nuestros cultivos.
Debido a que en otoño e invierno la temperatura y la luz ( su espectro frecuencial) son diferentes de sus valores de verano, las plantas en otoño e invierno desarrollan un poco más de resina en sus cogollos, a fin de proteger a la planta de la temperatura y de los distintos componentes frecuenciales de la luz solar.
Para el cultivo de invierno en exterior, según en que zonas de la península, no resulta viable llevar a cabo una cosecha de invierno de guerrilla, por los parámetros de temperatura y humedad tan hostiles que suelen registrarse. La relación trabajo-esfuerzo-resultado no suele ser muy satisfactoria, aunque siempre se dan casos excepcionales, como en todo en la vida. Y por probar no se pierde nada.
Cosecha de exterior tardía

Cultivo en huerta y cultivo de guerrilla

El poder disponer de una pequeña huerta controlada donde poder habilitar un pequeño invernadero o si ya tenemos uno, utilizar una pequeña parte de éste, nos permitirá tener un sitio protegido del clima otoñal para poner nuestras plantas.
Aún contando con invernadero, no es muy recomendable plantar y cultivar directamente en la tierra madre las plantas, ya que la temperatura que recibirán las raíces será muy baja y afectará notablemente a la planta. Lo más práctico y cómodo sería utilizar tiestos,contenedores o macetas de no menos de siete litros y no mas de diez o doce litros de capacidad, en los que ubicar las plantas dentro de esos invernaderos. También es recomendable levantarlas un poco del suelo.
Recordad que un invernadero, si no se encuentra bien ventilado, más que una protección es una trampa mortal para las plantas. En cuanto las plantas comiencen a formar las flores, hay que ir controlando que no se vean infectadas con agentes patógenos, debido a la humedad y a las condiciones de frío, viento y luz que son adecuadas para que se desarrollen. No necesitan riegos asiduamente y no es conveniente pasarse con ellos, ya que debido a la temperatura y humedad existentes las plantas no lo piden.
Cultivo en balcón

Cultivo en balcón

Para cultivar en invierno en balcones no es imprescindible contar con grandes macetas, y tampoco es un problema no contar con un balcón amplio. Si tenemos un balcón demasiado expuesto, sería interesante que intentásemos protegerlo mediante la construcción de un pequeño invernadero que albergue a nuestras amigas, dándoles protección del clima.
En función de la planta (su tamaño), lo conveniente sería utilizar macetas de entre siete y diez litros de capacidad. ¿Por qué? ponerlas en macetas de mayor tamaño (capacidad de litros) no sería práctico ni económico, y perderíamos espacio para más plantas. Desaprovecharíamos tierra por cada maceta, ya que la planta, al no tener prácticamente tiempo de crecimiento, no tendrá mucho tiempo para el desarrollo vegetativo, porque comenzará a florecer cuando la saquemos al exterior en invierno.
Es más, aprovechar este cultivo de invierno para poner a florecer plantas grandes o madre en exterior no es muy buena idea. Cuidado con ello, ya que cuanto más tiempo tiempo lleva una planta en interior, más adaptada está al entorno en el que se encuentra, y por tanto, le costará adaptarse al exterior más tiempo que a un esqueje recién enraizado o a una semilla hecha ya plántula.
Cultivo en balcón
Sí resultaría mejor en la cosecha natural de exterior, donde tendría mas tiempo para aclimatarse y poder crecer más, antes de florecer. Lo que sí que deberemos tener en cuenta en referencia a la maceta o tiesto que usemos es intentar elevarla unos centímetros (unos 20 o 30) del suelo, a fin de evitar que el tiesto o maceta esté en contacto directo con el mismo, así la tierra y las raíces no sufrirán temperaturas bajas, ni diferenciales de temperatura que le puedan producir estrés.
Tampoco es recomendable excederse con los riegos, con el frío y la humedad que habrá, las plantas no pedirán muchos riegos. Al igual que en interior o en exterior en verano, cuanta más luz reciba la planta (dentro de su foto-período de luz, exceptuando las autoflorecientes) más se desarrollará y tendrá mayor estructura, tallo y producción, además de recogerse antes que otra que reciba menos luz.
Tanto cultivemos en balcón como en exterior en un invernadero, no nos debemos extrañar si apreciamos tonos color morado oscuro en algunas formaciones de flores. Se puede deber a las temperaturas bajas.
Todo ello hace que este cultivo pueda llegar a resultar interesante y viable para intentar hacerlo, al no exigir grandes recursos ni grandes espacios, ni excesiva atención, para poder obtener una producción extra a añadir a la cosecha de exterior, que ya habremos recogido entre finales de septiembre y octubre.
Ello permitirá cubrir, en parte, las tan habituales pérdidas de la cosecha de exterior en verano por moho, plagas, contaminación lumínica y hurtos llevados a cabo por gentuza. Gracias a ello, podremos llegar a conseguir una autogestión total para nuestro autoconsumo a lo largo de todo el año, sin la necesidad de tener que recurrir al dichoso mercado negro.
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