Capacidad de intercambio catiónico en el suelo de marihuana

Hugo Madera
23 Oct 2026

La Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC) es el parámetro que más condiciona la fertilidad de un suelo para marihuana. De ella depende cuántos nutrientes puede almacenar tu sustrato y cómo los libera a las raíces sin que se pierdan con el riego.


La Capacidad de Intercambio Catiónico  el parámetro que más condiciona la fertilidad potencial de un suelo para marihuana, ya que resume la capacidad de los componentes del suelo para almacenar nutrientes para las plantas y liberarlos de manera equilibrada.

¿Qué es la capacidad de intercambio catiónico (CIC) en el cultivo de marihuana?

El suelo es un medio muy diverso y complejo, donde los diferentes componentes intervienen, cada uno en su medida, en sus numerosas propiedades, textura, acidez, contenido en materia orgánica, retención de agua, nutrientes, fauna edáfica y microbiológica, y un largo etc. 

Incluso las mezclas de turbas comerciales, que suelen nombrarse coloquialmente como tierra y son mucho más simples en su composición que un suelo natural, tienen una complejidad grande de componentes orgánicos e inorgánicos.

De todos los componentes mencionados solo algunos tienen influencia directa en el contenido y almacenamiento a largo plazo de nutrientes en el suelo. Estos componentes que intervienen en la CIC son principalmente materia orgánica y arcillas. Este parámetro es de especial importancia en el cultivo de Cannabis, debido a su gran demanda de nutrientes.

¿Cómo retiene los nutrientes el suelo en el cultivo de marihuana?

La mayoría de las sales que son nutrientes para las plantas se presentan en forma de catión (ion positivo) en solución acuosa, esto quiere decir que muchas de las moléculas esenciales para el crecimiento vegetal, cuando están disueltas y disponibles para su absorción radicular, tienen carga positiva. 

Aunque parezca contraintuitivo por la compacidad y densidad del suelo (más aún en los suelos naturales), ningún elemento físico del suelo retiene a estos cationes de ser lavados y arrastrados por gravedad en la escorrentía que lleva a ríos, acuíferos y capas del suelo más profundas. Estos cationes dependen de ser adsorbidos (atraídos a la superficie de los componentes del suelo por interacciones electrostáticas), para mantenerse en el suelo a medio y largo plazo.

Los componentes que aportan esta propiedad tan esencial al suelo son arcillas y materia orgánica, principalmente. En un suelo natural suelen ser las arcillas las que aportan esta capacidad de adsorción e intercambio de iones, ya que la materia orgánica no suele superar el 5% del suelo, y esto en los horizontes más superficiales. 

En las turbas y sustratos comerciales es la materia orgánica la que aporta esta capacidad, junto con pequeñas cantidades de materiales inertes como vermiculita.

Esquema de intercambio catiónico en arcilla del suelo con cargas negativas y nutrientes adsorbidos
Representación de un filosilicato con sus cargas negativas superficiales y los cationes nutrientes retenidos frente al riego.

Las arcillas y su capacidad para almacenar nutrientes

Las arcillas son filosilicatos formados por octaedros de óxido de silicio dispuestos en capas o láminas sin una definición espacial clara, la diversidad de organización de estos minerales es muy variable. Sin embargo, la característica en la que reside su interés para la agronomía, es que en los huecos que quedan entre capas, y en los bordes de estas, el silicio puede ser sustituido por otros iones de tamaño similar pero de menor valencia (menos positivos), creando zonas con carga negativa. Este proceso, conocido como sustitución isomórfica, junto con otros similares, ocurre a lo largo de siglos, creando suelos muy fértiles, allí donde se han dado las condiciones para la meteorización de la roca madre durante largo tiempo y abundan este tipo de minerales, vegas y llanuras en climas templados son los ejemplos típicos.

Algunas de estas arcillas más frecuentes son la Caolinita o la Illita con CICs relativamente bajas (10 y 30 meq/g suelo de media, respectivamente), pero que debido a su abundancia en suelos maduros, forman el grueso de la CIC final del suelo. Un tipo de filosilicato muy interesante es la montmorillonita, tanto por su alta CIC (hasta 120 meq/g de suelo), como por su capacidad de retener agua entre las capas de óxido de silicio.

¿Por qué los ácidos húmicos y fúlvicos mejoran el sustrato? 

La fracción más visible de la materia orgánica (MO gruesa) no es la que más aporta a la CIC total. Son las etapas finales de la degradación de MO, ácidos húmicos y fúlvicos, los que elevan notablemente la CIC de un suelo. Estos compuestos oxidados y con forma de cadena poseen la superficie y electronegatividad necesaria para adsorber los iones nutrientes para las plantas. 

Aunque los ácidos húmicos y fúlvicos son moléculas relativamente estables, están sufriendo una degradación continua, por lo que para mantener sus niveles constantes en el suelo dependen también de una continua degradación y aporte de la MO gruesa. Se calcula una media de CIC 200-400 meq/ 100 g de materia orgánica, un valor notablemente alto. 

Mezcla de turba y sustrato comercial para el cultivo de plantas de marihuana
Los sustratos comerciales para marihuana están compuestos principalmente por turba y materia orgánica.

¿Cómo se mide la fertilidad y la CIC de la tierra para marihuana?

De la misma manera que para la determinación de la textura, para el análisis de la CIC el suelo debe estar desmenuzado, seco y libre de elementos gruesos (superiores a 2 mm). La muestra de suelo se mezcla con una solución saturada de un catión específico que desplazará el resto de los cationes presentes en el complejo de cambio, para después determinar el número de estos por colorimetría o espectrofotometría.

Los valores que arrojan estas medidas son importantes para la determinación de calendarios de fertilización, riegos o programas de mejora de la CIC del suelo a largo plazo.

Exceso de sodio en el sustrato de marihuana y bloqueo de nutrientes 

La sodicidad se define como la cantidad de iones sodio presentes en un suelo, tanto en la solución acuosa como en el complejo de cambio.

Aunque se trata de conceptos diferentes, están muy relacionados, ya que cuando en el suelo hay cantidades excesivamente altas de sodio, muchos o todos los espacios en el complejo de cambio quedan ocupados, impidiendo que otros cationes que son nutrientes para las plantas se almacenen.

Además, un ion monovalente (una sola carga) como el sodio no forma puentes entre arcillas, o arcillas-materia orgánica, por lo que con alta sodicidad el complejo de intercambio catiónico se satura y se pierde la estructura del suelo.

Bibliografía

  1. Navarro García, G. (2013). Química agrícola: química del suelo y de los nutrientes esenciales para las plantas. Ediciones Mundi-Prensa
  2. Foth, H. D. (1991). Fundamentals of soil science (No. Ed. 8, pp. xv+-360).

Artículo escrito por Dryas y publicado en la revista Soft Secrets 4 del 2025. Editado para internet por Hugo Madera. 

Más información sobre sustrato en la web de Soft Secrets

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