CBD: salvación del sector growshop

Hugo Madera
25 Sep 2026

La industria del Cannabis en España está en recesión. Es la frase que más se repite entre quienes se dedican al sector. Atrás quedaron aquellos años de bonanza donde abrir un Grow era un éxito asegurado y un goteo constante de apasionados de la Marihuana que hacían cola para conseguir sus semillas favoritas. Ahora, gran parte de estas tiendas sobreviven gracias a la venta de productos con CBD.


``Si no fuera por el CBD, ya habría cerrado´´. ``El CBD ya supone más del 50% de mis ingresos´´. ``Este mes no he vendido ni un solo artículo de cultivo´´… Estas son solo algunas de las frases que se escuchan detrás del mostrador de las tradicionales growshops. Saben que no pueden competir con las grandes naves que, también a duras penas, se llevan a los pocos cultivadores que quedan con precios tan competitivos que apenas les dejan margen de beneficio.

El sector cannábico ha llegado a los treinta sin saber envejecer. Lo que empezó como un intercambio de cultura y conocimiento se ha convertido en puro business despiadado. Y aunque no nos hayamos dado cuenta hasta ahora, todo empezó con la crisis del 2008. La falta de ingresos abocó a muchas personas a comenzar a cultivar para vender y poder así traer dinero y comida a casa. Después vinieron los grandes cultivadores comerciales y España se convirtió en ‘la huerta de Europa’. Compradores de decenas de países bajaban a la península, para adquirir kilos de hierba, que después subían a escondidas y que acababan en los Coffee shops de Holanda o en el mercado negro. 

Los kilos se pagaban a muy buen precio, la ley en España era laxa y además era relativamente sencillo defraudar fluido eléctrico, o como muchos dicen, ``pinchar la luz´´. Era un negocio redondo que las mafias no tardaron en ver y, lo que en un principio era un extra para aquellas familias españolas necesitadas de dinero, se convirtió en pasto de mafias y narcotraficantes. Y aunque al principio muchos callaron por lo bien que venían esas ventas de garrafas de 20 litros y palets de sustrato, no tardaron en darse cuenta de que estaban alimentando a un monstruo. 

Los que supieron verlo a tiempo, cerraron sus tiendas de barrio y abrieron naves en polígonos industriales. El tipo de cliente había cambiado; ya no era el chaval que tenía un par de focos en su casa y distribuía a sus colegas del barrio, sino grandes cultivadores que necesitaban discreción y sitio para cargar la gran cantidad de productos que necesitaban comprar para sus cultivos. Luego, fueron ellos mismos quienes comenzaron a abrir tiendas para conseguir producto más barato y captar a cultivadores que trabajasen para ellos. El Internet y sus descuentos puso la guinda del pastel. Los clientes se acostumbraron a comprar a precios bajos y ahora que el valor de la flor no para de bajar, ni si quiera las grandes naves son capaces a veces de mantenerse a flote. 

Botes de CBD
Botes de CBD en una tienda growshop

CBD, salvador de las growshops

Si no fuera por la inseguridad jurídica, el 100% de las Grow shops ya venderían CBD. Cada vez ocupan más espacio en las estanterías y más protagonismo en las ferias. También supone como mínimo el 50% de la facturación de aquellas ubicadas en pueblos y ciudades, que no tienen espacio ni descuentos para competir con las naves de las afueras. El cultivador casero ha disminuido mucho, a pesar de los riesgos legales, no les ha quedado otro remedio que lanzarse a vender este tipo de sustancias. Ahora, rezan para que la ‘mano negra’ que gobierna desde las sombras no les quite lo único que las mantiene en pie.

Mientras el sector tradicional se marchita, uno nuevo ha brotado con fuerza… Y España vuelve a ser pionera. Empresas punteras distribuyen sus flores y extracciones a todo el mundo y aunque la presión del Estado les ha obligado a trasladar sus cultivos a otros países, siguen teniendo aquí sus bases de operaciones. No hacen más porque, literalmente, no les dejan.

Además, cabe destacar que el comprador de CBD es, por lo general, un cliente que no da muchos problemas y que apenas dedica cinco o diez minutos a decidir qué flor o hash comprar. Los dueños de las tiendas ya no tienen que dedicar horas a asesorar a cultivadores que después piden descuentos casi imposibles, los márgenes son mucho más atractivos que los de los artículos de cultivo y la competencia, aunque existente, es más sana. 

Por eso el CBD es para muchos el salvador que les anima a mantenerse en pie y que les brinda un rayo de luz en la oscuridad. Quizás no estén tan lejos de vivir el sueño, difícil pero no imposible, de vender flores y extracciones con THC en un futuro, como ya hacen los dispensarios de Estados Unidos o los clubes de Alemania. 

Aun así, es algo que de momento sigue sonando utópico en sus cabezas, a sabiendas de que por muy moderna que sea España, seguimos dependiendo de aquellas grandes fortunas que quieren devorar un pastel que no les pertenece, quedarse el monopolio e impedir que familias trabajadoras se sigan ganando la vida con lo que siempre les ha apasionado. 

Pero de momento, seguimos teniendo la sartén por el mango; la mayoría de causas abiertas acaban archivadas y los denunciados, absueltos. Y aunque el miedo sigue ahí cada vez que abren sus persianas, saben que vender CBD es su única salvación. 

Artículo escrito por Judit Vega y publicado en la revista Soft Secrets 06 del 2025, editado para internet por Hugo Madera. 

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