Un trip cannábico

Cannatour es la unión de cuatro amigos que quieren llevar más allá la experiencia de viajar. Entre mates y flores, armaron un plan, cruzar el charco de Montevideo a Buenos Aires para participar de las copas cannábicas argentinas.

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Cannatour es la unión de cuatro amigos que quieren llevar más allá la experiencia de viajar. Entre mates y flores, armaron un plan, cruzar el charco de Montevideo a Buenos Aires para participar de las copas cannábicas argentinas.

Aquella primera vez, hace tres primaveras, varios amigos estaban en el ferry que cruza el Río de la Plata pensando que aquel navío había sido el barco más fumón del río. 25 fumones carcajeando entre ómnibus, hostales y claro, la copa CABA y su fragante galpón.
En 2015 el equipo se animó a ir más lejos, ya eran 40 personas y con un bus llegaron a la Cata Copa Cultivadores Cannábicos (CCCC), había más gente, incluso de Brasil. Al año siguiente, de Villa Crespo pasaron a San Telmo. Como siempre, despertaron entre humos dulces, café y jugos, compartiendo “con los hermanos de distintas partes. Es una experiencia de y para amantes de esta planta”, dice uno de los organizadores.
Cuando a Marcelo Vázquez le llegó la invitación para participar en la CABA de hace tres años se junto con otros amigos, Diego del grow De la Planta y los Semilla Mística, y armaron el núcleo duro de lo que se terminó conociendo como el Cannatour. Primero un viaje desde Montevideo hasta la mítica copa CABA en Buenos Aires.
Aquella primera vez hicieron números y empezaron a juntar otros interesados en ir por primera vez. Juntaron 20 personas que cruzaron el Río de la Plata en ferry. Llegaron al hostal y de ahí a la copa.
Al año siguiente se habían duplicado como conejos. Alquilaron un ómnibus que iba lleno. Todos deseando llegar pero también pasando bien. Con parada para fumar incluida, obvio. Todos querían llegar porque el hotel tiene su piscina climatizada, habitación privada. La verdad es que nadie se quejó de nada. “En el hotel tenemos el domingo para curtirlo y el lunes de mañana estamos acá de vuelta”. Pero nada como el primer día, cuando dejás las maletas, probás con la punta de los pies la temperatura de la piscina climatizada y todo vuelve a tener sentido en la vida.
Ya tenían hasta nombre, Cannatour decidió ir a la CCCC porque “no es comercial, la diversión es muy buena. No falta nada, absolutamente nada, ni comida, ni fumar, es la copa”, enfatiza Vázquez. “Es el lugar para ir y pasarla bien, cero comercio. Hay mesa de pool, ping pong, juegos al aire libre y siempre con lindos días. La copa es amena, la gente es buena onda. Es al aire libre, no es selectiva, eso de que acá los cultivadores y allá la gilada. Hay una sola mesa larga para todos”.
Vázquez dice que la opción por la CCCC es porque hay menos “pose”, es una copa más “desestresada”, “una cuestión entre amigos más sincera, acá no se mide quién la tiene más larga, es una junta de amigos”, dice Vázquez.
Hay muchos aprendizajes en una copa. “Lo que me llevo de la copa es ver qué hace la gente. Me gusta el intercambio de cómo logran tal cosa, de cómo le pifiaron en alguna otra. Me interesa qué están plantando, es lo que siempre pregunto. Me llevo más eso, que quién ganó”, dice el entrvistado.
Este octubre será la segunda vez que vayan a la CCCC. Ida y vuelta, todo pago, almuerzo, merienda, cena y desayuno y el hotel además del ingreso a la copa por unos 250 dólares.
“El primero lo hicimos a puro pecho y vimos que se podía hacer, el segundo también fue con garra. Pero vimos que se podía andar más liviano. Lo que hay que mejorar son cosas nuestras. Hay mucho para aprender cada vez que vamos”, dice Vázquez.
Cuando éste organizador dice lo de aprender, va en serio. En el ferry fue gente que nunca fue a esa cosmópolis que es Buenos Aires. Montevideo es un pueblo. No hay subtes. “Cuando llegamos a la Avenida de Mayo uno de los que fue ve un agujero en la calle y pregunta qué es esto. Era una boca del subte. Estaban todos paraditos, mirando para abajo de la escalera. Entramos, éramos 20 uruguayos adentro de un subte. No lo podían creer, sacaban fotos. La gente que venía de trabajar nos miraba”.
Unos cuantos de los que viajaron la primera vez siguieron viajando. Algunos no repitieron porque no tenían cómo pagarlo. Para algunos hubo colecta, cada uno ponía algo más así iba la mayor cantidad de gente posible.
Cannatour no tiene fines de lucro, asegura Vázquez. “Dividimos los costos entre los que vamos, no se pone un peso más, no lo ponemos nosotros ni el pasajero. El bus tiene capacidad para 43, se divide entre eso, la comida, el hotel, cada gasto. Esperamos poder hacer de esto en algún momento una empresa para dar un servicio. Es la forma de crecer”, dice Vázquez.
Cannatour continúa creciendo, esperan ser más este año. Y también las marcas que los apoyan y hacen posibles regalos a los pasajeros como cervecerías artesanales, hostels, growshops, marcas.
por Andrés Guaraglia

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