El riego óptimo: la clave del éxito en el cultivo de marihuana
El régimen hídrico es la forma en que la marihuana gestiona el agua: esencialmente, el equilibrio entre la absorción y la pérdida. Cuando este equilibrio es el adecuado, la marihuana recibe a través del riego nutrientes suficientes, la fotosíntesis se lleva a cabo sin problemas y la producción mejora. Vamos a ver con más detalle cómo supervisar y optimizar el régimen hídrico.
Todos los cultivadores saben que el agua es esencial para el crecimiento y desarrollo de las plantas. Los cultivadores con experiencia también saben que no es suficiente con comprobar si las plantas tienen bastante agua. Para lograr la mejor cosecha posible, tanto en cantidad como en calidad, es importante supervisar el régimen hídrico con mucho cuidado. Así consigues información valiosa que no es fácil obtener de otra manera.
Funciones del agua en la marihuana
Una planta de Cannabis sana se compone aproximadamente de un 80-90% de agua, que sirve para muchas funciones vitales a lo largo de su vida. En primer lugar, el agua asegura la turgencia, lo que permite que la planta mantenga la firmeza y una forma erguida. En cuanto la planta pierde turgencia, esto se hace visible rápidamente a través del marchitamiento de las hojas. El agua también ayuda a regular la temperatura y actúa como medio para transportar los nutrientes desde el sustrato a todas las partes de la planta. Por último, el agua es un componente esencial del proceso de fotosíntesis.
La mayoría de los cultivadores riegan sus plantas cuando se ha agotado el agua disponible. Este sistema proporciona a las plantas las condiciones adecuadas y reduce el riesgo de regar en exceso. Sin embargo, no garantiza la máxima absorción de nutrientes ni una actividad fotosintética óptima. Por otro lado, regar con demasiada frecuencia o en exceso, sin asegurarse de que hay suficiente oxígeno en la zona radicular, es mucho peor y se encuentra entre los errores más comunes. Considerando el papel crucial que desempeña el agua en la vida de una planta, su consumo debe controlarse con mucho cuidado. Otro factor clave es la calidad del agua, por lo que en muchas zonas de España la mejor solución es adquirir un filtro, como por ejemplo los de la marca GrowMax Water, que ofrecen filtros para cloro y sistemas de osmosis para reducir la EC.
Régimen hídrico y fotosíntesis
El consumo de agua está directamente relacionado con la cantidad de fotosíntesis que se lleva a cabo. Dado que medir la tasa fotosintética en sí es bastante complejo y requiere de equipos avanzados para rastrear la absorción de CO₂, monitorear el consumo de agua es una excelente manera de determinar si la fotosíntesis se está desarrollando como se espera.
El agua entra en la planta a través de las raíces, viaja por el sistema vascular y llega a todos los tejidos. Junto con el agua, los nutrientes disueltos se transportan a todas las partes de la planta. Para que la planta absorba agua y nutrientes nuevos, el agua previamente absorbida debe salir de la planta. Esto se lleva a cabo mediante la transpiración, que es el proceso por el cual el agua se libera a través de los estomas, que son pequeñas aberturas ubicadas principalmente en el envés de las hojas. De esta manera, el agua sale de la planta en forma de vapor y aumenta la humedad del ambiente circundante. Al mismo tiempo, los estomas facilitan el intercambio gaseoso, permitiendo la entrada de dióxido de carbono y la liberación del oxígeno producido por la fotosíntesis.
El movimiento del agua desde las raíces hasta los estomas se denomina flujo de transpiración. La planta puede regular su velocidad mediante la apertura y el cierre de los estomas. Una ventaja importante es que la absorción de agua prácticamente no requiere energía. Una vez abiertos los estomas, la evaporación del agua de las hojas crea una presión negativa en el tejido vascular, que atrae una cantidad equivalente de agua de la zona radicular, siempre que haya suficiente agua en el sustrato. De esto se desprende claramente que la velocidad del flujo de transpiración influye considerablemente en la absorción de nutrientes, ya que es el flujo de agua el que los transporta desde la zona radicular hasta las partes aéreas de la planta. Al mismo tiempo, la apertura de los estomas determina la cantidad de dióxido de carbono que puede entrar en las hojas. Si los estomas están cerrados, tanto la absorción de CO₂ como la transpiración se reducen considerablemente, lo que ralentiza la fotosíntesis. Por lo tanto, la velocidad del flujo de transpiración determina no solo el consumo de agua, sino también, indirectamente, la eficiencia de la fotosíntesis y el crecimiento general de la planta.
Consumo óptimo de agua
Ahora que sabemos que el consumo de agua en la marihuana puede indicarnos si la fotosíntesis funciona correctamente, resulta útil tener un punto de referencia para la cantidad óptima de agua de riego por metro cuadrado en 24 horas. Naturalmente, el consumo varía según la etapa de crecimiento, pero para plantas maduras con iluminación intensa y condiciones óptimas, el rango óptimo se considera de 8 a 12 litros/m²/día. En la etapa vegetativa, el consumo de agua suele ser menor, típicamente de 3 a 6 litros/m²/día.
Estos valores deben considerarse principalmente orientativos. Incluso con un consumo menor o mayor, es posible crear condiciones favorables para las plantas. Personalmente, estos valores de referencia me han resultado muy útiles, para optimizar las prácticas de cultivo y planificar la capacidad de ventilación al diseñar espacios de cultivo más pequeños.
A estas alturas ya sabes cómo las plantas pueden regular la velocidad del flujo de transpiración (y, por lo tanto, su consumo de agua) por sí solas. Pero ¿qué debes hacer si notas que tus plantas consumen muy poca agua o, por el contrario, consumen más de lo esperado?
Controla el flujo de transpiración
Aunque la fotosíntesis es un proceso extremadamente complejo, existe un punto de control que actúa como freno y acelerador: los estomas. Una vez que comprendas su funcionamiento, tendrás en tus manos el mecanismo para controlar en gran parte el crecimiento de las plantas. Los estomas se abren principalmente para permitir la absorción de dióxido de carbono, pero la transpiración, al mismo tiempo, ayuda a las plantas a mantener una temperatura óptima. Para que el flujo de transpiración fluya, es necesario asegurarse de que la temperatura del aire y de las hojas es la adecuada.
Las luminarias LED modernas carecen de la porción infrarroja del espectro que solía calentar la superficie de las hojas con lámparas HPS, de halogenuros metálicos o de plasma. Mientras que esas antiguas fuentes de luz irradiaban gran parte del calor directamente hacia las plantas, los LED acumulan calor principalmente sobre ellas. Debido a esto es esencial que la circulación de aire sea adecuada, ya que ayuda a calentar las hojas a la temperatura ideal, abre los estomas y permite tanto el flujo de agua como la absorción de CO₂.
Otro factor clave es la humedad relativa. Si es demasiado alta, la transpiración se ralentiza porque el vapor de agua se libera más lentamente en el aire húmedo. En general, la transpiración es más rápida en un ambiente cálido y seco que en uno frío y húmedo. Por lo tanto, si la transpiración parece lenta con temperaturas diurnas de 24-28 °C, intenta reducir la humedad relativa y, si es necesario, auméntala en condiciones más secas.
Las tablas recomendadas de VPD (siglás en inglés de Déficit de Presión de Vapor) pueden ser una guía útil, ya que combinan la humedad y la temperatura en un solo valor. Sin embargo, ten en cuenta que la temperatura del cultivo en sí es tan importante como la temperatura del aire. En la práctica, controlar el consumo de agua suele ser un indicador más fiable, ya que medir la temperatura de las hojas no siempre es fácil ni preciso. Al ajustar la humedad, realiza cambios graduales (por ejemplo, reduce la humedad en 5 puntos porcentuales) y observa la diferencia en el consumo de agua durante las siguientes 24-48 horas.
Por último, no olvides que la energía lumínica y el dióxido de carbono también son impulsores fundamentales de la fotosíntesis. Incluso si logras optimizar la transpiración y la absorción de nutrientes mediante la temperatura, la humedad y el riego, no será eficaz si no hay suficiente luz y CO₂. Las plantas maduras con flores deben recibir de 30 a 40 DLI (lo que, con un fotoperíodo de 12 horas, corresponde aproximadamente a 700-1000 µmol/m²/s PPFD), y la concentración de CO₂ no debe bajar de 700 ppm. Idealmente, los niveles de CO₂ deberían ajustarse a la intensidad de la luz. Si estos valores no te resultan familiares, te recomendamos consultar algunos de nuestros artículos anteriores para obtener más información.
Cuando la transpiración es lenta
Los cultivadores auto-suficientes no se centran necesariamente en la máxima eficiencia y rendimiento. Suelen estar más interesados en lograr la máxima calidad posible, con una mínima inversión en equipos y costes operativos. Por lo tanto, es natural que, en condiciones de menor intensidad de luz o temperaturas del aire más bajas, el consumo de agua sea muy inferior a los valores mencionados anteriormente en este artículo.
En casos así, sin embargo, las plantas podrían no recibir suficientes nutrientes y comenzar a mostrar los síntomas correspondientes. Las hojas pueden cambiar de color (amarilleamiento, clorosis entre las venas o un color verde pálido general), el crecimiento y la floración pueden ralentizarse, y las plantas en general pierden vitalidad. El primer paso para corregirlo es identificar correctamente el problema y descartar otras posibles causas, como plagas, enfermedades o un entorno radicular inadecuado (pH incorrecto, falta de oxígeno o sobrefertilización).
Cuando el flujo de transpiración disminuye, llegan menos nutrientes de forma natural a la planta. La solución es aumentar la concentración de nutrientes en el sustrato o en el agua de riego. Es muy simple: las plantas reciben nutrientes disueltos en agua. Si consumen menos agua, también absorben menos nutrientes. Para obtener la misma cantidad de nutrientes en un volumen menor de agua, es necesario aumentar su concentración.
Sin embargo, ten en cuenta que las plantas son muy sensibles a la nutrición, y la sobrefertilización a veces puede tener peores consecuencias que la falta de fertilización. Aumenta las concentraciones gradualmente (por ejemplo, un 20 %) y observa atentamente cómo responden las plantas. Asegúrate también de que las plantas estén consumiendo los nutrientes disponibles. Una forma sencilla de comprobarlo es medir regularmente la EC del agua que drena del sustrato.
Artículo escrito por Mr. Jośe y publicado en el número 5 del 2026 de la revista Soft Secrets. Editado para internet por Hugo Madera.
Más artículos sobre riego y marihuana en la web de Soft Secrets
Guia definitiva para el riego en marihuana
Evita errores en el riego de marihuana