Copas Cannábicas: Una competencia sin perdedores

Soft Secrets
17 May 2012

Una competencia son perdedores


La historia de las copas cannábicas

Las copas cannábicas se están transformando en el mejor espacio de intercambio de datos y conocimiento entre los cultivadores de la región. Un recorrido que todos quieren hacer.

Muchos de quienes leen estas líneas habrán visto la segunda parte de la serie de películas fumonas Harold & Kumar. ¿Hacia dónde van volando los protagonistas antes de terminar en Guantánamo? Hacia… Ámsterdam. No nos sorprende, cualquier consumidor que se precie de tal tiene en su lista de viajes una peregrinación cannábica a la capital holandesa. Los coffee shops, los museos cannábicos, el Salón de la Fama del Cannabis, los cuarteles centrales de Soft Secrets. Para un fumador, Ámsterdam es mucho más esto que bicicletas y casas flotantes.

Pero bueno, hace 25 años las cosas no eran así. Hace 25 años esto lo sabían muy pocos. Y hace 25 años, por suerte, allí estuvo Steven Hager. El entonces editor de la revista High Times, Steven Hager, da el puntapié inicial al que sin dudas hoy es el mayor evento cannábico del planeta: la Cannabis Cup de Ámsterdam, que cada año se celebra el fin de semana de Acción de Gracias - el primer jueves de noviembre - en la capital holandesa.

Hager había asumido recientemente como editor de High Times y, como parte de su nuevo trabajo, viaja a Holanda para escribir El rey del cannabis, una nota sobre la primera compañía de semillas de ese país –Seed Bank-, fundada por un australiano que hoy disfruta de una impresionante cuenta bancaria gracias a su pionera idea de enviar las semillas por correo, algo que nadie hacía en los años 80.

Entre reunión y reunión, Hager termina tomando unas cervezas con los dueños de la compañía de semillas Cultivator's Choice, unos hippies de primera generación que por esos días se debatían entre la vida y la bancarrota en Estados Unidos. Los ahora empresarios, que tenían impregnado el discurso “antes todo era mejor”, no dejaban de decirle al joven Hager lo fantásticos que eran los festivales de cosecha que se hacían en California a fines de los 60 y principios de los 70, eventos que duraron hasta que el amigo Richard Nixon llegó para terminar con la fiesta “Si se pudo hacer entonces, lo podemos hacer ahora”, pensó Hager. Y dijo: “acá, en Ámsterdam, es posible”.

Copa cannábica: la primer fiesta

Hager volvió a Estados Unidos con la idea y consiguió un poco de financiamiento de la revista. Al principio fue todo bastante artesanal. En la primera versión solo hubo cuatro bancos de semillas en competencia, los jueces fueron Hager y dos amigos y el premio fue una cena en un restorán de Ámsterdam para el equipo, los competidores y, claro, los primeros ganadores: la hoy icónica Skunk #1 de Cultivator’s Choice.

La cosa tuvo tan bajo perfil que ni en la misma redacción de High Times se le dio mucha bola. Hager fue acusado de armar un esquema financiado por la publicación que -a simple vista- no consistía en más que, una vez al año, él viajando con un par de amigos a Ámsterdam a fumar marihuana durante una semana.

Su respuesta fue inhabilitarse como jurado y dedicarse  a transformar la deficitaria copa en un evento rentable, consiguiendo auspiciadores y cobrando entrada.

Y la cosa fue tomando cuerpo. Para la tercera edición consiguió que el afiche fuera diseñado por los artistas Gilbert Shelton y Paul Mavrides, a quienes se les pagó invitándolos a ser jurados. Esto fue sumando la atención mediática sobre el evento y de Japón a Inglaterra o de Alemania a Estados Unidos, los principales medios de esos países dedicaron algún reportaje en profundidad al evento. Esto a la DEA no le gustó nada y lanzó una operación para cerrar tanto el Seed Bank como High Times, argumentando que el banco de semillas era un brazo encubierto de la revista para financiarse.

Pero la cosa era imparable. Los asistentes de entrada paga -llamados “jurados”- aumentaban año tras año y los “jurados célebres” eran cada vez más célebres: Control Machete, Rita Marley diciendo que el espíritu de Bob está en el evento o Patti Smith fueron algunos de quienes pisaron la “alfombra verde” de la copa. Para celebrar los diez años, en 1997 se creó el Salón de la Fama de la Contracultura. Teniendo como primer integrante a Bob Marley, sus pasillos hoy cuentan con las presencias simbólicas de, entre otros, Bob Dylan, Louis Armstrong, Jack Herer, el tándem Tommy Chong-Cheech Marin y el cuarteto beatnik Burroughs-Ginsberg-Cassady-Kerouac.

Aunque el evento tuvo un declive en cantidad de asistentes a principios del nuevo milenio, afectado por el atentado a las Torres Gemelas (la mayoría de los participantes proviene de Estados Unidos), de a poco fue recuperando la mística hasta alcanzar un récord de 2.300 jurados en 2008.

Incluso fueron tantos los jurados que hubo que barajar y dar de nuevo, creando un jurado especial llamado “los Náufragos del Cannabis”: seis dementes en una casa flotante durante tres días con acceso ilimitado a todas las muestras de los participantes. Cuando, 72 horas después salen, casi arrastrándose, tienen en su poder el nombre del ganador. El año pasado, la ganadora fue una Liberty Haze cultivada por Barney’s Coffee Shop.

Copas cannábicas: El principio del fin

Hager fue el editor que se encargó de sacar de la High Times el material en torno a drogas como cocaína y heroína, para enfocarse en el autocultivo y la defensa del derecho al consumo de marihuana. Aunque partiera de forma bastante artesanal como un foro pro cultivo personal, hoy la Cannabis Cup es un evento que durante ese fin de semana puebla a Ámsterdam de turistas cannábicos, que tiene convenios con hoteles e incluye música en vivo, shows de comediantes y claro, una interminable exposición de productos asociados al cultivo y consumo de marihuana. Su repercusión es tal que es común que las nuevas variedades creadas por los bancos de semillas hagan su presentación en sociedad en la copa, en busca de publicidad. Como si la ganadora del Óscar se estrenara después de la ceremonia, la demanda por la semilla campeona está asegurada.

Pero nada es para siempre. En 2008 los hongos fueron prohibidos en Holanda y el año pasado se dio el primer paso para una ordenanza que causará un daño irreparable en el turismo cannábico que con su constante peregrinación puebla las calles de Ámsterdam: a partir del 1 de enero de 2013 se exigirá la presentación de una tarjeta de residente para entrar a los coffee shops, lo que preanuncia que 2012 será la última edición holandesa de la Cannabis Cup.

La preventa de pases de jurado, ya disponibles en Internet a 250 euros cada uno, esperan superar las 3 mil ventas.

Copas cannábicas al sur

Hay en Holanda, España, Canadá y, con reparos, en Estados Unidos. Y en Argentina, sí señor. Gracias a una “actitud desafiante, militante si se quiere”, según escribió Santiago O’Donell hace unos años en una crónica en Gatopardo, desde hace más de una década que en Buenos Aires se celebra una versión local de este tipo de encuentros. Pionera en la región, la Copa Cannábica del Plata todavía es un sueño hecho realidad. Año a año, cultivadores de toda Argentina y los países vecinos se fueron dando cita en la Reina del Plata para medir unos con otros sus habilidades como cultivadores.

Hoy, un poco como sucede con la Cannabis Cup, la Copa Cannábica del Plata se ha convertido en una feria donde se dan cita representantes de grow shops, bancos de semillas y otras publicitarias. Se hacen talleres y debates sobre vaporizadores, botánica, cultivo, genética, cata y de consejos legales; además de competencias “laterales”, como la de armado. Es la más antigua, la más tradicional y, en cierta forma, las más conservadora, debido a su estructura ferial.

Pero no es la única, ya que en los últimos dos o tres años fue apareciendo una serie de versiones locales, cada una con sus objetivos y particularidades. Además de Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Neuquén y Ushuaia son ciudades donde las copas cannábicas dicen “presente”.

Tal como dice en la convocatoria de la Copa del Plata, la mayoría de estos eventos se basa “en la apreciación crítica de distintas muestras de cannabis desde diversos criterios, tales como los organolépticos (presencia, olor, textura, calidad del secado y curado); inhalación (aroma, gusto y sus matices), así como sus características psicoactivas (apetito, tipo de “mambo” –volada, para los chilenos-, duración e intensidad de sus efectos)”. Y cada una tiene sus matices, sobre todo dependiendo del tamaño de la convocatoria.

En las más grandes (Del Plata y Ciudad de Buenos Aires, o CABA) el procedimiento es más o menos similar. Quienes quieran participar deben enviar una muestra con 10 gramos de cogollos secados, manicurados y limpios de hojas y tallos, y el equivalente a aproximadamente US$ 80. Seis de los gramos entregados van para el jurado y 4 son devueltos entre los mismos participantes el día del evento. Esto da derecho a cada participante a recibir 4 muestras distintas para catar y calificar el día del evento, al cual puede asistir solo o con un acompañante.

El humo se expande en las copas cannábicas

“Esta es la copa-fiesta”, dice orgulloso René, uno de los organizadores de la Copa CABA, que desde hace un lustro compite palmo a palmo con la más tradicional Del Plata. René cuenta que hay dos características especiales que la diferencian de la pionera: “acá eliminamos un poco toda la ceremonia y la seriedad. La diferencia de esta copa es que es una copa de cultivadores para cultivadores. No tenemos charlas legales ni cosas parecidas. Lo que nosotros tratamos de hacer es aumentar lo más posible la experiencia sensorial de la marihuana: ponemos el acento en la comida, en la iluminación, en la música, tenemos bandas tocando. También hay concursos de armado y sorteamos semillas”.

Y no le ha ido mal. De ser una maratón fumona ha conseguido organizarse y conseguir una veintena de sponsors para financiar lo que René llama “una orgía cannábica para 500 personas, donde se fuma la mejor marihuana de la Argentina. La nuestra es una apuesta por una Buenos Aires alegre y feliz”.

La Copa CABA se celebra a fines de junio (la ganadora del año pasado fue una Medical Seed 2046) y se está pensando hacer una edición de primavera en noviembre, con la cosecha del invierno. “El clima nos permite tener dos cosechas”, dice René. “La tradicional de abril-mayo y otra en octubre-noviembre, producto de un proceso más rápido. Se planta en mayo y por el frío las plantas crecen más pequeñas pero con la resina más concentrada. Por ahora solo hacemos una cata, pero es probable que la transformemos en una edición primavera de la copa”.

Quien no tiene la suerte de dos cosechas es Diego, quien desde Ushuaia es uno de los organizadores de la “Cata del Fin del Mundo”. “Acá todo es cultivo indoor. Estamos tratando de probar con un poco de cultivo de guerrilla pero es difícil. Como acá los días son más largos en verano, la floración es más rápida. Además la tierra es excelente, con arena negra y guano de murciélago natural, pero cuando viene la primera helada se escarcha todo, y hay que estar muy atentos a eso”. De todos modos, cuenta Diego, la de Ushuaia es más una reunión de cata que una copa propiamente tal. Aunque viene gente de las ciudades aledañas -incluyendo Punta Arenas-, Ushuaia, con solo 100 mil  habitantes, tiene una comunidad proporcionalmente reducida de acuerdo a eso, y tiene que convivir con todos los infiernos grandes de un pueblo chico. “Todo el mundo se conoce, los fumadores no deben superar las 100 personas y los que nos reunimos como comunidad cannábica no somos más de 25”, dice.

De todos modos, Diego festeja la realización de la Cata del Fin del Mundo. “Nos ha ayudado como cultivadores. El hecho de juntarse y compartir experiencias con otras personas e intercambiar datos te abre la cabeza. A partir de ahí todos quieren mejorar”, cuenta.

A la misma conclusión, aunque con más experiencia en el cuerpo, llegan los organizadores de las copas de Córdoba y Mar del Plata, Daniel y Nahuel.

“Hasta 2011 Córdoba no tenía un evento que se incorporase a una agenda de competencia y socialización como son las copas cannábicas”, dice Daniel, contando cómo la copa cordobesa arrancó a lo grande, convocando a más de 100 personas en la primera competencia, el año pasado. La Comunidad Cannábica de Córdoba, que ya organizó cuatro marchas y más de 20 fiestas cannábicas, además de una serie de charlas en la Universidad Nacional de Córdoba, tiene impronta militante. “Lo importante es que este tipo de eventos sirva para socializar el cannabis, que circule y se transmitan los conocimientos entre los cultivadores y que la fiesta tenga la mística del encuentro con las plantas”, dice Daniel, que el año pasado vio cómo una Medical Seeds 2046, la misma ganadora de la Copa CABA, también se ceñía la corona cordobesa.

Es por esto que la versión copera de esta ciudad divide sus competencias en iniciados y masters. “Entendemos que la forma de abrir el juego del modelo copero tradicional es permitiendo que los nuevos cultivadores participen compitiendo con cualquier genética y sin mayores exigencias, y dejar que los maestros se saquen brillo entre sí, aportando sus conocimientos entre cata y cata”, dice Daniel. “El movimiento de autocultivadores en Argentina se expande exponencialmente y ese crecimiento nos permite verificar que en poco tiempo Argentina y sus cultivadores desarrollaron un potencial impensado. Lejos ya de las ‘Paraguay por Paraguay’, podemos encontrar todo tipo de genéticas, calidades y capacidades en indoorismo y cultivo de guerrilla”.

Junto al mar, Nahuel cuenta que la Copa del Mar, en Mar del Plata, más que una competencia, también apuesta ser una reunión que sirva para que los autocultivadores compartan experiencias. “Lo nuestro es una reunión de autocultidadores y la copa no tiene el toque comercial de las de Buenos Aires”, dice. La Agrupación Marplatense de Cannabicultores es la primera asociación de este tipo que en Argentina tiene personería jurídica y, en ese sentido, lo suyo es el activismo. “La primera copa, el año pasado, fue un desafío. Ahora lo veo como una oportunidad de hacer algo en grande”.

¿Su gran particularidad? Es la única copa que no se hace en junio-julio, sino que en primavera. “Nunca llegábamos con el secado y curado como debía ser, así que nuestra versión es en octubre”, donde el año pasado resultó ganadora una Destroyer in door.

Y, claro, para el bajón hay mariscos.

 

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