Revistas cannábicas latinas: Haze, THC, Cáñamo, Sem Semente y Soft Secrets

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En América Latina comenzaron a soplar otros vientos para los consumidores de cannabis. Las revistas cannábicas latinas han jugado un papel fundamental para ganar la calle.
¿Cuándo, cómo y por qué nacieron?

Era diciembre de 2006 y este cronista, recién llegado a Buenos Aires, caminaba cerca de la estación de buses de Retiro. “Mira”, le indicó su acompañante, con un guiño cómplice. Era Albert Hofmann, el padre del LSD, en la portada de una revista. Tenía un tercer ojo en la frente y un halo mágico le salía de la cabeza. “Muy bien”, pensó el cronista, “me gusta esta ciudad”.

Revistas cannábicas latinas: THC

Lo que no sabía era que la revista recién acababa de salir –tras varios meses y muchas dificultades-a la calle. Se llamaba, sugestivamente, THC.

Al poco me convertí en un participante tangencial de esa primera etapa. Recuerdo una reunión con el señor director Sebastián Basalo, por entonces un chico de poco más de 20 años, en un bar de Palermo que hoy es una tienda de ropa; y otra en casa de Celeste, editora periodística, cerca de Plaza Almagro. Recuerdo la primera redacción, cerca de una parrilla donde fui testigo de cómo el comité editorial se tragaba un asado en tiempo récord. Los recuerdo apasionados por instalar un debate de cara a las elecciones para Jefe de Gobierno de la Ciudad de mediados de 2007, y haberme encargado un reportaje trunco sobre la posición de los candidatos sobre el cannabis (de paso, recuerdo al jefe de prensa de Mauricio Macri diciéndome “Mauricio de eso no va a hablar”).

Fui y volví y les perdí la pista varias veces. Escribí de tanto en tanto y durante un par de años me encargué de las reseñas de cine. Al principio, tal como en Chile con la edición local de Revista Cáñamo, los invitaban a los medios casi como una curiosidad, o para acusarlos. “¿Cómo es posible?”, preguntaban indignados los conductores.

Hoy, la cosa es distinta. En Argentina avanza en el Congreso el trámite para despenalizar el cultivo, tenencia y consumo de marihuana. El cambio está en marcha y THC ha sido un actor fundamental en el proceso.

Buceando un poco en esto y en cómo las revistas cannábicas han sabido ganarse un espacio no sólo en el kiosco sino que en la realidad argentina, es que nos reunimos con los directores tanto de THC como de Revista Haze. Dos encuentros, dos personas y hasta dos generaciones con motivaciones y pasiones distintas pero comunes, que se transforma en un diálogo tripartito, con idas y vueltas, saltos al pasado y al futuro.

Todo, en nombre de la planta.

Revistas cannábicas latinas: Haze

Son las cinco de la tarde de un jueves, hace un frío agradable de invierno y caminamos por Palermo hacia la redacción de Haze. Al llegar, ya en la escalera se siente el olor dulce de las mejores hierbas del país; el humo envuelve el ambiente y todos saludan afables. Haze se define como una revista de cultivadores y entre los presentes hay varios ganadores pasados (y de seguro, futuros) del calendario argentino de copas cannábicas. Están, entre otros, el Director de Arte, de Fotografía, y Alberto Huergo, su director. Nos sentamos en el living, que hace de centro operativo, y comenzamos.

“Todo arrancó con la escritura y edición de dos libros de cultivo”, cuenta Alberto. Venía de Estados Unidos, donde había pasado la mayor parte de la década del 90 y de regreso al país editó un pequeño manual de cultivo que llamó THC 9, en 2001, antes de la crisis. “El cultivo lo llevo en la sangre. Las plantas son mis hijas, tienen mi sangre y mi corazón”, dice, mientras nos autografía su segundo libro, editado en 2008. Sativa, cultivo interior tiene más de 600 páginas y contiene todo lo que hay que saber para cultivar indoor.

Alberto habla pausado y lo envuelve una cierta atmósfera mística. Alrededor suyo todo sucede un poco como en cámara lenta. “Se necesitaba una revista de cultivo, que se concentrara en la plantas. Que fuera una vidriera de los cultivos en Argentina. Una búsqueda, a través de la experiencia, de ‘qué es’ la planta”, dice, con sus dedos negros de resina.

Al día siguiente, sentado en su oficina, el director de THC se presenta como la otra cara de la hoja cannábica. Sebastián Basalo habla firme y sin pausa, con ideas claras y un discurso presto como para aplastar a su contrincante, listo para el debate.

Se ha tenido que curtir. Recuerda cuando partieron y los kiosqueros no exhibían la revista. “Entonces íbamos casi kiosco por kiosco preguntando por qué y convenciéndolos de que nada malo pasaría si la ponían junto a todas las otras publicaciones”. Se tuvo que defender cuando lo invitaban a los programas de televisión, donde lo trataban como un enviado de Satanás. Y de a poco ha sabido pasar de la defensa al ataque. Verbal, se entiende, ya que incluso tuvo que recibir –ecuánime ante la desgracia- un vaso con agua en la cara estando al aire, cuando el presidente de una asociación “contra las drogas” se quedó sin argumentos en un programa de noticias donde se discutía la despenalización.

“No me contenta que más gente fume, eso es irrelevante”, dice mientras pide disculpas porque va a almorzar mientras conversamos; son casi las 6 de la tarde y recién encontró un momento para hacerlo. Su oficina es austera. Un escritorio con dos sillas, un computador y un televisor. A espaldas de su interlocutor están pegadas las portadas de todas las ediciones de THC a la fecha. Cada vez hay menos espacio y en pocos meses la pared estará llena. “Pero sí me pone feliz que los que fuman hayan perdido el miedo de hacerlo”, continúa. Lo más gratificante de estos años es poder sentir el olor en la calle o ver una planta en un balcón”. Lo dice con un sentimiento de misión cumplida, de años de trabajo. Ha cambiado desde que nos conocimos hace más de un lustro. Está afilado. Es un invitado constante a charlas y debates sobre la despenalización y participó de lleno en la elaboración del proyecto de Ley presentado por la diputada del Frente Amplio Progresista, Victoria Donda, para despenalizar el cultivo personal de marihuana.

“Nosotros hemos abrazado el autocultivo como bandera política”, continúa mientras veo desparecer una bondiola con papas fritas, una muestra de que si algo no ha cambiado ha sido su dieta. “El objetivo era generar cambios en las conductas individuales que luego se expandan al resto de la sociedad y perduren en el tiempo”.

Aunque no siempre fue así. Al comienzo, la idea era, básicamente, poder hablar de lo que no se hablaba. “La palabra clave era informar”, recuerda. “Poder hablar de sustancias de las que hasta ese momento no se podía hablar. También buscábamos dar cuenta de la existencia de una ‘cultura cannábica’, de una fenomenología en torno a la marihuana que necesitaba de un medio de expresión”.

Y ganaron su espacio, algo que Alberto y su equipo de Haze reconocen plenamente. “THC permitió que cuando salimos a la calle, en 2010, hubiera un lugar donde colocarnos en el kiosco”, dice Guillermo, editor fotográfico de la Haze. Porque si THC se define como una revista de la “cultura cannnábica”, que debería dar cuenta de todos los aspectos de la sociedad a través del filtro de las drogas y la marihuana en particular (“tenemos una sección de política, espectáculos, policiales, actualidad, cultivo, cocina, y nos gustaría tener una sección de deportes…” dice Basalo), Haze apuesta al núcleo duro de los cultivadores. Vende 5 mil ejemplares y THC 32 mil. No es difícil darse cuenta que los lectores de Haze son también de THC. “Haze da cuenta del avance de los cultivadores y los acompaña a medida que van perfeccionando sus habilidades con la planta”, dice Huergo. “La idea es trabajar a partir de la experiencias de los cultivadores, que compartan sus problemas y experiencias de cultivo, que prueben el armado de sus propias plantas”.

El hecho de que el cultivo y su profesionalización –a pesar de la prohibición- ha ido creciendo queda evidenciado, según Huergo, por la forma en que las copas cannábicas se han esparcido por la Argentina. “Hoy hay un calendario de copas”, dice. “Eso hace cinco años no existía”.

Que Haze sea una revista de cultivadores queda plasmado en la oficina de su director. “Tenemos todas las copas que hemos ganado ahí, como si fuéramos un club de barrio. El sueño es que, cuando la marihuana se legalice, podamos abrir el coffee shop Haze”.

A unas cuadras, en THC, el sueño parece estarse acercando. “La toma de posición en un sentido más político no estaba planificada pero se fue dando con el correr de los acontecimientos. La realidad nos fue llevando hasta ahí y hoy creemos que THC ha contribuido a cambiar esta realidad. Fuimos el primer medio cannábico 100% latinoamericano y nos terminamos transformando en la vidriera de un fenómeno que ciertamente nos excede, donde hay gente siguiendo al cannabis desde las más diversas disciplinas”.

Que no se corte.

Revistas cannábicas latinas: Cáñamo Chile

Hace siete años, el cronista se había tomado una especie de año sabático para estudiar. La idea era trabajar lo mínimo indispensable y así tener tiempo de leer libros gordos y ver películas viejas. Una vida austera sin demasiadas exigencias.

Parte de esa paz fue perturbada por la aparición de revista Cáñamo Chile, la edición santiaguina de la conocida revista española. La razón: en cuanto supe de su existencia quise ser parte del proyecto.

Un café en la Plaza Ñuñoa con el entonces editor periodístico y me vi participando de las reuniones de pauta durante el primer año de la publicación, por esos días única en su tipo en Latinoamérica entre las revistas cannábicas latinas.

En la redacción de Santa Isabel y Vicuña Mackenna supe de sapos mágicos y otras cosas, algunas de las cuales jamás había oído hablar y de las que nunca más volví a escuchar. Se venían las elecciones presidenciales de 2005 y recuerdo que el objetivo era tratar de instalar un cierto debate en torno al cannabis, sobre todo apuntando a la despenalización del cultivo.

Hasta ahora, verdad sea dicha, es poco lo que se ha avanzado. Justo ese año el Congreso se despachó con la Ley 20.000 sobre drogas, aun más represiva que la anterior. Y aunque en 2009 uno de los miembros del comité editorial de la revista se lanzó a diputado, no hubo caso.

Aun así, Cáñamo Chile supo ganarse un espacio. En ese tiempo verla en los kioscos era una revelación y –para quienes creemos que el consumo de drogas debería ser un tema de decisión personal sin un Estado represivo mediante- era un orgullo decir que uno, de alguna manera, formaba parte de ese viento fresco. Hoy hay más grow shops y tiendas relacionadas a la vista, y con Lagos Weber y Fulvio Rossi presentando un proyecto despenalizador se respira una cierta idea de que las cosas podrían llegar a cambiar.

Revistas cannábicas latinas: Sem Semente

“Brotou”, decía la portada de revista Semsemente (sin semilla) de la edición 01 de Mayo/Junio de este año. Se trata de la primera publicación brasileña sobre cannabis y tal como en cada país donde sale algo así, levantó su cuota de polvareda.

La revista enfrentó problemas para imprimir y distribuir, y ha sido objeto de constantes ataques en los medios tradicionales brasileños por parte de los representantes de las organizaciones “antidrogas”.

Aún así, ya está en la calle.

Revistas cannábicas latinas: Soft Secrets

A mediados del año pasado recibí un correo electrónico de Cristian Silva, el señor director de la publicación que hoy usted, lector-cultivador, tiene entre sus manos. Ya estaba advertido por otro reportero cannábico que las había oficiado de Celestino periodístico, por lo que el contacto no me pilló por sorpresa. Cristian estaba buscando armar un equipo y arreglamos un encuentro en Buenos Aires, en el barcito-club deportivo Eros, una isla entre las súper-cool tendencias de Palermo.

Cristian me habló del proyecto de publicación bi-nacional y me sorprendió con la historia de la revista y la forma en que funcionaba alrededor del mundo. Algo que, en cierta manera, aseguraba la buena aceptación que ha tenido en este primer año de vida en Argentina y Chile.

Pocos saben que Soft Secrets empezó como una revista para los clientes del primer grow shop del mundo en 1985, el Positronics de Ámsterdam. En esa época la publicación se asemejaba a un periódico escolar y con un público muy reducido. Así estuvo un par de años hasta que el empresario de cannábico Boy Ramsahai se hizo cargo del tema. Vio un nicho poco explotado, compró la publicación y contrató al holandés Cliff Cremer –de la revista High Life– como redactor jefe. El objetivo era que siguiera siendo gratis y que la lectura fuera financiada (porque si algo es difícil de encontrar es algo gratis) por los bancos de semillas y otros auspiciantes.

Cremer, al tomar el timón editorial, lo hizo con una intención muy definida. A diferencia de los temarios amplios de revistas como High Times o Cáñamo, Soft Secrets sería una revista para cultivadores creada por cultivadores. El título jugaba un poco con el tema: los secretos de cultivo difundidos en la revista no serían “strong secrets”, o técnicas complejas que nadie pudiera aplicar, sino que soft secrets,datos simples y accesibles que cualquier cultivador pudiera utilizar y compartir.

La idea fue un éxito y la transformó en referente obligado de todos los coffee shops, grow shops y head shops de Holanda. Esa idea de que algo gratis no puede ser bueno no tiene cabida entre los cultivadores europeos y por ejemplo en Inglaterra, la demanda es tal que en muchos grows de ese país la revista está reservada para los mejores clientes. Soft Secrets cruzó el Océano y hoy es unad e las referencias entre las revistas cannábicas latinas.

Hace un par de meses hablé por teléfono con Cliff Cremer para una nota que publicamos sobre la historia del movimiento cannábico en Holanda. Nos costó coordinar dada lo apretada de su agenda, pero el diálogo se dio fluido, muy amistoso, casi familiar. Recuerdo su lamento por todo lo que había hecho el gobierno conservador holandés en contra de las libertades ganadas a lo largo de décadas y cómo, con franqueza, aclaraba que el problema es que ahora a nadie le importaba el tema, que el daño ya estaba hecho y que, en parte, había que empezar muchas cosas de nuevo.

Pero Cremer tiene a Soft Secrets para difundir y dar la pelea contra la desinformación. Un millón y medio de copias al año en 8 idiomas y 14 países (Holanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Suiza, Austria, República Checa, Italia, Polonia, España, Estados Unidos, Chile, Argentina y Uruguay) es una buena base para retomar la pelea y desde esta humilde trinchera al sur del mundo, nos enlistamos. Las revistas cannábicas latinas tiene mucho para decir.

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