AMEM: la asociación del cannabis medicinal en México

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Enrevista a José Manuel García de AMEM, México

AMEM es una de las asociaciones que ayudan a cultivar cannabis a quienes lo necesitan
para tratar alguna enfermedad en México. Pero también acompañan en el entendimiento de
la planta y sus posibilidades. Su fundador padece epilepsia hace 18 años. Y desde que
aprendió a combinar THC y CBD no ha vuelto a tener ataques. Lo que aprendió lo quiere
volcar en su comunidad. En un país a punto de legalizar el cannabis como medicina. En
un país donde las leyes demoran mientras los pacientes siguen sufriendo.  

Uns asociación de cannabis medicinal en México no para de crecer. Es AMEM. México está viviendo un momento impensado. Su presidente ya se expidió sobre la necesidad de regular el cannabis. Y eso fue posible porque hace unas décadas que el asunto de la mota es crucial y cada vez para más personas. Las asociaciones de usuarios, pacientes y de estudios están más activas que nunca y han brotado por los estados como hongos. México está muy cerca de hacer algo legal del cannabis. El Congreso tiene a estudio un proyecto de ley para ello. Y la Suprema Corte de Justicia tiene centenares de pedidos de amparo para cultivo de cannabis en el hogar.

Una de las asociaciones que viene asesorando pacientes, litigando contra la Suprema Corte para que reconozcan el derecho al autocultivo, es Autocultivo Medicinal en México (AMEM). Su referente es José Manuel García. Un hombre de 40 años que a los 22 le diagnostican epilepsia. Estudiaba una carrera universitaria cuando empezó con las convulsiones. Pasó por todos los especialistas posibles. Y la solución que le dieron fue un arsenal químico. Tenía crisis epilépticas en las que perdía el conocimiento. Tuvo que alargar dos semestres y medio su carrera. “Mi cuerpo no daba para aguantar la carga normal de materias”, recuerda 18 años después. 

Tenía nauseas, vértigo, falta de apetito y somnolencia todo el tiempo. Siempre estaba cansado, con sueño. Si se acostaba en un sillón se quedaba dormido. Después de los primeros cinco años de tratamiento el doctor decidió que iba a quitarle las medicinas y empezó a reducirlas. Al séptimo año las había dejado por completo. “No te las pueden quitar de golpe. Son tan duras las drogas que si te las quitan te vuelves loco. En algún momento lo intenté hacer y a los dos días sin medicina ya estaba convulsionando”, dice este hombre que se hizo activista cannábico por todos los beneficios que le deparó la planta.

Investigó todo tipo de terapias. Pasó por electro magnetismo, reiki, meditación, yoga o acupuntura. En 2012 como tantas otras personas conoció el caso de Charlotte Figi. Una niña estadounidense por entonces de seis años que llegaba a tener 300 convulsiones epilépticas por día. Luego de tomar un aceite de cannabis paso a tener solo una al mes. El caso se divulgó por todos lados y el movimiento también implicó que decenas de científicos comenzaron a comprobar las bondades del cannabis en los laboratorios y el caso se reprodujo por todo el hemisferio americano.

Entonces “me pongo como loco a moverme y experimentar con lo que se consigue en la calle. En ese entonces no existía ni la cultura del dubbing ni los extractos medicinales, era muy nuevo el tema. Lo único que conseguías era planta seca de muy dudosa procedencia. La mota corriente aquí en México la meten en plástico prensado. El producto es una basura. Si te contara lo que he visto en la organización de pacientes… Es una locura lo que sale de ahí”, dice José Manuel García.

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—¿Y cómo accediste a buen material?

—Cuando vi el caso de Charlotte Figgi entendí que había dos moléculas básicas: CBD y THC. Me empecé a ir a Colorado a buscar qué encontraba. En 2013 es la primera vez que compré en Colorado un cartuchito de CBD, me hizo el milagro ese año.

Empecé a hacer mis experimentos de mezclar un poco de ese aceite con otros que yo hacía aquí o fumaba un poco de uno y luego del otro. Agarré la mejor manera experimentando con mi cuerpo. En 2014 o 15 me fui 10 días a Colorado y me metí en todos los dispensarios y en todos salí con algo a experimentar de verdad y entender qué estaba funcionando y qué no y ahí aprendí a usar la planta. La entendí.

—¿Cómo empezó AMEM?

—Viendo la desesperación de la gente dijimos: que por lo menos sepan hacer las cosas y que por lo menos sea problema de cada quien. Entonces soltamos dos manuales: “Introducción al cultivo” y “Cómo hacer tu tratamiento”. Fue nuestro primer aventón con la gente y la gente se volvió loca cuando mandamos eso.

—¿Hasta ese momento habían esperado por la agencia reguladora, COFEPRIS?

—Estábamos esperando que hubiera respuestas y sobre todo que ya estábamos en una zona gris de que ya no era ilegal y ya no es narcotráfico. Pero sigue siendo un delito y no hay reglamentación que la lleves y ya sabes… burocracia. Hicimos un formulario que se descarga de la página de AMEM para empezar un trámite de amparo. Como se había avanzado en el tema recreativo hicimos un formato para que Cofepris responda con la negativa administrativa y proceder al amparo ante la Suprema Corte. Ese formato volvió un caos a la Cofepris. La gente inició 6000 trámites.

—AMEM comenzó a funcionar en febrero 2016. ¿Qué consiguieron en estos años de funcionamiento?

—Como nosotros seguimos haciendo activismo, logramos que se votara en Senado y Diputados la ley de cannabis medicinal. Sin embargo, seguimos en el limbo burocrático. En todos los países latinoamericanos les encanta hacerte cansada a la vuelta. Y seguimos en un limbo legal y absoluto. En medicinal hace falta que se reglamente para que se pueda regularizar.

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—¿Cuál es el estatus de la legislación? ¿Se reglamentó?

—México, mágico. Hicieron unos reglamentos muy a modo donde solo se favorece la importación y estos reglamentos solo asignaron licencias a siete, ocho empresas para exportar productos con CBD, nada más. El detalle es que la legislación del legislativo decía que se tenía que aprobar el uso medicinal de cannabis incluido el THC. Debía de haber producción nacional, acceso a la investigación científica y al cultivo nacional y nada más se está haciendo la parte de importación.

—¿Y cómo siguió la aventura burocrática?

—La Cofepris redactó los lineamientos, un reglamento interno nada más. Y la Cofemed (la agencia que regula los procedimientos administrativos) les hizo recomendaciones: que hubiera producción nacional, que se diferenciara el cáñamo industrial del cannabis medicinal, autocultivo y que se incluyeran productos de alto contenido en THC porque es necesario para los pacientes.

Ahora estamos en el limbo legal, más bien esperando que se autorice el uso legal personal en México.

—¿Cuánto tiempo hace que tuviste la última crisis?

—Cuatro años.

—¿Desde que usaste cannabis no tuviste más ataques?

—Fue un proceso. Lo empecé a usar más informado. Sin embargo, la dosificación, la administración de cepas, su rotación, cómo manejar CBD y THC me llevó como tres años y después empecé a manejar mejor la crisis. Lo único que tomo de medicina alópata es una pizquita de Levetiracetam. Estaba en tres gramos cuando empecé y ahorita estoy en 250 mg.

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—¿Diarios?

—Sí. Y eso porque mi doctor no me quiso bajar más las dosis. Pero yo me quería quitar las medicinas porque era una vida insufrible ahora lo que hago es que tengo algo con CBD y algo con THC. Mañana, mediodía y noche me vaporizo CBD. Y a medio día, pegado a la hora de la comida me pongo THC para ir a trabajar y lo que se tenga que hacer. A mitad de la tarde otra dosis chiquita de THC y a la noche THC con CBD. Voy cambiando la cepa de THC y mantengo fija la de CBD para no hacer resistencia.

— Hay muchos tipos de epilepsias. ¿Cómo la vives tú? ¿Cómo la viven las personas que llegan a la asociación?

—Dentro de las epilepsias hay muchos niveles: las ausencias, los movimientos controlados, la ausencia con movimientos descontrolados, las crisis convulsivas y las crisis tónico generalizadas. Llegué hasta ese punto. El problema es que se va degenerando el cerebro si no lo atiendes. Se va haciendo complicado el cómo tratarlo. Te vas volviendo más epiléptico con el paso del tiempo, cuánta más frecuencia la crisis. Los chavitos como no entendían bien qué les estaba pasando, no se podían comunicar y sus papás no entendían. Todos somos nuevos en esto. Entonces se tardaban lo suficiente para que se genere la enfermedad cuando lo podrían haber parado de entrada con CBD y algo de THC.

—¿Cuándo ibas a Colorado arriesgabas tu libertad por tu salud? ¿Lo vivías así?

Es que no hay opciones. Hay un punto de ruptura que dices: fuck the law: ni modo. Y te tienes que brincar las trancas. La verdad que no me arrepiento. Yo seguí con el cultivo. Y uso en parte lo que me traigo de otros lados. Y parte que yo cultivo.

—¿Cómo apoya AMEM a los pacientes?

—Tenemos grupos de Whatsapp que son de apoyo para pacientes. Asesoramos, explicamos y entregamos los manuales si precisan ayuda. Los grupos son pequeños porque también existe el closet cannábico. A la gente le da cosa entrar y preguntar. De seis meses para acá la cosa ha crecido mucho más. En uno hay con 120 participantes y otros de 60.

—¿Cuáles son los requisitos para entrar en AMEM?

—Para entrar a AMEM la única condición es que seas paciente o el que atiende a un paciente que no se puede atender por sí mismo, mamá, papá, enfermera o acompañante. No hay consumidores recreativos. Lo que hacemos es canalizar.

—¿Cuántas personas participan de AMEM?

En el núcleo cercano son unas 200 personas. Sin embargo, como los documentos los tenemos de libre acceso del sitio hay mucha gente que ha entrado a preguntar. Los manuales deben tener 10 mil descargas. La cosa se ha ido moviendo y para 4/20 lanzamos el último documento: “La introducción al tratamiento cannábico”.

¿Necesitas ayuda porque tienes un problema relacionado a las drogas? Conversalo con tus amigos y familia. Busca un médico realmente especializado y amigable. Los grupos de reducción de riesgos y daños también pueden ayudar. También piensa si es el único problema que tienes. O “el problema” viene por otro lado. En caso de intoxicación: no lo dudes, llama al servicio médico.

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