¿Cómo afecta el nitrógeno al cáñamo y la alternaria?

Elizabeth Erhardt
09 Sep 2026

Durante años ha persistido una creencia extendida entre cultivadores y técnicos agrícolas: un aporte elevado de nitrógeno genera copas más densas y húmedas, lo que dispararía inevitablemente los ataques de hongos foliares. Sin embargo, un riguroso estudio de campo desarrollado a lo largo de tres temporadas consecutivas (2022–2024) por investigadores de la Universidad de Ciencias de la Vida de Estonia y la Universidad de Tartu arroja conclusiones muy distintas para el cáñamo (Cannabis sativa L.). El trabajo, liderado por el agrónomo Erkki Mäeorg y publicado recientemente, evaluó el impacto de distintas dosis de fertilizantes para cáñamo, fuentes de nutrientes y la variabilidad climática sobre la severidad de la mancha foliar por Alternaria y la producción final de semilla en la variedad dioica 'Estica'.


La alternaria frente al vigor del cultivo 

La mancha foliar por alternaria (Alternaria spp.) es uno de los principales problemas fúngicos que afectan a las hojas en climas templados y húmedos, provocando manchas necróticas y senescencia foliar prematura. Para medir la evolución real de la infección a campo abierto sin recurrir a fungicidas, el equipo científico utilizó el índice AUDPC (Area Under the Disease Progress Curve o Área Bajo la Curva de Progreso de la Enfermedad), una métrica que integra tanto la intensidad como la duración del ataque fúngico.

Los resultados demostraron una respuesta rotunda: a medida que aumentaba el aporte de nitrógeno (probado en rangos de 0 a 200 kg N ha⁻¹ mediante aplicaciones fraccionadas), la severidad acumulada de la alternaria en las plantas hembra descendió de forma drástica. La reducción del índice AUDPC llegó a situarse entre 260 y 600 %-días respecto al testigo sin fertilizar, dependiendo del año evaluado.

¿Significa esto que el nitrógeno actúa como un fungicida directo? No exactamente. Los propios investigadores sugieren un efecto de dilución y vigor vegetativo: una nutrición adecuada estimula una mayor tasa de emisión foliar y robustez fisiológica, superando el desgaste celular del patógeno y diluyendo la proporción de tejido visiblemente dañado en la canopia.

 

Rendimiento en semilla: el nitrógeno manda

El impacto del plan de abonado no solo frenó la incidencia visual del hongo, sino que determinó la cosecha. A lo largo del ensayo, la producción de semilla osciló entre 0,6 y 2,7 toneladas por hectárea. El suministro continuado de nitrógeno permitió incrementos directos de rendimiento de entre 1,0 y 1,7 t ha⁻¹ en comparación con los suelos carentes de aporte.

El dato más revelador para la gestión agronómica aparece al cruzar ambas variables mediante modelos lineales multivariantes:

  1. En suelos sin fertilizar (control con bajo nitrógeno): Existió una correlación negativa evidente; la alternaria mermó significativamente la cosecha de las plantas mal nutridas.
  2. En parcelas con fertilización nitrogenada: Una vez introducido el factor nitrógeno en los modelos estadísticos, la severidad de la alternaria dejó de tener un impacto independiente sobre el rendimiento. El empuje nutricional y el vigor compensaron holgadamente la presencia del patógeno foliar.

 

Complejo NPK frente a nitrato amónico

El ensayo también comparó dos estrategias nutricionales habituales: un fertilizante complejo NPK (6-25-34) frente a fuentes simples de nitrato amónico (33,4% N).

Si bien el tipo de fertilizante no alteró el avance de la enfermedad fúngica (ambas fuentes redujeron la alternaria de manera equivalente al aportar las mismas unidades de N), el abono complejo NPK ofreció cosechas de grano sistemáticamente superiores a las del nitrato amónico. La presencia equilibrada de fósforo y potasio desde la siembra resultó determinante para consolidar el llenado y peso final del grano en el cáñamo.

 

Dimorfismo sexual: diferencias entre machos y hembras

Al tratarse de una variedad dioica, el estudio analizó por separado a los ejemplares masculinos y femeninos, detectando patrones de infección marcadamente dispares:

  • Plantas macho: Mostraron una curva de infección mucho más explosiva y rápida. Tras la polinización y dispersión del polen, sufren una senescencia natural acelerada que colapsa sus defensas, dejándolas a merced del hongo en pocas semanas.
  • Plantas hembra: Presentaron un desarrollo de la alternaria más lento, sostenido y progresivo, manteniendo su tejido verde funcional durante todo el llenado de la semilla hasta la cosecha.

Dado que la producción final de grano reside exclusivamente en las hembras y que el grueso de los síntomas foliares se manifestó cuando la semilla ya encaraba su fase de maduración, la alternaria no llegó a comprometer el volumen cosechado en los cultivos bien alimentados.

 

Claves prácticas para el cultivador de exterior

Los hallazgos de este estudio dejan lecciones claras para optimizar las pautas de abonado en campo abierto:

  • No racionar el nitrógeno por miedo a los hongos: Un cultivo infradotado de nitrógeno no está más protegido; al contrario, su falta de vigor lo vuelve vulnerable y reduce drásticamente el peso de la cosecha.
  • Priorizar el equilibrio NPK: El aporte conjunto de fósforo y potasio junto con el nitrógeno marca una diferencia medible en el rendimiento frente a fuentes nitrogenadas aisladas.
  • El clima interanual sigue siendo el factor crítico: La humedad relativa y las temperaturas estacionales condicionan el momento de inicio del brote, por lo que el seguimiento semanal sigue siendo indispensable.

 

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