Cannabis y vino: dos amigos con tanto en común

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La vid y el cannabis tienen varias coincidencias, desde el tiempo de crecimiento hasta su cosecha, compartiendo también las enfermedades y plagas más habituales. Por eso, los que saben de cultivo de viñas tienen el camino adelantado.
Por Felipe Naranjo
La meta del cualquier cannabicultor será calificar con la máxima nota su producto final, haciendo que todas aquellas horas de trabajo, dinero invertido y dedicación cobren sentido y valgan la pena. El fruto de nuestro trabajo y su calidad, dependerá en gran parte del proceso de cosecha, ya que al momento de cortar no habrá vuelta atrás.
Pasado el invierno, ya con las primeras caricias de la primavera, muchos cultivadores entusiastas comienzan a germinar sus variedades seleccionadas. En el hemisferio Sur, el período de cultivo de la cannabis en exterior coincide con el período de otras plantas y vegetales. El cannabis y la vid, comparten mucho, desde cuando empieza el proceso vegetativo hasta el punto de cosecha.

Septiembre: maduración

Y no solo hablamos de cultivos a nivel individual o particular, sino que también a nivel industrial. En términos generales, en el mes de septiembre las parras comienzan a mostrar sus primeros brotes, así comienza el proceso vegetativo que comparte meses con la cannabis: de septiembre a enero, a grosso modo. Lo mismo pasa con el proceso de maduración y cosecha durante marzo, abril y mayo.
Esto, hablando particularmente de variedades de cannabis netamente sativas o híbridos mayoritariamente sativos, cuyos procesos de vegetación y floración son mucho más extensos que una índica que puede estar lista en cuatro o cinco meses, desde la germinación al corte.
Uso el ejemplo de las sativas porque por historia y geografía, es lo que nos hemos encontrado en el continente latinoamericano y además se han podido desarrollar deliciosos híbridos y adaptaciones locales en cada país. Un claro ejemplo es el Punto Rojo colombiano hibridado con sativas de Los Andes de Chile, obteniendo la legendaria Chilombiana.

Cannabis y vid al Sur

En países como Chile, Argentina y Uruguay, la industria vitivinícola ocupa un importante papel y su mercado es internacionalmente amplio. En la zona Central de Chile, se concentran gran cantidad de cultivos de vid, muchos antiquísimos y otros no tanto, todos con una expansión económica explosiva. Es por eso que entre viñedos, ricos suelos y un clima idóneo, se desarrolló una activad en paralelo, desgraciadamente en las sombras.
Son llamativas las similitudes para llegar a un buen racimo de Sauvingnon Blanc y el proceso para un brillante cogollo de Super Silver Haze, por ejemplo. En septiembre, cuando el clima se hace más cálido y nos permite trabajar con la tierra, empieza todo. Durante los meses siguientes la variedad o variedades de cannabis seleccionadas serán alimentadas adecuadamente, obteniendo idealmente, un proceso vegetativo completo y sin carencias, asegurando así un buen futuro para los frutos. Lo mismo pasa en la vereda de enfrente, en donde las hectáreas de plantaciones de vides se riegan muchas veces por sistema de goteo y se fertiliza la tierra con compost natural hecho con los mismos restos orgánicos recogidos en la plantación.

Podas, atado y hongos

Se comienza a trabajar en sujetar las ramas al cable guía para distribuir los brotes de manera uniforme y el proceso de podas, ya aplicado en el invierno, se hace presente de nuevo a medida de que los primeros racimos se van formando y creciendo. Básicamente se van haciendo procesos de raleos que tienen como tarea principal, evitar que la planta gaste energía en brotes y racimos que no darán la calidad ni cantidad deseada, enfocándose solamente en los brotes principales que terminarán transformándose en un compacto y fresco racimo. Además se busca una mejor aireación de la planta y una mayor exposición del follaje al sol. También se van eliminando las partes dañadas de la corteza, con el fin de reducir el riesgo a enfermedades.
Como sabemos, la cannabis puede ser sometida a varios procesos de podas o técnicas, según sea nuestro propósito. Poda apical para quitar altura y ganar volumen, poda FIM para incrementar la cantidad de brotes, SuperCropping para guiar de mejor manera nuestra planta, el corte de brotes bajos para aumentar el tamaño de los cogollos superiores, etc.
La correcta aplicación de cualquiera de estas técnicas, nos ayudará a obtener un proceso vegetativo mucho más productivo. Luego, ya en pleno verano, enero/febrero, comenzamos a ver los primeros pistilos, aquellos hermosos pelillos blancos que nos indican que lo mejor está por venir: la floración. En esta etapa es vital la alimentación que le demos a nuestras plantas, cuyo caldo básico está compuesto por nitrógeno, potasio y fósforo.

PH y EC

Si administramos estos nutrientes en la cantidad correcta y por el tiempo indicado, estaremos pavimentando el camino al éxito. La medición del pH y la electroconductividad del agua, harán aun más prolija y exacta la alimentación. Un nutrido sustrato y un cuidado complemento asegurarán una planta fuerte, robusta y resistente a las inclemencias del clima, posibles plagas y enfermedades.
Al igual que la vid o cualquier otro vegetal, la marihuana puede verse afectada por ácaros y parásitos como la araña roja, trips, moscas blancas, pulgones y también hongos como la botrytis y el oidio, entre otros.
Enemigos que podemos esperar en cualquier fase del cultivo, aunque suelen atacar en medio del proceso de floración. Mientras que la araña roja y la mosca blanca succionan la savia elaborada del tejido vegetal de la marihuana, interrumpiendo la correcta alimentación de la planta y produciendo una pérdida en la producción y calidad, el hongo de la botrytis genera necrosis en la materia vegetal de nuestros cogollos, dejando manchones oscuros, mal olor y esporas posiblemente peligrosas para nuestra salud si las ingerimos.
Cuando la botrytis sea severa y profunda, se recomienda extirpar la parte infectada y eliminar por completo. Para evitar este problema, muy común en zonas con climas con variaciones significativas en la temperatura y alta humedad, debemos tomar simples medidas como una buena ventilación circulando entre nuestras plantas y aplicar podas apicales cuando dispongamos de fenotipos que tiendan a formar cogollos gruesos y compactos. Si somos atacados por algún insecto, en muchos growshops podremos encontrar productos para combatir plagas y enfermedades, son generalmente de uso foliar y no comprometen la salud de la planta.

Cuidados finales

Si hablamos de una viña productora de vinos finos, el cuidado que se les da a las vides en la etapa final debe ser impecable. La fase de cuaja, cuando se forman y compactan los racimos, da paso a la fase de pinta, cuando la uva toma su color final. Este proceso es el equivalente a la maduración de cálices, pistilos y glándulas de THC en la cannabis.
La utilización de insecticidas para prevenir el ataque de posibles plagas y la aplicación de azufre orgánico para evitar y controlar la botrytis u oidio en casos de alta humedad, son las primeras actividades en la lista. Por suerte estas son las enfermedades más comunes en la vid hoy en día y son totalmente controlables.
Antiguamente, allá en 1860, un parásito llamado filoxera, acabó completamente con las plantaciones de Carmenere, cepa de origen francés que desapareció muchos años de escena debido a la letalidad de aquella plaga. La cosecha de uva normalmente fluctúa entre la primera semana de marzo y la segunda mitad de Mayo, partiendo por el Sauvignon Blanc o Chardonnay y terminando con los tintos Cabernet y Syrah. Luego, el proceso para conseguir un mosto fino, puede variar entre cinco meses a tres o más años, todo depende de la cepa, la calidad que nos ha entregado y el propósito por el cual haya sido cultivada.
Ya acercándonos a la cosecha de la cannabis, podemos distinguir su punto de maduración observando los tricomas con una lupa de alta resolución, de esta manera decidiremos en qué momento cortar nuestra planta. Esta decisión determinará también el efecto que tenga aquella variedad sobre nosotros, pudiendo ser energético o totalmente sedante.
Décadas atrás, se decidía el punto de corte cuando los pistilos de la planta estaban en su mayoría de color marrón o anaranjados, hoy podemos ser exactos analizando el color de los tricomas, la lupa manda. El manejo y cuidado que demos a nuestros cogollos después de la cosecha, es directamente proporcional a la calidad final del producto. Después de cortar viene el proceso de manicurado, cuando quitamos hojas grandes y pequeñas de nuestros cogollos. Luego, lo ideal es colgar y secar naturalmente nuestros buds en un espacio fresco, ventilado y oscuro.

Secado, curado y añejamiento

El tiempo que toma el secado varía entre siete a 20 días, dependiendo de las condiciones de temperatura del lugar. Lo ideal es conseguir cierta crocancia en los cogollos, pero que no sea excesiva, ya que el sabor y aroma tienden a degradarse si el proceso es muy violento y brusco. El siguiente paso es el curado de la marihuana.
Al igual que un buen vino añejado en roble francés, nuestra marihuana pasa por un lento proceso que pretende mantener y realzar las características organolépticas hasta conseguir un material de primera calidad. Esta fase necesita un mínimo de tres semanas y se puede extender hasta un año. Mantendremos nuestros cogollos en frascos de vidrios o cajas de madera.
Primeramente, durante un tiempo aproximado de dos semanas, abriremos y cerraremos nuestros frascos con el fin de eliminar la humedad que resurge en nuestros cogollos, evitando la posible aparición de moho. Es importante manicurar bien nuestros buds, ya que las hojas están compuestas por agua casi en un 80%, lo que aletarga el secado.
El proceso de curado influirá claramente en el sabor y aroma de nuestra variedad. Si queremos conseguir una fumada suave, apetitosa y suculenta, debemos ser pacientes y respetar los tiempos. Los vinos mejor catalogados y puntuados también son sinónimo de perseverancia, trabajo y pasión.
El proceso de añejamiento muchas veces se torna fundamental. Lo mismo pasa con nuestra querida marihuana, conseguir un producto de calidad toma tiempo. Definir sabores, texturas y moldear descriptores aromáticos, es lo que debe buscar el curado.
Es por estos y otros factores que la cosecha cobra tanta importancia, transformándose en el clímax de largos procesos de cultivo colmados de ansias y expectativas. Esperamos que muchos cannabicultores, viticultores y agrónomos en general estén disfrutando de sus frutos a lo largo del continente latinoamericano, llenando de aromas y sabores cada uno de los rincones de esta fértil tierra.

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