Persistencia, estudio y buena mano – Con Alejandro Rasjano, criador

Persistencia, estudio y buena mano - Con Alejandro Rasjano, criador

Para Alejandro Rasjano, creador de uno de los bancos más importantes en Sudamérica y experimentado cultivador, la planta de cannabis es bastante más que un pasatiempo. Entre sus proyectos ha desarrollado toda una gama de variedades ligadas al uso recreativo y medicinal. “Creo que un rasgo común de los buenos cultivadores es que son persistentes y estudiosos”, afirma.
Lo que hace más 15 años partió como un hobbie, con el paso del tiempo, se fue transformando en la profesión de Alejandro y parte central de su vida. Es breeder y dueño de Trip Seeds, uno de los bancos más prestigiosos y antiguos de Sudamérica. Ahora, además, junto a Nicolas y Patricio dirigen el proyecto Pure DNA en Chile, una distribuidora que comercializa los catálogos de primera línea en América del Sur.
Persistencia, estudio y buena mano - Con Alejandro Rasjano, criador
Sin embargo, antes de hacer del cannabis su trabajo, su vida ya se había unido a esta mágica planta. A través de los foros de internet conoció breeders y cultivadores de otros rincones del mundo, estudió ingeniería agrícola para dar un sustento técnico a su pasatiempo y las plantas se le daban con facilidad cuando aún en Chile no estallaba el mercado de las semillas ni los growshop.
“Mi abuela, Miss Lucy, que tiene una variedad en su memoria, y mi mamá siempre tuvieron muy buena mano con las plantas. Mi abuela puede cortar la patilla de una rosa y a las dos semanas le enraíza. Creo que mucho de la dedicación y el cariño que hay que meterle a un cultivo lo aprendí de ellas”, dice.
Los primeros canutos también tienen un origen familiar. “Recuerdo haber estado en un asado en el taller y que los amigos de un tío salían a dar una vuelta y volvían muertos de la risa. Desde el comienzo me llamó la atención lo que la planta generaba en la gente. Es una planta que te invita a compartir y pasarlo bien. En ese sentido es bastante social”.
Después vinieron las primeras “manos del típico cogollo chileno, llenos de semillas”, recuerda, hasta que gracias a foros y su estudio autodidacta, comenzó a establecer lazos con quienes posteriormente serían sus socios mentores.
“Empezamos a ver que el mundo cannábico era gigante y que en Sudamérica estábamos atrasados en casi 20 años. En ese tiempo el tema era muy secreto en Chile, mientras que los cultivadores de otros países tenían conocimiento avanzado”, rememora.
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“Conocí a cultivadores de Estados Unidos, España y Europa y empecé a meternos en este mundo. Nos hicimos especialmente cercanos con la gente de Cannabiogen y empezamos a testear sus semillas y posteriormente comenzamos a trabajar una línea de semillas para ellos, que provenía de un híbrido entre Deep Chunk y Uzquekistán. En el 2000 quisimos hacer algo propio, ellos nos entendieron y empezamos a armar nuestro propio banco”. Así fue naciendo Trip Seeds.
Mantener un banco de semillas y controlar todas sus fases de producción puede ser un trabajo arduo y más demandante de lo que pueda imaginarse.
“Es harto el trabajo porque hay que conservar padres, madres, limpiar salas de cultivos, regar, hacer test de germinación. Tenemos semanas que nos dedicamos a clones, otras a salas de floración, salas de germinación, etc. En todo este trabajo estoy con mi pareja y son procesos que demandan mucho tiempo y dedicación. Si tu vas a vender semillas necesitas probar que lo que estás vendiendo sea de calidad. Una cosa es que las semillas germinen, otra cosa es que la gente quede conforme con la calidad de sus flores. Si tu semilla no cumple las expectativas y sale una planta de 10 centímetros con dos cogollos ten por seguro que no volverán a comprar, nos preocupamos de la calidad más que cantidad”, manifiesta.
Alejandro afirma que en el cultivo es fundamental “la prueba y el error, así como ir informándose y actualizando conocimientos”. “Uno puede cultivar marihuana o dedicarse a cualquier otra cosa. Pero si quieres hacerlo bien es fundamental estudiar y dedicar tiempo. Hay que darse el tiempo de conocer la planta y poder incorporar lo que se aprende en cada cultivo. Yo lo emulo con la cocina. Si te das el tiempo de cocinar dos o tres horas vas a conseguir algo realmente rico, pero no tienes el mismo resultado si descongelas algo en el microondas”.
Pese a que cada cultivador encuentra su propio método y tiene sus particularidades para manejar un cuarto de cultivo, Alejandro reconoce algunos rasgos comunes entre los mejores cultivadores con que ha compartido.

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Una Sour Trip de invernadero.

“Yo creo que el rasgo común es que son persistentes y estudiosos. Las cosas no siempre resultan bien a la primera, pero por eso es importante insistir, observar y mantenerse actualizados sobre hongos, sistemas de nutrición, extracción o cualquiera de los mundos del cannabis”, señala.
Siendo ingeniero agrícola, Alejandro va contra la corriente de la industria y no duda en preferir los fertilizantes orgánicos por sobre los minerales, pese a la tendencia que se centra en la producción.
“Por un tema de costo y asimilación lo más fácil sería recomendar fertilizantes químicos. Pero este es un tema que trasciende porque todo lo que le doy a la planta es lo que después recibo. Hay mucha gente que mantiene a raya las plagas con químicos súper fuertes. ¿Pero qué pasa después, cuando se fuma esa planta? Con un exceso de fertilizantes químicos o monocultivo estas matando el suelo ¿Qué le vas a entregar a tu hijo? Un cultivo orgánico quizás no tiene tanto rendimiento como uno químico, pero en cuanto a sabor, a cualidades organolépticas y por una postura de vida, prefiero los orgánicos sí o sí”, sostiene Alejandro, que recientemente dio vida a esta convicción creando una línea de fertilización orgánica llamada Bioecological (nutrientes y sustratos).
El cannabis medicinal es otro tema que le ha tocado seguir de cerca. “Tengo un tío con cáncer y empezamos a fabricar aceite de CBD para él desde hace un tiempo y he sido testigo del poder del cannabis medicinal. Ahí te das cuenta que es una planta única. También desarrollamos una línea de semillas centradas en el CBD, pero eso está un poco estancado porque los costos de análisis en Chile siguen siendo muy caros. También hace dos años presentamos un proyecto para solicitar licencia para producir cannabis medicinal, pero hoy en día la ley sigue siendo poco clara y las únicas alternativas son estar en Fundación Daya o importarlo a un precio absurdo”.
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La Darkcinderella de Rasjano.

“Si me preguntas todas las trabas son intereses políticos y económicos. Creo que a los usuarios medicinales se les debería ofrecer una serie de alternativas para que ellos puedan optar por la que más favorezca su tratamiento”, afirma.
Alejandro se declara un amante de las sativas. Sus favoritas hoy por hoy son Darkcinderella y Deeptroyer. “Más que buscar tener muchas variedades, trabajamos las semillas en varias generaciones para lograr calidad. Me gustan las sativas, las prefiero por su efecto. Ahora estamos hibridizando algunas sativas puras con variedades californianas para ir sacando nuevas líneas comerciales”, adelanta Alejandro, un criador de pura cepa, orgánico, curioso y que no olvida las raíces porque quiere preservar el suelo que vio nacer a Lucy y a los que vienen.
por Lucho Thompson

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