Doscientos años de marihuana americana

Doscientos años de marihuana americana

La mayoría de los cultivadores y consumidores de cannabis piensan que el cannabis lleva en América desde la más remota antigüedad. Algunos saben que no es así, que llegó con los españoles, pero lo que muy pocos conocen es que los colonizadores españoles llevaron cáñamo, pero la marihuana psicoactiva no apareció en el Nuevo Mundo hasta mucho después, hace apenas dos siglos.

El origen

Aunque en América había variedades de Cannabis sativa de cáñamo de hoja ancha (CHA) desde mediados del siglo XVI, llevadas por los españoles para la producción de fibra y semillas, las variedades psicoactivas no se introdujeron hasta después de 1834, año en que Inglaterra prohibió la esclavitud.
Muchos esclavos liberados en las plantaciones de azúcar de las colonias de las Indias Occidentales Británicas abandonaron a sus antiguos dueños, que se quedaron sin la mano de obra necesaria para sus explotaciones.

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Las primeras variedades psicoactivas en llegar a América fueron de marihuana de hoja estrecha.

Durante los primeros años intentaron suplirlos trayendo trabajadores europeos, pero no conseguían los suficientes por las duras condiciones de vida en las plantaciones y las muchas muertes que se producían entre los inmigrantes a causa de las enfermedades tropicales.
Las plantaciones de caña de azúcar requerían numerosa mano de obra, trabajadora y sumisa, para producir el dulce polvo blanco que tantos beneficios reportaba al imperio británico, por lo que recurrieron a la siempre superpoblada India para nutrirse de jornaleros.
En 1844, el gobierno británico de la India legalizó la emigración a Jamaica, Trinidad y Guyana. El sistema funcionaba a base de contratos de trabajadores no abonados, los dueños de las plantaciones pagaban el pasaje de barco a cambio de cinco años de trabajo en los que el inmigrante recibía alojamiento, comida y ropa, pero no un sueldo.
Una vez acabado el contrato, los trabajadores eran libres de buscarse otro trabajo o de volver a su país, y el dueño de la plantación les tenía que pagar el pasaje de vuelta. Las condiciones de los viajes en barco estaban reguladas por ley para que los inmigrantes viajasen en buenas condiciones, pero no siempre se cumplían.
Estos campesinos indios emigrados al Caribe son los primeros en introducir semillas de marihuana psicoactiva (Cannabis indica) en América, así como los conocimientos para cultivar ganja, es decir flores hembra sin semilla. Estas variedades de Cannabis indica eran psicoactivas y de hoja estrecha, es decir marihuana de hoja estrecha (MHE).
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En los años 80 se desarrollan híbridos entre MHA y MHE potentes, tempranos y de fácil cultivo.

En las décadas siguientes se fueron adaptando al clima americano y es probable que, en algunos lugares, se hibridaran con las variedades de cáñamo de hoja ancha (CHA) traídas por los españoles. México y Chile fueron dos de los territorios donde los colonizadores españoles cultivaron cáñamo desde el siglo XVI para la fabricación de cuerdas y telas.
Las variedades psicoactivas del sur de Asia traídas por los hindúes se fueron adaptando a las nuevas condiciones climáticas que encontraron en el Nuevo Mundo, hasta convertirse en las variedades tradicionales que se encuentran en Colombia, México, Centroamérica y el Caribe.
Si las variedades colombianas eran más parecidas a las genéticas originales de la India que las mexicanas, se debe probablemente a la hibridación de estas últimas con el cáñamo de hoja estrecha, cultivado por los españoles.
Las variedades colombianas acabaron siendo más bajas, de color más oscuro y con una estructura en forma de abeto mejor definida. Las variedades que evolucionaron en México tienen color verde claro, mayor altura y son más delgadas.
Las primeras referencias que tenemos sobre el cultivo de marihuana en Estados Unidos son de 1915, aunque es probable que se hubiese empezado a plantar varias décadas antes. El cultivo fue completamente legal hasta 1937, cuando se promulgan las primeras leyes prohibicionistas, concretamente la Marihuana Tax Act. Obligaba a todas las partes implicadas en la producción y comercialización del cannabis a darse de alta en un registro y pagar altos impuestos en un intento de reducir el uso y la producción de cannabis.
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Plántula de marihuana de hoja estrecha, Cannabis indica spp. indica.

Segunda mitad del siglo XX

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la presión internacional contra el cultivo de marihuana aumenta, por lo que la producción pasa a la clandestinidad. El uso recreativo de la marihuana aumenta en Estados Unidos y Europa desde los años sesenta, lo que favorece la importación ilegal de cannabis desde los distintos países productores de Asia, África y América.
Este fenómeno vuelve a producir un cierto intercambio de genéticas cuando los cultivadores clandestinos norteamericanos y europeos encuentran semillas en los cogollos importados y empiezan a plantarlas para probar.
A menudo las plantas crecían bien, pero no llegaban a madurar, pues el frío aparecía antes. En aquellos años prácticamente no había cultivos domésticos de cannabis y mucho menos cogollos sinsemilla.
La única marihuana sinsemilla era la que se cosechaba antes de tiempo y era muy poco potente. Toda la que se cosechaba en su momento estaba completamente llena de semillas. El concepto de cultivar sinsemilla aún era prácticamente desconocido en Estados Unidos.
Las variedades más tropicales, como las colombianas o tailandesas, no acababan de madurar salvo en los estados más cálidos como Florida. En cambio, las variedades mexicanas, especialmente las del norte, podían cultivarse más o menos en la mitad sur de Estados Unidos, por lo que los cultivadores empezaron a seleccionar las plantas más rápidas y las cruzaron con variedades más potentes (Colombia, Tailandia) para crear híbridos de maduración más temprana y alta potencia. La famosísima variedad Haze es un claro ejemplo de este tipo de híbridos, producidos a principios de la década de 1970.

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Plántula de marihuana de hoja ancha, Cannabis indica spp. afghanica.

La producción comercial de marihuana aumenta mucho en México y Colombia, que se convierten en grandes países productores y exportan grandes cargamentos clandestinos, principalmente a Estados Unidos. El hecho de que estos dos países pasen a dominar completamente el mercado de marihuana, en la década de 1980, reduce considerablemente las importaciones de otros países tradicionalmente productores y limita el intercambio genético.
Los cultivadores norteamericanos, -principalmente, aunque no exclusivamente-, en California desarrollan gran número de híbridos entre las diferentes variedades locales provenientes de México, Colombia, Jamaica, India, Tailandia y otros países productores. Al principio buscaban conseguir variedades potentes, pero de maduración temprana, capaces de ser cosechadas antes de que llegue el invierno en el clima estadounidense.
La prohibición del cannabis también ha influido considerablemente en la crianza de nuevas variedades. Los cultivadores demandaban plantas de maduración más temprana para poder cosecharlas antes de que la policía las empezase a buscar a mediados de otoño, cuando solían acabar de florecer las primeras variedades traídas a EEUU.
En exterior también querían plantas muy grandes y de gran producción para no tener que poner un número muy alto de plantas, ya que los jueces imponían mayores condenas cuantas más plantas hubiese en el cultivo.
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Los criadores estadounidenses de maravillaron con la cantidad de resina de las nuevas variedades afganas y pakistaníes.

Llegan las afganas

Desde mediados de la década de 1970 empiezan a llegar a Estados Unidos un nuevo tipo de variedades de cannabis: las genéticas de marihuana de hoja ancha (MHA) o Cannabis indica spp. afghanica provenientes de Afganistán, Pakistán y la región de Cachemira (que está dividida entre India, Pakistán y China).
Por primera vez en la historia, las variedades de MHA que se habían desarrollado en esta zona pasan a ser cultivadas fuera de ella. Estas variedades iban a cambiar completamente el panorama genético del cannabis en las próximas décadas.
Los cultivadores europeos y, sobre todo, los estadounidenses, vieron que el Cannabis Indica spp. Afghanica tenía ciertas cualidades muy interesantes: gran producción de resina, maduración temprana y menor tamaño que las variedades de Cannabis indica spp. indica que estaban cultivando hasta el momento, por lo que decidieron empezar a hibridar ambas especies en un intento de lograr nuevas variedades de alta potencia, facilidad de cultivo y cosecha temprana.
Además, el sabor de los cogollos de estas nuevas variedades recordaba al hachís afgano que era muy apreciado y difícil de encontrar en Estados Unidos, por lo que los consumidores estaban dispuestos a pagar más por ellos, lo que potenció su producción por parte de los cultivadores comerciales. Los híbridos entre MHE y MHA se iban a convertir en las variedades de marihuana de referencia en todo el mundo desde finales del siglo XX y principios del XXI.

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El cultivo en interior se desarrolló como respuesta a la mayor represión por parte de los estados.

Desde mediados de los años setenta, la producción de marihuana sinsemilla empieza a popularizarse en Estados Unidos. Los cultivadores descubren que los cogollos sinsemilla son mucho más potentes y apreciados por los usuarios.
La prohibición del consumo y cultivo de cannabis se fue endureciendo hasta desencadenar la llamada guerra contra las drogas, que se lleva a cabo en Estados Unidos y Europa, provocando que los cultivadores se escondan más para evitar las duras penas de prisión.
El cultivo en interior se vuelve cada vez más popular. Los criadores de variedades desarrollan genéticas más adecuadas para el cultivo en interior: plantas de pequeño tamaño, altísima potencia, floración muy rápida y gran productividad. Casi siempre híbridos entre variedades de marihuana de hoja ancha y de hoja estrecha (lo que tradicionalmente se han denominado indicas y sativas, aunque ahora la nomenclatura ha cambiado y sabemos que todas las variedades psicoactivas son índicas, tanto las de hoja ancha, como las de hoja estrecha).
Hacia mediados de los años ochenta, las variedades desarrolladas en Estados Unidos ya estaban entre las mejores y más potentes del mundo. Partiendo de genéticas tradicionales de alta calidad, cruzándolas entre ellas, seleccionando los mejores individuos e introduciendo genes de marihuana de hoja ancha afgana para reducir el tamaño y acelerar la maduración, los cultivadores clandestinos americanos crearon las variedades que han marcado los últimos cuarenta o cincuenta años.
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En los años setenta se desarrollaron grandes híbridos entre distintas variedades de marihuana de hoja estrecha, como Haze.

La crianza moderna de variedades psicoactivas comenzó y se desarrolló principalmente en Estados Unidos, entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado. El endurecimiento de la política antidrogas en el país provocó que a mediados de los años ochenta muchos criadores se mudaran a la más tolerante Holanda.
Desde 1985 empiezan a aparecer bancos de semillas holandeses que venden las variedades previamente desarrolladas en EEUU y también crean las suyas propias. La venta de semillas desde Holanda hacia el resto del mundo contribuyó enormemente a la generalización de las nuevas variedades en todo el planeta.

El problema de la hibridación y la pérdida de variedades

En las últimas décadas, las variedades híbridas de marihuana desarrolladas en Europa y Estados Unidos se han ido extendiendo por todo el mundo, desplazando a las variedades tradicionales incluso en los países que han producido cannabis históricamente como Marruecos, Jamaica, Tailandia, Colombia o Nepal.
La gran potencia de las nuevas variedades, así como su alta calidad y rapidez de producción, ha provocado en poco tiempo la casi desaparición de muchas genéticas tradicionales. Y las que no han desaparecido se han mezclado con las nuevas variedades, por lo que resulta casi imposible encontrar las genéticas puras en su estado original.
Hoy en día, gran parte de la diversidad de variedades que había en los años setenta y ochenta del siglo XX se ha perdido y todo está mucho más mezclado. De hecho, las colecciones de semillas que se guardan en algunas universidades e instituciones científicas, así como las colecciones privadas de aficionados y criadores son cada vez más valiosas, ya que muchas de esas variedades ya no se pueden encontrar en sus regiones de origen.

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La genética de Cannabis indica spp. afghanica forma parte de casi todas las variedades comerciales modernas.

En la actualidad, la mayoría de la producción comercial de marihuana se realiza a partir de esquejes. Se reproducen vegetativamente a partir de plantas madre seleccionadas, que se conservan indefinidamente bajo un fotoperiodo de crecimiento.
La mayoría de los cultivadores casi nunca siembran semillas, y cuando lo hacen suelen emplear semillas feminizadas, por lo que no hay machos, ni reproducción sexual. A consecuencia de esto, la evolución de las variedades se ha reducido mucho.
Si hace unas décadas cualquier cultivador producía sus propias semillas año tras año, ahora con la popularización de variedades feminizadas, esquejes y cultivo de marihuana sinsemilla, casi todos dependen de los bancos de semillas para conseguir genéticas.
Los esquejes son callejones sin salida desde el punto de vista de la evolución. Las semillas feminizadas también y, si el progreso sigue por este camino, cada vez se reducirá más la gama de genéticas disponibles y acabarán todas en manos de grandes empresas. Los cultivadores de cannabis tradicionales siempre plantaban a partir de semillas y producían sus propias semillas, con lo que se aseguraban la continuidad y el suministro sin depender de nadie.
Es esencial que nos tomemos en serio la necesidad de recolectar variedades tradicionales, multiplicarlas, seleccionar y cruzar para preservar la integridad genética de cada variedad. Las variedades estabilizadas son la base a partir de la que hacer variedades híbridas. En los pocos lugares donde aún quedan variedades tradicionales hay que evitar empezar a sembrar semillas de variedades occidentales “mejoradas”, pues desplazan a las variedades clásicas y acaban con ellas.

El siglo XXI y el avance de la legalización

La aparición de las variedades feminizadas, en los últimos años del siglo XX, así como de variedades autoflorecientes en la primera década del siglo XXI, han sido dos hitos muy importantes en la producción y cultivo de cannabis. Las feminizadas acabaron con el problema de sexar las plantas para eliminar los machos y asegurarse la producción sinsemilla. Las autoflorecientes han permitido a los cultivadores olvidarse de la dictadura del fotoperiodo. Se pueden sembrar en cualquier momento del año y madurar las plantas en los meses más cálidos y secos para evitar el frío y la lluvia del otoño.

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Las variedades mexicanas tradicionales no se parecen a las que introdujeron los campesinos de la India que llegaron al Caribe porque se hibridaron con el cáñamo de hoja estrecha.

El desarrollo del mercado de la marihuana medicinal y su legalización en muchos estados norteamericanos y algunos europeos y sudamericanos ha llevado a grandes empresas e importantes capitales a invertir en el cannabis.
Desde hace unos años, también ha empezado a legalizarse el uso lúdico en varios estados de Estados Unidos, en Canadá o Uruguay, una tendencia que parece que se va a ir extendiendo cada vez más.
Estos nuevos inversores tienen muchos medios y están empezando a desarrollar nuevas variedades muy distintas del cannabis tradicional que era, fundamentalmente, rico en THC. El CBD está cada vez más de moda por su baja psicoactividad y numerosas aplicaciones medicinales y, en los próximos años, van a aparecer nuevas variedades con gran proporción de otros cannabinoides aún poco conocidos.
José T. Gállego

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