Conserva tus genéticas preferidas

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12 Jun 2019

Existen muchas alternativas para conservar las plantas que nos han conquistado. Estamos seguros de que cada cultivador encontrará su forma ideal. Lo más importante es que con dedicación podemos seguir disfrutando de nuestras plantas favoritas para siempre.


Por El Cannasseur
Disponer de una pequeña colección de variedades permite disponer de una amplia selección de plantas de cualidades y características diferentes. En la variedad está el gusto.

Por eso muchos cultivadores disfrutan almacenando tantas plantas o semillas como el espacio les permita. Tanto si optamos por conservar plantas en forma de pequeña biblioteca genética de clones, como si disponemos de una colección de semillas correctamente almacenada, tendremos la posibilidad de cultivar nuestras plantas favoritas.

Siempre que lo deseemos o las podamos necesitar para futuros proyectos. Cualquiera de las dos opciones puede resultar muy conveniente, siempre que dispongamos del espacio necesario y los conocimientos para hacerlo del mejor modo posible.

Mantener un pequeño número de clones exige más espacio y una pequeña instalación de iluminación para mantener las plantas en crecimiento vegetativo perpetuo. Las semillas ocupan mucho menos espacio y pueden ser almacenadas a largo plazo en un simple contenedor al fondo del refrigerador.

Biblioteca casera de clones

Habitualmente el cultivador de interior acostumbra a trabajar con clones. Por ello prefiere mantener un pequeño número de madres de forma perpetua. Esto le permitirá disponer de clones frescos siempre que lo necesite, así como conservar cualquier planta por la circunstancia que sea.

A veces, no disponemos de suficiente espacio y no queda otro remedio que guardar una planta para futuros cultivos. La conservación de clones y madres es muy útil para el proceso de seleccionar plantas élite, porque desde que clonamos todas las plantas necesitaremos mantenerlas en crecimiento continuo hasta que todas sean evaluadas.

Solamente entonces podremos proceder a descartar aquellas plantas que no vayan a ser conservadas, o aquellas que no hayan reunido las cualidades buscadas o el mínimo de calidad deseada. El principio del mantenimiento de la planta en crecimiento vegetativo continuo se basa en la influencia del fotoperiodo para provocar la floración.

También en la posibilidad de manipular el fotoperiodo a nuestro antojo para favorecer el crecimiento perpetuo de las plantas. Es obvio que, para esto, necesitaremos disponer de un espacio con una fuente de luz adecuada para tener las plantas bajo un régimen de luz continua o fotoperiodos de 18 a 16 horas de luz según las necesidades.

Desde que la duración del periodo de oscuridad llega a las 12 horas la planta comienza a florecer naturalmente. Es cierto que, dependiendo de la genética de la variedad, algunas plantas tienen alguna necesidad concreta en cuanto al fotoperiodo.

Por ejemplo, muchas variedades de origen tropical no florecen bien con un régimen de floración común de 12/12 horas, ya que proceden de lugares donde el día nunca supera las 12 a 13 horas de luz. Otras, por el contrario, aún a más de 12 horas tienden a florecer, especialmente si se encuentran en macetas pequeñas y con un sistema de raíces constreñido.

Estas plantas son más complicadas de mantener como madres y exigen trasplantes frecuentes, macetas de mayor tamaño y un régimen lumínico de más horas de luz. Todo esto hace que sea habitual que finalmente se descarten.

Optimizando el espacio de madres

Dado que la conservación de madres vivas exige un espacio propio, debemos tratar de optimizarlo para obtener una máxima eficiencia. Dependiendo de las necesidades personales de cultivo podemos optar por conservar madres de tamaño grande.

O clones de tamaño pequeño que ocuparán menos espacio y permiten mayor cantidad de plantas por superficie. Si necesitamos un suministro grande de clones de cada variedad, necesitaremos conservar las madres en macetas de gran tamaño.

Esto permite tener plantas con cierto porte que tras una poda adecuada proporcionarán gran cantidad de yemas aptas para obtener esquejes.

Por el contrario, si solamente necesitamos un par de clones de cada variedad y cada cierto tiempo, podría ser interesante mantenerlos como pequeñas plantas o madres tipo bonsái. De este modo, unas semanas antes de necesitarlos les podemos dar un tiempo extra o trasplante para su crecimiento y obtener clones tras una buena poda, controlando así su crecimiento.

El principal inconveniente de las madres de gran tamaño es la necesidad de un mayor espacio. Eso implica la instalación de iluminación proporcional y un mayor gasto eléctrico especialmente si mantenemos varias genéticas a la vez.

No ocuparán lo mismo una docena de macetas de diez litros que una docena de vasos de plástico de apenas medio litro. Del mismo modo, necesitaremos mucha más potencia lumínica para mantener todas esas plantas grandes en crecimiento perpetuo y vigoroso. Por otro lado, las plantas grandes necesitan menos cuidado y riego, disponen de gran volumen de sustrato que les proporciona una buena reserva de nutrientes y espacio para su sistema de raíces.

Sin embargo, esto también hace que su crecimiento sea mucho más explosivo, exigiendo podas regulares para mantener su estructura y su altura, así como evitar un crecimiento vertical demasiado vigoroso y evitar que las ramas se vuelvan demasiado leñosas y poco deseables para esqueje.

Normalmente, las plantas que se encuentran en macetas de pequeño volumen exigen uno o incluso varios riegos diarios. Sus nutrientes se agotan muy rápido, corren riesgo de amarillear, interrumpir el sano crecimiento o incluso entrar en floración. Incluso podría entrar en una fase crítica que podría indicar su inminente muerte.

Por todo ello la atención debe ser constante y diaria. También necesitan ser renovadas con mayor frecuencia, aunque para muchos cultivadores las ventajas superen todos estos inconvenientes. Normalmente, las grandes madres son criadas en instalaciones de gran envergadura o monocultivos en los que se va a necesitar un gran número de esquejes iguales de la misma variedad.

Esto es inviable a menos que dispongamos de madres grandes y bien formadas de modo permanente con una estructura adecuada, que proporcione un gran número de yemas en cada renovación o poda.

No obstante, si solamente necesitamos mantener unas pocas plantas, una forma económica y poco trabajosa de hacerlo, es montar una pequeña luz o lámpara cerca de una mesa bien iluminada por alguna ventana. Incluso una pequeña lámpara de lectura o de mesilla podría hacer la función con una bombilla LED de buena potencia.

De esta forma podemos mantener esas plantas en crecimiento continuo todo el año sin demasiados trastornos, proporcionando unas cuantas horas extra de luz cuando llegue el invierno y decrezca la luz. Esta es una solución adecuada para pasar el invierno sin perder ninguna genética, aunque no dispongas de un espacio dedicado para crecimiento ni los medios para mantener una madre.

Limpieza del cultivo

Una rutina efectiva como preventivo ante plagas y patógenos comienza por la correcta y exhaustiva limpieza de toda sala de cultivo, macetas y objetos empleados o presentes en la habitación. Esto es especialmente importante después de haber padecido cualquier tipo de plaga o patógeno en cultivos anteriores.

Muchas veces, esta es la clave para acabar definitivamente con esporas, patógenos o plagas latentes que se encuentran escondidas, esperando el momento idóneo para volver a reproducirse en nuestras plantas. Podemos optar una limpieza profunda con detergente de todo el material lavable.

Posteriormente, continuaremos con una desinfección total con una solución ligeramente diluida de hipoclorito, amoniaco o algún desinfectante similar aplicable con un paño. Es aconsejable ventilar y dejar que la sala de cultivo seque bien antes de comenzar el nuevo.

Para plagas reincidentes, es interesante aplicar también algún producto insecticida o fungicida específico como remate final. De todas formas, generalmente una buena limpieza y desinfección a fondo suele ser más que suficiente. Lo importante es que no queden plantas ni material contaminado en ningún lado antes de volver a reanudar el trabajo. Sin embargo, además de hongos y patógenos, las plantas pueden verse afectadas también por otros problemas de origen externo.

Clones externos y sus riesgos

Es muy habitual intercambiar clones entre cultivadores. Sin embargo, es una práctica con riesgos que debemos sopesar para evitar problemas posteriores. Aunque tengamos un cultivo sano, numerosas plagas y problemas externos podrían afectar al cultivo con consecuencias graves para la cosecha.

Esto es especialmente cierto si introducimos con regularidad material vegetal foráneo (esquejes o plantas) en el jardín. Cada vez que se introduce un clon externo podría estar llegando con plagas y patógenos ocultos. Esto supone un riesgo muy grande, porque una plaga o enfermedad grave en un mal momento nos puede arruinar la cosecha o las madres.

Debemos evitar su entrada en el cultivo. Para ello conviene evitar pulverizar las flores con cualquier producto por la calidad de las flores. La mejor forma de luchar o evitar estas plagas es sin duda su prevención, algo también válido para las infecciones de hongos y otros patógenos.

Entre las plagas más comunes existen varios tipos de ácaros, pulgones, mosca blanca o trips. Uno de las principales plagas es la temida y bien conocida araña roja. Este pequeño ácaro chupador de savia es conocido por su resistencia y porque pasa de un cultivo a otro.

Además se reproduce y adapta a condiciones diversas. Esto precisamente es lo que favorece que algunas cepas de araña roja terminen siendo resistentes a determinados productos. Desde el momento cuando una pequeña población sobrevive y se vuelve a reproducir la especie se sigue adaptando. Al final, las plagas se hacen resistentes y los productos tradicionales ya no funcionan.

La plaga se vuelve más peligrosa y difícil de erradicar. Muchas veces la plaga se establece en varios momentos y espacios del cultivo (floración, madres y crecimiento), por lo que resulta muy complicado controlarla. En estos casos se hace necesario eliminar totalmente todas las plantas y tratar absolutamente todos los espacios, para empezar de nuevo un cultivo “limpio” con los trastornos que ello conlleva.

Esto también ocurre con los patógenos que puedan contener los especímenes. Bien sean esporas de hongos como oídio, mildiu, fusarium, virosis o cualquier otra enfermedad indeseada. Muchas de ellas son difíciles de erradicar. Una vez que se instalan exigen medidas drásticas y dramáticas.

Otro problema habitual del intercambio de clones no controlado es la imposibilidad de verificar la autenticidad o procedencia de una genética determinada, hasta que la hayamos cultivado nosotros mismos. Muchas veces recibimos clones mal etiquetados o falsos, que no son lo que se espera o debería. Esto sucede porque en algún momento alguien no ha sido cuidadoso al compartir un clon o ha compartido de forma deliberada una planta mal etiquetada o un clon falso.

A su vez, este clon es compartido antes de haber sido verificado por otros, la cadena sigue y finalmente el resultado es que circulan muchos clones no verificados o falsos entre cultivadores. Siempre recomendamos intercambiar solamente con gente de confianza. Al final, la única manera de evitar problemas es evitar introducir enemigos en el jardín. Es drástico, pero totalmente efectivo.

Cuarentena y amenazas externas

Si a pesar de las advertencias sigues convencido de apadrinar clones, gestiona un sistema de cuarentena para las plantas externas que no se encuentren bajo control. Es crucial. Los clones procedentes de otros cultivos probablemente sean portadores inesperados de plagas, patógenos y hongos que podrían comprometer todo elesfuerzo, por lo que todas las precauciones serán pocas.

Cualquier planta externa debe ser correctamente tratada con algún producto polivalente insecticida, fungicida o acaricida. Y debe estar en cuarentena unos días hasta que podamos trasladarla con el resto de las plantas sin temor a la contaminación. Una buena rutina o costumbre es examinar cualquier planta externa antes de introducirla en nuestro espacio.

Muchas veces, un simple examen visual o con lupa es suficiente para detectar anomalías en hojas o plantas. Mordeduras de alguna plaga, huevos presentes en el envés o cualquier invertebrado pululando por las hojas deberían ser suficientes para convencernos de sacar toda nuestra artillería pesada. En el caso de las plagas de ácaros o insectos, es recomendable ser más drástico.

Su control es más dificultoso y los posibles daños y consecuencias suelen ser mayores. Prevenir mediante el uso de insecticidas que funcionen como acaricidas y también ovicidas. De poco vale eliminar los adultos si los huevos permanecen. Es importante lograr romper el ciclo reproductivo de las plagas para obtener el éxito en su eliminación definitiva. En muchos casos, será necesario eliminar plantas u hojas muy afectadas y renovar todo el cultivo.

En el caso de reconocer la plaga presente, usa un producto adecuado. Si observas una mancha negruzca, blanquecina o anomalías que delaten en la existencia de hongos o cualquier otro patógeno, sé cauto. Si no dispones de espacio adecuado para la cuarentena hasta que se recuperen, estén limpias y libres de problemas, aísla las plantas dentro del cuarto habitual.

Es posible crear pequeñas incubadoras de cuarentena individuales confeccionadas con vasos plásticos sellados con silicona. De esta forma, mantenemos los clones en cuarentena forzada mientras enraízan o se recuperan y los podemos examinar e incluso tratar sin miedo a que contaminen todo el cuarto de cultivo. Del mismo modo que las plagas pueden ser introducidas, muchas plantas podrían venir contaminadas con esporas de diversos hongos como fusarium, oídio, mildiu y otros.

En este caso, el tratamiento preventivo debería incluir el uso de fungicidas ecológicos como azufre, extractos de aceites esenciales como árbol de té o neem, extractos de cola de caballo, ortiga, propóleos y otros remedios similares. No obstante, hay que tener en cuenta que su aplicación implica mojar la planta, por lo que hay que extremar la ventilación para evitar excesos de humedad o condensación dentro de lo posible, ya que podrían aparecer hongos o pudrición.

Tras la eliminación de plagas, hongos o patógenos la planta podría encontrarse bastante debilitada, mostrar carencias nutricionales y otros problemas. Esto hace aconsejable la aplicación de un producto fortalecedor en los días posteriores al tratamiento, la realización de un trasplante o directamente clonarla en cuanto sea posible para comenzar con una nueva madre. Hay algunos cultivadores a los que les gusta renovar y revitalizar a sus madres sacándolas al sol, aunque los beneficios de esta práctica no están probados.

Conservar una colección de semillas

La comodidad de disponer de una pequeña biblioteca de madres o clones también exige espacio y dedicación constante, pues todas estas plantas en crecimiento perpetuo necesitarán cuidados diarios y atención constante. Aquellos que no disponen de tiempo, espacio o ganas para hacerlo podrían optar por mantener sus genéticas favoritas en forma de semilla.

Algo que resulta muy adecuado para no tener que comprar nuevas semillas cada temporada y disponer de un stock propio de semillas adaptado a nuestro gusto. Esto puede resultar muy conveniente para quienes quieran disponer de una reserva de semillas en su refrigerador.

Es una alternativa especialmente atractiva para los cultivadores que gusten de hacer sus propias selecciones con frecuencia y así renovar sus madres o probar variedades nuevas cada cierto tiempo. Hay dos tipos de semillas, recalcitrantes y no recalcitrantes u ortodoxas. Las semillas recalcitrantes no pueden desecarse completamente y solamente permanecen viables por un periodo de tiempo relativamente corto.

Su humedad siempre está en torno al 15 al 20%, por lo que prácticamente deben germinarse apenas han sido extraídas de los frutos. Las semillas no recalcitrantes u ortodoxas, por el contrario, pueden ser completamente desecadas para su conservación posterior, siendo posible su almacenamiento a un largo plazo. Por suerte las semillas de cannabis no son recalcitrantes, por lo que son buenas candidatas para ser conservadas durante bastante tiempo sin deteriorarse.

La clave para el almacenamiento de las semillas sin perder su viabilidad en el tiempo es mantenerlas a salvo de la humedad y las altas temperaturas, siendo la humedad relativa baja el factor más importante para su correcta conservación.

Por este motivo, uno de los puntos clave para su conservación es la utilización de recipientes totalmente herméticos, que mantengan las semillas en perfecto estado y sin filtraciones de humedad ni condensación. De esta forma, podremos conservar semillas en buen estado durante muchos años en las condiciones ideales. Hay dos opciones para conservar variedades de semilla. Una es almacenarlas por un corto plazo dentro de una nevera o refrigerador pequeño como los utilizados para botellas, queso o vino.

Podrían ser viables entre cinco y diez años si se encuentran refrigeradas y en ausencia total de humedad. Si por el contrario deseamos conservar semillas viables durante más tiempo, la opción más adecuada sería congelar las semillas. Tanto en un caso como el otro, las semillas deberán estar perfectamente deshidratadas y estancas.

Cualquier filtración que permita la entrada de humedad o la condensación en los recipientes podría afectar negativamente su viabilidad. En general, las bolsitas de plástico no son adecuadas por este motivo. Todo esto es orientativo, pues depende también de las condiciones en que las semillas hayan madurado en la planta, su cosecha, secado y posterior almacenamiento.

Manteniendo la semilla

La última opción y más trabajosa, pero también preferida por los apasionados al cultivo, es mantener las variedades favoritas en forma de semilla. Es algo que nuestros ancestros han hecho durante siglos en el campo. Cada temporada guardaban semillas de aquellas hortalizas o verduras de mayor sabor, producción y calidad, favoreciendo que poco a poco, fueran mejorando la calidad y homogeneidad de cosecha y huerto.

Es posible hacer esto en nuestro cuarto de cultivo seleccionando las semillas de cada cosecha de aquellas plantas que más gustan. Es un proceso complementario al de selección, ya que disponemos de nuestro propio stock de semillas procedentes de las madres seleccionadas para evaluarlas cada temporada y llevar nosotros mismos el control de todo.

A pesar de que se trata de un proceso algo más complejo y a largo plazo, resulta sumamente satisfactorio para un porcentaje de cultivadores interesados en estos temas. Una forma de empezar es hacerlo con nuestra variedad o selección favorita. Poco a poco, podremos probar cruces de unas y otras aprovechando machos interesantes que salgan en lugar de desecharlos. Y polinizando las mejores hembras con ellos.

Para esto no se pueden usar semillas feminizadas, al no proporcionar machos de calidad nos limitarían. En la siguiente temporada podemos evaluar nuestros propios cruces y hacer selecciones con ellos. Con paciencia, en unas pocas temporadas, acabas encontrando una serie de plantas adaptadas a tus gustos y preferencias porque haz invertido varios años en hacer tu propia selección y cruces personales de la selección y cruza de las plantas favoritas.

Esto no es otra cosa que la selección y domesticación que las personas han llevado a cabo con numerosos cultivos, originando toda la gran diversidad de plantas útiles que el hombre ha podido usar durante su existencia. No cabe duda de que existen muchas alternativas para conservar esas plantas que nos han conquistado. Estamos seguros de que cada persona encontrará la forma ideal que mejor se adapte a sus circunstancias y gustos particulares. Lo más importante es que, gracias a ello, podemos seguir disfrutando de nuestras plantas favoritas.

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