Miguel Ríos en la cárcel por marihuana: toda la verdad

Hugo Madera
12 Oct 2026

La detención de Miguel Ríos durante la dictadura franquista marcó su vida más allá de los 27 días de prisión. Para el cantante granadino, el castigo ejemplarizante por fumar marihuana derivó en una culpa imborrable tras verse forzado a delatar a sus amigos.


La reciente entrevista en Salvados, donde Gonzo consigue sacar a un Miguel Ríos que repasa no solo su carrera, sino también su vida, porque ambas cosas son indisolubles, saca a la luz de nuevo la anécdota de cuando Miguel Ríos estuvo en la cárcel por fumar marihuana, durante el franquismo. Este artículo lo centramos en ese aspecto, por ser Soft Secrets una revista de marihuana, pero te recomendamos ver la entrevista completa, pues Gonzo hace un excelente trabajo de periodismo, donde queda retratada la profunda humanidad de Miguel Ríos. 

Sobre su consumo de Cannabis en aquella época Ríos comentó a Gonzo: “yo era un hippiazo, era fumeque, el rockerío y el hippy han estado íntimamente unidos. Empezaron los porros y este tipo de cosas y se confraterniza mucho fumándose un canuto. Aunque había mucho miedo también porque la policía estaba encima y los relaciones públicas eran confidentes de la policía. Te decían: te hemos visto en una lista de la policía. Tuve fama que era canutero, que era una persona conflictiva, fumábamos marihuana y hachís frecuentemente”. En todo caso, cuando Gonzo le pregunta si ese consumo de marihuana afectó al compromiso con su oficio, explicó “para nada porque yo era tan riguroso que fumaba después de cantar”

¿Cómo perseguía el franquismo el consumo de marihuana?

Al inicio de la dictadura no se persiguió el Cannabis porque lo consumía gente cercana al régimen, como los legionarios o la famosa guardia mora. En cambio, durante los años 60 y 70, España firmó los convenios de la ONU que establecen la prohibición y los consumidores empezaron a ser de la cultura hippy y contestaria, momento en que empiezan las detenciones.

La cárcel a Miguel Ríos por marihuana fue para dar ejemplo, así se lo contó a Gonzo: “Me hubiera gustado más como preso político que por fumeque, pero te digo una cosa, fue una encerrona, querían dar un escarmiento porque la gente estaba fumando ya sin parar. Necesitaban dar un escarmiento y que fuera a alguien que saliera en los periódicos y ese fui yo. Me llevaron a la Puerta del Sol, a la Dirección General de Seguridad y me metieron en un calabozo donde oía cómo le pegaban a la gente. Te sacaban con dos grises y te llevaban al baño y te decían: “este es un hijo puta, este es famoso y está envenenando a la juventud”.

Plano medio de Miguel Ríos conversando con Gonzo durante la entrevista de Salvados sobre marihuana
Miguel Ríos charla con Gonzo en Salvados sobre su trayectoria y su relación con la marihuana.

El arrepentimiento de Miguel Ríos por haber delatado a sus amigos

Aunque es un tema que no suele tratar en las entrevistas que habla de marihuana, este periodo fue para Ríos muy duro por el arrepentimiento de haber delatado a amigos con los que fumó. A esto se unía que estaba en un psiquiátrico penitenciario, donde no sabía cuándo iba a salir. Más allá de la anécdota divertida, bucear en la autobiografía de Ríos “Cosas que siempre quise contarte” muestra que fue una experiencia que le marcó de forma muy profunda, por haberse visto obligado a delatar a sus amigos. Este es el lado oscuro de la prohibición de la marihuana, un sistema que encarcela a la gente y la destroza por dentro, solo por usar una planta que la humanidad emplea desde hace miles de años.

Aunque no suele entrar tan a fondo en las entrevistas, Miguel Ríos sí ha tenido la honestidad de contar en su auobiografía cómo delató a sus amigos y cómo esto le dejo marcado muchos años, es decir, más allá de los 27 días en la cárcel, el problema fue seguir viviendo luego sintiendo que se había fallado a sí mismo.

“El policía bueno me dijo que, sintiéndolo mucho, y en vista de que no quería colaborar, me tenía que quedar en la DGS detenido hasta que recapacitara. Protesté, y me informó de que no tenía derecho a la asistencia de un letrado. Desoyendo lo que internamente me había dicho tantas veces, que yo «formaba parte de un movimiento generacional que cambiaría el mundo», después de tres días en aquel lugar infecto, muerto de miedo, me di por derrotado” cuenta Miguel Ríos.

Al escribir su autobiografía Ríos aseguró que nunca ha dejado atrás aquellos momentos y que siempre le ha acompañado la imagen de cuando se rindió: “Este primer sorbo del peor trago de mi vida concluyó la noche del viernes 12, según rezan los periódicos, tres días después de mi detención, cuando abandoné la DGS camino a los juzgados de las Salesas convertido en un hombre ablandado. Atrás quedaba la comezón de la culpa que necesitaba expiación, el desconcierto que produce la pérdida de la noción del tiempo tirado en un apestoso jergón, la culpa por el dolor y la vergüenza que pasaría mi familia, el pavor a ver mi nombre y mi futuro machacados por la ferocidad de la prensa, el inútil comecocos en busca de una estrategia de redención cuando ya te sientes derrotado. Fueron aquella lentitud de las horas basura y el sentimiento de indefensión los que me maceraron. También dejaba atrás las agotadoras artimañas de los interrogadores, su sibilino juego de buenos y malos, las amenazas de bocas anónimas a través de la rejilla de la celda, el amago de palizas a horas intempestivas en la sordidez del retrete, el trasiego de esposas y los inquisitoriales cruces por la calle del Correo para los interrogatorios, la pegajosa humedad del sótano y la suciedad del encierro. Nada queda verdaderamente atrás en esta vida... Durante todos estos años ha estado delante de mí la abominable imagen de cuando me rendí, el dolor físico del momento en el que me quebraba. Nunca logré dejar atrás del todo el amargo sabor de la delación forzada ni la insufrible vergüenza del momento en que firmé una declaración sin mirar lo que firmaba”.

¿Qué secuelas psicológicas le dejó la prisión por marihuana a Miguel Ríos?

Esa sensación de haber fallado le llevó a un diálogo interno negativo que provocó a Miguel Ríos mucha angustia: “Lo más amable que me decía era: «Cómo has sido tan mierda. Cómo has fallado», y me mortificaba. Cada vez que volvía a pensar en los nombres de los tres amigos con los que admití haber fumado, y que la policía exhibía como el trofeo con el que consiguieron doblarme, la angustia me daba otra patada en el pecho”.

Impresiona la sinceridad con la que Miguel Ríos cuenta cómo esos 27 días de estancia en la cárcel han supuesto en su vida una condena a perpetuidad, solo con esta honestidad de reconocerse débil, Miguel se rehabilita de los supuestos errores que cometió, presionado por la tortura franquista: “Años después, leyendo Decidme cómo es un árbol, de Marcos Ana, sentí la misma fascinación y la misma envidia. ¿Cómo habría sido yo si no me hubieran doblegado? Desde entonces, cuando se habla de entereza, no me doy por aludido, y cuando leo historias de valor y resistencia, me cuestiono cómo actuaría. Pasar por la cárcel es una putada, pero pasar sin gloria es una condena a perpetuidad. Por eso lo cuento”.

Portada del libro autobiográfico Cosas que siempre quise contarte escrito por Miguel Ríos
Portada de la autobiografía de Miguel Ríos, donde narra las secuelas de su detención.

¿Qué artistas coincidieron con Miguel Ríos en la cárcel franquista?

De entre todos los artistas con los que coincidió Miguel Ríos destaca a Iván Zulueta, director de cine underground conocido por su obra "Arrebato". Gaspar Fraga, el primer director de la revista Cáñamo, coincidió con Miguel Ríos en la cárcel, donde también estaba por consumo de marihuana. Allí estuvo tanto con Miguel Ríos como con otros artistas. Para acabar esta noticia volviendo al tono de anécdota divertida con el que la empezamos, te transcribo parte de una entrevista que le hice para mi Tesis, donde comenta su periodo en la cárcel.

“Entonces entró también el actual Miguel Ríos, entonces era Mike Ríos. Todos por fumar, todos por fumar hachís. Al mismo tiempo estaba en el talego Marcelino Camacho, varios de la ETA, estaba uno del movimiento MPAIAC canario. De modo que la cárcel era muy divertida, y era divertida en todos los sentidos, era más universidad que la calle. A las ocho de la tarde había la costumbre de, todos los presos de la tercera galería, ponerse a ver los ingresos que llegaban a esa hora. A ver si venía algún amigo, conocido o algún adversario, con el que hubiera vendeta, los cuadran en fila desde el centro a la galería. De repente veo en la hilera de presos recién ingresados a un negrata, mulato, alto, con un abrigo de piel hasta los pies, cuando llega a la oficina de ingresos donde los distribuyen celda a celda, yo le reconozco y le digo “coño si es Henry Stephen”. Se queda así, en ese momento era conocido porque tenía en el top ten, “mi limón, mi limonero, entero me gusta más”. Me pongo a cantarlo, toda la galería se pone a cantarlo, entonces el tío sale de la fila, se despoja del abrigo de pieles y se pone victorioso a cantar “mi limón, mi limonero”, fue de puta madre”.

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