UV-B y la síntesis de THC: Lecciones de fotobiología

Elizabeth Erhardt
19 Jan 2026

¿Por qué el cannabis produce cannabinoides? Durante décadas, esta pregunta ha guiado la investigación técnica. La respuesta más sólida proviene de la fotobiología y del análisis de cómo las plantas interactúan con su entorno. Basándonos en el influyente estudio de Lydon, Teramura y Coffman, analizamos cómo la radiación ultravioleta B (UV-B) actúa como el motor que dispara la potencia en los ejemplares de uso psicoactivo.


El experimento: Quimiotipos bajo la lupa del UV-B

El estudio realizado en la Universidad de Maryland fue pionero al comparar dos quimiotipos distintos de Cannabis sativa: el quimiotipo psicoactivo (alto en THC) y el quimiotipo de fibra. Durante 40 días, los investigadores sometieron a las plantas a dosis controladas de radiación UV-B para simular diferentes niveles de exposición solar.

Los resultados revelaron una diferencia biológica fundamental. Mientras que el cáñamo de fibra no mostró cambios significativos en su perfil químico, el quimiotipo psicoactivo respondió de manera lineal: la concentración de Δ9-THC aumentó proporcionalmente a la dosis de UV-B recibida en los tejidos florales y foliares.

 

El THC como escudo biológico

Una de las conclusiones más relevantes de esta investigación es la función adaptativa de la resina. El estudio sugiere que el THC funciona como un filtro protector o pantalla frente a la radiación. Al absorber los rayos UV-B, que son capaces de dañar el ADN y el sistema fotosintético, el THC protege las células reproductivas y los procesos vitales de la planta.

Esto explica por qué las variedades originarias de zonas con alta incidencia solar, como regiones ecuatoriales o de alta montaña, desarrollan naturalmente una mayor densidad de tricomas y niveles más altos de cannabinoides como mecanismo de supervivencia ante el estrés lumínico.

 

¿Afecta la radiación al rendimiento del cultivo?

Un temor frecuente es que el estrés provocado por la luz ultravioleta pueda reducir el tamaño o la salud de las plantas. Sin embargo, los datos demuestraron que, bajo dosis controladas:

  • No hubo alteraciones significativas en la altura de las plantas.
  • La biomasa y el peso seco final se mantuvieron estables.
  • La tasa de fotosíntesis no se vio afectada negativamente.

Esto confirma que la radiación UV-B es una herramienta de precisión. Permite elevar la calidad y el perfil químico sin sacrificar la producción, siempre que se maneje dentro de los parámetros científicos establecidos.

 

Cómo configurar tus LEDs UV basándote en la ciencia de Maryland

Para aplicar estos hallazgos en un entorno de cultivo moderno, no basta con encender una luz ultravioleta de forma ininterrumpida. La clave está en la dosificación y el momento.

  1. Fase de aplicación: Aunque el UV-B puede aplicarse desde el inicio, su mayor impacto ocurre durante la floración. Es en esta etapa cuando la planta está biológicamente predispuesta a generar la mayor cantidad de metabolitos secundarios para proteger sus flores.
  2. El método de pulsos: En lugar de mantener el UV encendido durante todo el fotoperiodo de 12 horas, los sistemas inteligentes de 2026 suelen aplicar pulsos de 2 a 3 horas durante el pico de intensidad lumínica (las horas centrales del día simulado). Esto imita el ciclo solar natural y maximiza la respuesta de defensa sin agotar los recursos energéticos de la planta.
  3. Control del VPD: La radiación UV-B puede aumentar la temperatura foliar. Es vital que tu sistema de control climático ajuste la humedad ambiental para mantener un Déficit de Presión de Vapor (VPD) estable, asegurando que los estomas permanezcan abiertos y la planta siga transpirando correctamente mientras genera resina protectora.

 

Referencia bibliográfica:

Lydon, J., Teramura, A. H. y Coffman, C. B. (1987). UV-B radiation effects on photosynthesis, growth and cannabinoid production of two Cannabis sativa chemotypes. Photochemistry and Photobiology, 46(2), 201-206. https://doi.org/10.1111/j.1751-1097.1987.tb04757.x

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