Cultivo vertical casero: El donut de cogollos

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05 Jan 2013

¿Qué te parecería un sistema de cultivo que te permitiese aumentar en un 50% la luz que reciben tus plantas, sin gastar más en electricidad, ni cambiar de lámpara? ¿Y si además te permitiese acercar más las plantas a la bombilla y obtener rendimientos de 1,3 g/w o incluso mayores? No es magia ni ciencia ficción, sino el resultado de girar la lámpara noventa grados y quitarle el reflector. Si estas harto de la horizontalidad, bienvenido al cultivo vertical.


En la casi totalidad de los cultivos de interior las lámparas se cuelgan de modo que las bombillas quedan en posición horizontal. Cómo las plantas están debajo de la lámpara, se añade un reflector que redirige hacia abajo la luz que se emite hacia arriba. La industria ha ido desarrollando reflectores cada vez más efectivos y capaces de reflejar la mayor cantidad de luz. Todo muy lógico hasta que a alguien se le ocurrió una forma completamente distinta de enfocar el problema. ¿No sería mejor usar la luz directamente y no tener que reflejarla?

Las bombillas de alta presión, tanto las de sodio, como las de halogenuros metálicos, emiten luz  en todas direcciones, sin embargo, la mayoría de los cultivadores las utiliza horizontalmente, de manera que sólo la mitad de la luz viaja directamente desde la bombilla hasta las plantas, mientras que la otra mitad debe rebotar en el reflector antes de llegar a ellas. Podría parecer que el reflector dirige toda la luz hacia las plantas, de modo que nada se pierde, en realidad no es así.

 

Ley inversa del cuadrado de la distancia

Según la ley inversa del cuadrado de la distancia, la intensidad de la luz es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia desde el punto de emisión. Esto quiere decir que conforme se aleja la lámpara de las plantas la intensidad de la luz se reduce mucho, de modo que al doble de distancia llega la cuarta parte de luz. Esta ley se resume en la siguiente fórmula: I=L/D2, donde I es la intensidad, L la luz emitida por la lámpara y D la distancia a las plantas.

 

Teniendo en cuenta esta ley ¿Cuánta luz llega finalmente a las plantas cuando se utiliza un reflector?

La mitad de la luz emitida por la lámpara, la que sale desde la bombilla hacia abajo, llega directamente a las plantas que están, por ejemplo, a 30 centímetros. La otra mitad sale dirigida hacia arriba y debe rebotar en el reflector antes de empezar el recorrido hacia las plantas, es decir, además de los 30 centímetros debe recorrer otros 30 más, de ida y vuelta al reflector.

La fase vegetativa se completa con dos semanas de halogenuros metalizados, las plantas de la foto aún deben ser trasplantadas a sus macetas definitivas de siete litros.

El cincuenta por ciento de la luz que emite la bombilla, toda la que sale en dirección al reflector, debe recorrer el doble de distancia hasta llegar a las plantas y, por tanto, queda en un 12,5% (50:4=12,5). Es decir, las plantas reciben directamente un 50 por ciento de la luz, la que fue emitida hacia abajo, y un 12,5 por ciento de luz rebotada, en total el 62,5 por ciento de la luz emitida por la bombilla. ¡Apenas dos tercios del total!

Resumiendo: si se coloca la bombilla en posición horizontal y con reflector, se pierde un tercio de los lúmenes. Estas cifras son orientativas y los datos exactos dependen en gran medida de las características de cada reflector, pero incluso con los más avanzados, el porcentaje de luz desaprovechada es notable. De los 90.000 lúmenes que da una lámpara HPS de 600w, las plantas sólo están recibiendo unos 60.000. Cambiando al cultivo vertical se pueden disfrutar los 90.000, un 50 por ciento más, sin gastar más electricidad y ahorrándose el reflector.

 

¿Qué se puede hacer para no desperdiciar luz?

El sistema más efectivo es aprovechar toda la luz directamente, sin que tenga que rebotar en ningún sitio. En lugar de dirigir la luz hacia donde están las plantas hay que situar las plantas donde está la luz. Existen muchas técnicas distintas para cultivar con bombillas desnudas en vertical, pero todas coinciden en un aspecto, las plantas no se sitúan bajo las lámparas sino que las rodean, aprovechando la luz emitida en los 360º. En esta posición las lámparas de alta presión emiten la práctica totalidad de la luz hacia los lados, una pequeña parte hacia abajo y casi nada hacia arriba, por lo que las plantas deben estar situadas alrededor de la bombilla y a la distancia ideal para aprovechar la luz en su máxima intensidad, pero sin llegar a quemarse por el calor.

El primer paso es desmontar el reflector y colgar la lámpara en vertical. Las lámparas de alta presión de sodio se pueden colocar en cualquier posición, así como la mayoría de las de halogenuros metálicos. Las pocas que no se pueden situar en vertical llevan escrito en la bombilla el símbolo HOR. No conviene colgar las lámparas directamente por el cable, es más seguro fijar una cadena o una cuerda al casquillo, de ese modo las conexiones no sufren tensiones innecesarias. Cuidado, las bombillas encendidas alcanzan temperaturas muy altas y al estar en medio de las plantas y sin un reflector resulta muy fácil quemarse con ellas.

 

Ventajas de la iluminación vertical

  • Se aprovecha el 100% de la luz, entre un 30 y un 50 por ciento más que en la posición horizontal habitual.
  • El calor no se acumula en torno a la lámpara, pues no hay un reflector que detenga la tendencia natural del aire caliente a elevarse. Además, los ventiladores situados bajo las lámparas soplan aire verticalmente, empujando el calor hacia arriba y permitiendo que las plantas permanezcan frescas y con un suministro constante de aire.
  • Al recibir la luz lateralmente y no sólo desde arriba, las plantas tienen a estirarse algo menos que en los sistemas horizontales.
  • Permite que una gran parte de la planta se encuentre a la distancia óptima de la lámpara, al contrario de lo que sucede en la iluminación horizontal, donde los cogollos más altos reciben mucha luz, pero las partes inferiores quedan muy sombreadas.
  • La iluminación intensa de las partes bajas de la planta permite la formación de cogollos de calidad a lo largo de toda su altura. Incluso los cogollitos que nacen en la base del tronco maduran bien y se llenan de resina.

 

El donut de cogollos

Hay muchos sistemas de cultivo que utilizan las bombillas desnudas colgadas en vertical. Se pueden cultivar plantas enormes rodeadas de bombillas colgantes o construir sistemas en estadio, en que las plantas crecen en estantes a diversas alturas formando una especie de gradería. Cada cultivador puede idear su propio sistema siempre que las plantas rodeen a la lámpara. En nuestro caso queríamos un sistema que utilizara un número moderado de plantas, permitiese buenas cosechas y se pudiese adaptar a todo tipo de genéticas. También tenía que permitir el riego automático desde un depósito de recirculación. Un sistema capaz de grandes prestaciones, pero que pudiera dejarse sin vigilancia durante unos pocos días.

El donut de cogollos no es más que un grupo de plantas colocadas en círculo y con una lámpara desnuda y en vertical colgando entre ellas. Las plantas crecen alrededor de la lámpara y captan toda la luz que esta emite, sin que se desperdicie prácticamente nada. De hecho, cuando el donut es bien frondoso, apenas se ilumina el resto de la habitación, toda la luz queda atrapada entre las plantas.

Situamos las plantas, en macetas de siete litros, sobre una bandeja de cultivo colocada encima de unos caballetes y con un depósito debajo para la solución nutriente. El riego es por goteo y está automatizado. Una bomba de 800 l/h conectada a un temporizador se encarga de regar las plantas de dos a cuatro veces al día, dependiendo de su tamaño, durante quince minutos. El agua sobrante que escurre de las macetas vuelve al depósito.

 

Enmallado vertical

Un problema habitual en los cultivos verticales es que las ramas se acercan demasiado a las bombillas y se queman. Buscando la manera de evitarlo decidimos utilizar un sistema de enmallado o Screen of Green, ya que siempre hemos tenido muy buenos resultados con ellos. Son sistemas muy prácticos pues permiten recolocar los cogollos para crear una copa uniforme y aprovechar mejor la luz. La idea era fabricar un cilindro de malla  en el que ir enredando aquellas ramas que no crecieran en la dirección correcta. Al final de la floración la malla debería acabar completamente recubierta de cogollos.

Es muy frecuente, sobre todo entre los cultivadores que empiezan en interior a partir con semillas, que las plantas se les hagan demasiado altas durante la floración con todos los problemas que eso conlleva: plantas superando en altura a la lámpara y chocando contra el techo, cogollos chamuscados por la bombilla y falta de luz en las partes bajas de las plantas. Una ventaja añadida de los sistemas verticales de enmallado en que eliminan estos problemas: gracias a la malla se pueden recolocar las ramas y controlar perfectamente la altura de las plantas de modo que la luz llega a todos lados. Uno de los síntomas más claros de esto es que podemos observar cogollos bien hechos desde la misma base del tallo principal, a pocos centímetros del sustrato.

Después de varios prototipos hemos dado con una técnica muy sencilla para formar los cilindros de malla. Hay que hacer dos aros con dos trozos de manguera de polietileno de 16mm de unos tres metros de longitud cada uno (para un cilindro de un metro de diámetro aproximadamente). A continuación colocamos uno de ellos apoyado sobre las macetas y lo atamos a las esquinas de la mesa de cultivo. El segundo aro se cuelga del techo, a una altura de 80 centímetros por encima del primero (hicimos algunas mallas de 100 cm de altura pero resultaron demasiado altas para la mayoría de las variedades, aunque son perfectas para las genéticas sativas que más se estiran). La malla se cose a ambos aros con bridas de plástico para formar el cilindro. Una vez acabado conviene tensar las ataduras del aro superior para que la malla quede bien estirada. Escogimos una malla con agujeros grandes (20 x 20 centímetros) porque resulta más fácil meter las manos y las ramas a través de ellos.

En el centro de la cama de cultivo y apuntando verticalmente instalamos un ventilador, mientras las lámparas están encendidas produce una corriente constante de aire ascendente que refrigera la bombilla y reduce la temperatura alrededor de los cogollos. Este ventilador produce un efecto similar al de un cool-tube, permitiendo que las ramas se puedan acercar más a la bombilla sin quemarse. Hemos observado que los cogollos aguantan perfectamente a sólo quince centímetros de la bombilla, siempre que la temperatura de la habitación se mantenga por debajo de 25º C. No siempre es bueno que se acerquen tanto aunque no se quemen. En ocasiones y dependiendo de las variedades, cuando se acercan demasiado aparecen manchas blancas en los cogollos ocasionadas por exceso de luz. Generalmente desaparecen si se alejan un poco de la bombilla.

 

Triplica la superficie iluminada

Una gran ventaja de este sistema de cultivo es que aumenta mucho la superficie iluminada. Con una lámpara de alta presión de 600w en posición horizontal se puede iluminar una superficie de aproximadamente un metro cuadrado. En cambio, en el sistema del donut de cogollos la lámpara cubre una superficie mucho mayor. La superficie del cilindro de malla, donde se enredan los cogollos, es de 2,4 metros cuadrados para los de ochenta centímetros de altura y de 3 m2 para los de 100 cm. Una superficie iluminada entre 2,5 y 3 veces mayor que utilizando la lámpara en horizontal y con reflector.

En resumen, la bombilla desnuda y en vertical ofrece grandes ventajas: un 50% más de luz, una superficie iluminada dos o tres veces mayor y unas temperaturas que permiten que los cogollos se acerquen mucho a la luz y la aprovechen en su máxima intensidad.

Los esquejes enraízan en un clonador hidropónico iluminado con fluorescentes. Los mejores resultados los hemos obtenido con agua pura de osmosis, sin nutrientes ni hormonas, que se mantiene muy oxigenada por medio de una bomba de aire y a una temperatura constante de 28º C gracias a un calentador de acuarios. Una ventaja de estos esquejeros es que no hace falta cubrirlos para mantener alta la humedad, por lo que no existe el riesgo de aparición de hongos y otras pudriciones tan común en otros sistemas. Gracias a que los tallos siempre tienen un centímetro o dos sumergido en agua, las plantas no se deshidratan. Los esquejes enraízan, de media, en una semana, aunque hay variedades más rápidas que otras.

 

Importancia de la fase vegetativa

Un error muy habitual entre los cultivadores, y que condiciona toda la cosecha, es no prestar suficiente atención a la fase vegetativa de las plantas. Es verdad que los cogollos, que es lo que el cultivador busca, se producen durante la floración, pero no es menos cierto que la estructura sobre la que se construyen los cogollos y el sistema de raíces que debe alimentarlos se desarrollan en la fase vegetativa. El cultivador que busca cogollos de lo que realmente tiene que preocuparse es de las raíces, ellas son las que se encargan de obtener los nutrientes que permitirán a la planta fabricar los cogollos.

Al momento de cambiar el fotoperiodo para iniciar la floración, las plantas deben estar sanas, bien alimentadas y contar con un potente sistema de raíces. Deben estar en pleno crecimiento y conviene que los tallos se hayan fortalecido, para que aguanten el peso de los cogollos.

Sistema artesanal pero efectivo: las salidas de aire caliente de ambos aires acondicionados portátiles entran en una caja fabricada con poliestireno donde está el filtro de carbón activo que elimina el olor antes de que los extractores saquen el aire al exterior.

Tras varias cosechas con este sistema hemos ido afinando los distintos parámetros intentando optimizar la fase vegetativa. Una vez enraizados los esquejes se trasplantan a macetas de dos litros, con un sustrato de turba poco abonado, generalmente Light Mix de Biobizz, luego se riegan con agua y Rhizotonic de Canna (2ml/l). En esta maceta pasan unos días bajo fluorescentes, mientras se adaptan a estar fuera del clonador. Cuando se observa nuevo crecimiento se pasan al cuarto de crecimiento, bajo una lámpara de halogenuros metalizados pasan una semana más, antes del trasplante a la maceta definitiva de siete litros, momento en que algunas plantas se despuntan para potenciar su ramificación. En los nuevos contenedores crecerán hasta alcanzar el tamaño óptimo para cada variedad, lo que suele llevar una o dos semanas. 

 

El riego y el abono en crecimiento

Durante todo el tiempo que las plantas pasan en la fase vegetativa se riegan manualmente, sólo cuando las macetas realmente lo necesitan. Es muy importante potenciar el crecimiento de las raíces, para ello hay que mantener el sustrato aireado. Los riesgos demasiado frecuentes ahogan las raíces por falta de oxígeno y limitan el crecimiento.

Las macetas se riegan abundantemente cuando se trasplantan los esquejes, pero no se vuelven a regar hasta que se notan mucho más ligeras al peso, indicio claro de que la mayor parte del agua de la maceta ha sido consumida. Es muy importante evitar el riego excesivo durante las primeras semanas de crecimiento vegetativo, ya que la alternancia de periodos más húmedos, seguidos de otros más secos, estimula mucho el crecimiento de las raíces. Un buen sistema radicular es quizás el elemento más determinante para lograr una alta productividad.

Las plantas se riegan cada dos o tres días (según lo necesiten) con solución nutriente de EC 1-1,2, ocasionalmente se añade Rhizotonic. En este sistema se pueden obtener muy buenos resultados con cualquier tipo de abono, pero en este caso optamos por abonos hidropónicos en tres partes (GHE Flora Series y Advanced Nutrientes PH Perfect) que funcionan muy bien en los sistemas de recirculación.

 

Altura óptima para la floración

El tiempo que pasa cada planta en crecimiento vegetativo depende fundamentalmente de la variedad de que se trate y del tamaño que deba alcanzar antes de comenzar la floración. En este sistema la altura ideal al final de la floración es de entre ochenta y cien centímetros, lo que permite que toda la planta reciba suficiente luz. Si las  plantas acaban más pequeñas parte de la luz se pierde, mientras que si se alargan más las partes bajas quedan poco iluminadas.

Algunas genéticas se estiran mucho durante la floración y otras menos. Por ejemplo, Bubblegum apenas aumenta un cincuenta por ciento su altura y además crece lentamente en la fase vegetativa, por lo que debe entrar a floración con unos 50 centímetros de altura, mientras que Reina Madre puede llegar a cuadruplicar su altura, basta con que mida 20 o 30 centímetros.

En este sistema, las variedades que menos se estiran entran a floración con una altura de 50-60 centímetros, mientras que las que se alargan más deben medir entre 25 y 35 centímetros cuando se cambia el fotoperiodo.

 

Comienza la floración

En cada cama de un metro cuadrado se colocan catorce plantas y se hace una primera distribución de las ramas enredándolas en la malla. Hay que prestar especial atención a aquellas que no crecen hacia la malla, sino que se dirigen hacia la bombilla o se alejan de ella; hay que recolocarlas cuando antes, ya que conforme se vayan endureciendo cada vez resultará más difícil dominarlas. Este procedimiento se debe repetir cada pocos días durante las tres o cuatro primeras semanas de la floración, hasta que las plantas dejen de estirarse. Cuanto mejor se distribuyan los cogollos por la malla, de modo que la cubran completamente, mayor será la productividad del cultivo.

Las plantas han crecido con riegos manuales, deben acostumbrarse al riego automático y por goteo que recibirán durante la floración. Al principio, reciben un riego diario de quince minutos y poco a poco, conforme las plantas crecen y necesitan más riegos, se van aumentando los ciclos hasta un máximo de tres o cuatro al día. Los periodos secos son tan importantes o más que los húmedos, pues sirven para oxigenar el sustrato, por eso hay que ir aumentando el riego progresivamente, conforme las plantas lo necesitan y no antes.

 

Altura y distancia a la lámpara

En los primeros cultivos con este sistema mantuvimos las lámparas a media altura de las plantas, de modo que estas sobrepasaban completamente las bombillas. Observamos que las puntas más altas recibían poca luz, lo que ocasionaba que acumulasen demasiados nutrientes que no podían consumir y las hojas mostrasen forma de garra y color verde oscuro, claro síntoma de sobrefertilización. Reducir el EC de la solución nutriente no resultó efectivo, las puntas mejoraron algo, pero las partes medias mostraban carencias, con la intensidad de luz que recibían necesitaban todos los nutrientes que les pudiésemos aportar.

Probamos a elevar la lámpara, de modo que durante las primeras semanas de floración, mientras las plantas se están estirando, siempre estuviera un poco por encima de las puntas. Al acabar el estiramiento la dejamos situada a la altura de las puntas, de modo que la luz no se escapaba por arriba pero ninguna parte de la planta recibía la luz desde abajo. Este pequeño detalle mejoró mucho el desarrollo de las plantas y los problemas de sobrefertilización de las puntas.

La solución nutriente se fija a un EC de 1,4 cuando las plantas entran en floración, se va elevando poco a poco hasta alcanzar un máximo de 1,6-1,8 en torno a la quinta semana de floración, en las variedades más rápidas (siete u ocho semanas de floración). En las semanas posteriores se va reduciendo la concentración de la solución nutrientes, en la última semana, sólo reciben agua de ósmosis. En variedades más lentas se alcanza el máximo en la sexta o séptima semana, luego se va reduciendo.

 

Variedades

Hemos probado este sistema con varias genéticas diferentes, siempre con buenos resultados aunque, como en cualquier sistema, es necesario un periodo de aprendizaje hasta que el cultivador le pilla el truco al método y a las variedades cultivadas. 

  • Critical +: un clon seleccionado a partir de semillas de Dinafem. Es una planta de sabor dulce, fuerte y muy ramificada, que requiere grandes dosis de nutrientes y produce abundantes cosechas de cogollos duros, redondos y muy resinados. Cuando se corta a los 52 días el efecto es muy agradable, con un cierto componente físico aunque no inmovilizante. Si se cosecha unos cuantos días más tarde la potencia es algo mayor, pero el efecto es más narcótico.
  • Grapefruit: esta genética destaca por su aroma a pomelo y su sabor ácido y frutal. A mediados de la floración, los cogollos huelen auténtcamente a piel de pomelo. Conforme pasan las semanas el aroma se vuelve más complejo, con un toque dulzón más marcado junto a notas cremosas y alcohólicas. Una vez cosechado y curado el aroma se complica: crema, whisky, fruta y melaza se mezclan en un sabor fantástico que llena toda la boca y permanece largo rato después de dar una calada. 
  • Bubblegum: una índica bastante pequeña pero muy productiva. Necesita una fase vegetativa algo más larga de lo normal, ya que crece lentamente y se deben meter a floración con un tamaño mayor que otras variedades por que se estira poco, alrededor de un cincuenta por ciento. Los cogollos se cosechan tan completamente recubiertos de resina que uno se pregunta si le pusieron ese nombre por lo dulzona o por lo pegajosa que es. Lista en 55 días, aunque acepta unos cuantos más si se prefiere un efecto más corporal.
  • Reina Madre (clon Mario) aka La Bella: esta planta es una auténtica maravilla, una de las mejores que he cultivado en mi vida. Su efecto es fantástico, potente, divertido e ideal para todo el día ya que no te deja tirado en el sofá, más bien resulta estimulante. Es una planta que se lo come todo, cuanto más la abonas más crece. Se estira como una loca durante la floración, pudiendo cuadruplicarse en tamaño sin ningún problema. Es una Sativa de cogollos aireados, pero muy resinosos, de un aroma especiado y floral delicioso. Productiva. Su sabor no se queda atrás y penetra el canuto desde la primera hasta la última calada. Una de mis hierbas preferidas, sin duda.

 

El donut de cogollos es un buen sistema de cultivo con iluminación vertical, bastante sencillo y capaz de perdonar muchos errores gracias a su sistema de enmallado. Según nuestra experiencia no es difícil alcanzar una producción de un gramo por vatio de luz, tras unas cuantas cosechas de entrenamiento,  siempre que se empleen variedades productivas y se utilice un número relativamente alto de plantas. Con esquejes bien seleccionados y un abonado intenso y preciso no debería ser difícil superar, bastante, esas cifras. El cultivo con bombillas desnudas y en vertical da muy buenos resultados y podemos predecir que, en los próximos años, cada vez será más popular.

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