Editorial: burbuja de mentiras
Los españoles han vuelto a tomar la Puerta del Sol para reivindicar el pinchazo inmediato de la burbuja inmobiliaria, con el lema "O cae el rentismo o cae el Gobierno". Es el momento ideal para recuperar este editorial de Soft Secrets donde se trata la burbuja inmobiliaria y como influye también en el autocultivo de marihuana
La burbuja inmobiliaria que dio su primer aviso en 2008, está cerca de mostrar su estallido final. En este sentido, por todo el ofertademandismo que se quiera aplicar, hay un problema de fondo mucho más importante: la distribución de la renta. Las clases productivas, empresarios y trabajadores, ya no pueden soportar más parasitación del rentismo inmobiliario, que es una clase improductiva. La reducción de los precios de alquiler y compra va a traer una tremenda ganancia de competitividad en la economía, para los trabajadores será mucho más efectivo que aumentar el salario mínimo, al disminuir su principal coste. Respecto a los empresarios, ya no tendrán que echarse a la espalda el financiar costes inmobiliarios altísimos de sus trabajadores, sino que también reducirán costes del lugar donde desarrollan la actividad, así como los costes inmobiliarios anidados en sus proveedores. Aunque parezca que no hay suficiente oferta, se debe a que gran parte de los pisos se dedican a la especulación. Cada vez que el Gobierno publicita la firme intención de acabar con el rentismo inmobiliario, tanto a través de impuestos y legislación, como de construcción social y otros instrumentos, se reducen las expectativas y se pincha la burbuja, por lo que, antes o después, saldrán todos estos pisos al mercado.
La burbuja inmobiliaria ha perjudicado a la economía, pero también a las vidas de la gente. Incluso afecta cuestiones como el autocultivo. En efecto, desde Soft Secrets hemos comprobado con distintas encuestas que el núcleo principal de autocultivadores tiene más de 40 años y los menores de 30 años son los que menos cultivan. Falta relevo generacional en el autocultivo. Los jóvenes viven con sus padres o en pisos compartidos, ni tienen dinero para independizarse, ni les sobra una habitación para dedicarla al cultivo, por lo que optan por comprar en clubs o en tiendas de CBD. El cuadro que mejor define la burbuja inmobiliaria es “Saturno devorando a sus hijos” de Goya, pues la generación ganadora es los que recibieron sus pisos casi gratis y ahora tienen más de 60 años, mientras los perdedores son los jóvenes que tienen toda la vida por hacer.
Si algo quedó claro, tras el reciente primer aniversario de la Dana, es que la clase política va a remolque de la sociedad, arrastrada a trompicones por la vía de los hechos. El fango no está ya en las calles de Valencia, sino dentro de los parlamentos. Otra conclusión es que, por mucho que haya errores que achacar al Gobierno, nada podemos esperar del PP y VOX, partidos arrastrados por el populismo y los discursos incendiarios, hechos de cara a la galería. Con esta política de la exaltación y la palabra vacía, podemos estar seguros de que el PP y VOX no darán un solo paso hacia la regulación del Cannabis, sino que incluso tenderán a la involución, como ha intentado su compinche Giorgia Meloni en Italia. Mejor sería que tomaran la política de uno de sus principales referentes, Donald Trump, que no solo mantiene el país en la senda de la regulación, sino que ha publicado un video en su red social, donde defiende todo lo que puede ayudar el CBD para conservar la salud de las personas mayores.
Aquí, en España, cuna mundial del CBD hay una increíble campaña represiva sobre este inofensivo cannabinoide. En pleno siglo XXI, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, AEMPS, mantiene una interpretación de los convenios que parece sacada de la Edad Media, según la que toda flor de Cannabis está prohibida, aunque no sea psicoactiva. La AEMPS funciona como un auténtico lobby, defendiendo los intereses de farmaindustria dentro del Gobierno, en vez de focalizarse en defender los derechos de las personas, desde el derecho a la salud, hasta el del libre desarrollo de la personalidad. Por desgracia este no es el único desaguisado de la AEMPS, sino que han perpetrado una ley del Cannabis Medicinal, centrada en establecer un oligopolio farmacéutico. Lo que podía haber sido un paso de gigante para las personas que usan el Cannabis terapéutico ha acabado en muchas palabras y pocos avances. Todo este despropósito pretende imponernos una ley restrictiva, en la que solo se dispensen aceites en farmacias hospitalarias, con una lista interminable de exigencias, para reducir la accesibilidad al mínimo. En todo caso, ahora es cuando llegará la sorpresa, pues este proceso no estará acabado hasta que lo digamos las personas. Los usuarios de Cannabis llevamos décadas haciendo nuestras propias interpretaciones de la ley. También en este caso tenemos nuestra visión. Una y otra vez, los jueces han puesto los derechos constitucionales de las personas por encima de leyes contradictorias o inconexas. Aunque muy incompleta, esta ley reconoce que el Cannabis tiene un uso medicinal. Además, queda claro que será carísimo y poco accesible. A partir de ahí, perseguir a ciudadanos que cultivan una planta que ayuda a mejorar su calidad de vida, es un atropello constitucional, con el que muchos jueces no van a colaborar.
El legislativo y el ejecutivo ya están acabando de perpetrar su chapucera regulación. Ahora es el momento del judicial. Nos veremos en los tribunales. El final de un proceso es el principio de otro, ahora nos toca hablar a nosotros y lo haremos por la vía de los hechos y de la desobediencia civil. Una vez más, nos han dejado claro que el camino es cultivar.
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Editorial de la revista Soft Secrets 06 del 2025