El vaporizador de marihuana en Sudamérica

En Sudamérica lel vaporizador de marihuana va ganando cada vez más adeptos. En Chile se abrió la primera tienda dedicada exclusivamente a ellos y en Argentina hace ya siete años que Silvi vaporizó a miles de personas en todo el país con sus “vapolounges”, desde Tierra del Fuego hasta Jujuy.

En Sudamérica los vaporizadores van ganando cada vez más adeptos. En Chile se abrió la primera tienda dedicada exclusivamente a ellos y en Argentina hace ya siete años que Silvi vaporizó a miles de personas en todo el país con sus vapolounges, desde Tierra del Fuego hasta Jujuy.

El vaporizador de marihuana en Sudamérica, historias

La historia del vaporizador de marihuana en Sudamérica es la de una industria que se mezcla con el saber milenario y las necesidades de estos días. Antes que vaporizadores hubo antropolitos en América del Sur, figuras generalmente humanas talladas en piedra, con un hueco a nivel de lo que representaría su abdomen. En la panza del antropolito se calentaban semillas y hojas que iban a parar a su panza cóncava. Los vapores eran inhalados. Los rituales chamánicos también se valieron de primitivas vaporizaciones para curar, calmar o viajar.

Los antiguos egipcios vaporizaban de manera similar la marihuana. En este tiempo reciente casi todos coinciden en otorgarle los créditos a Bill Eagle, un descendiente Cherokee, que en 1989 construyó el primer vaporizador para marihuana del que se tenga registro. Un amigo suyo padecía cáncer y luego de fumarse un porro le vino el bajón, empezó a tener ganas de comer y mejoró su calidad de vida disminuida por la quimioterapia. Bill Eagle confeccionó un vapo para su amigo y para él mismo. Y se lo mostró a Ben Dronkers (Sensi Seeds), que se fascinó y le propuso mejorarlo.

Hoy en día hay cientos de modelos de vapos. Hay portátiles como el Puffift, Alivi8, Vapostar, Arizer Solo, el Magic Flight o los de Iolite. También los hay para la mesa, el más conocido es el Volcano, fue el primero de su especie, también conocemos el Aromed, Verdamper y Herborizer. Cada uno tiene sus particularidades como la elección de la temperatura para quemar o su capacidad de almacenamiento. Y casi todos han lelgado a sudamérica para vaporizar marihuana.

¿Cómo funciona un vaporizador de marihuana?

Pero todos tienen los mismos principios. No esperes la aguda aspereza de una calada. Inhala despacio, mantén un tris el aire en tus pulmones, déjalo que se vaya de a poco de tu cuerpo. No fumarás humo, de hecho no fumarás, aspirarás un vapor liviano, no te llevarás al cuerpo ni el monóxido de carbono ni la nicotina o los alquitranes que tiene la marihuana cuando hace combustión. Los vapos te permiten quemar la marihuana a distintas temperaturas por lo que puedes regular el espesor del humo a gusto.

La marihuana no se quema, sus aceites esenciales son calentados entre 180 y hasta 300 grados Celsius llevando los principios activos y la humedad de tu flor hasta tus pulmones y deshidratando por completo la hierba. El aceite esencial de la planta pasará de estado líquido a gaseoso para tu disfrute. Los vaporizadores además pueden multiplicar hasta por cuatro el rendimiento de tu marihuana.

El vaporizador descubriendo América

En 1994 los canadienses de BC presentaron el primer vapo eléctrico de mesa. En 1995, Evert de Verdamper, rompió los moldes en Holanda con su vaporizador, una mezcla de pipa de agua y vaporizador eléctrico. Un año después en Alemania se conoció el Volcano que rellenaba de vahos cannábicos a un globo plástico cuyo vértice tiene una boquilla para que inhales.

Como siempre pasa, la cosa fue llegando a América Latina, despacio, de a poco. Probablemente Mike Bifari haya sido una de las figuras claves en este asunto de traer la ‘cultura cannábica’ del vapo y otras yerbas por estas latitudes sureñas. Así lo recuerda Silvi, de Vaporizate, una iniciativa que según ella misma estima ha vaporizado casi a 10 mil personas durante siete años en Argentina y también en Uruguay.

Argentina: el vaporizador de marihuana en Sudamérica

Silvi llegó a vaporizar en el Congreso argentino. En 2011 la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico y de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados argentina realizó una audiencia pública para discutir la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. Allí estaba Silvi vaporizando activistas que no paraban de bostezar por los discursos políticos que no llevaban a ningún lado, recuerda ahora entre risas.

El camino no fue fácil. “Ahora hay redes sociales y se conocen más los vaporizadores. Pero hace unos años llegaba a un pueblo en el interior con los aparatos y era raro para la gente. Les parecía extraño y llamativo. Pero se corría la bola y al año siguiente cuando volvía al mismo pueblo alguien le había contado a otros que una mujer tenía unos aparatos para vaporizar. Ahora está pasando que abuelas y abuelos se están vaporizando. La cultura se extendió con los jóvenes y como los abuelitos tienen afecciones y son más permisivos con los nietos vienen con ellos para ver si mitigan sus afecciones de salud. Es la reunión de dos generaciones”, explicó Silvi a Soft Secrets. En su Facebook, ‘Vaporizate con Silvi’, se pueden leer cientos de comentarios más que positivos de su propuesta, el vapolounge.

El vapolounge es una reunión para vaporizarse donde Silvi hace una recorrida de la historia de los vapos, los participantes los prueban uno por uno mientras escuchan su historia. Empiezan con el Verdamper y terminan con los portátiles, siempre con la misma cepa para que se puedan apreciar las diferencias de temperatura, por ejemplo.

Son dos horas de vapores y charla. “La gente dice que no le pega, que no le gusta y les cuento qué les está pasando en ese momento. Cuando te vaporizas consumís todos los cannabinoides que conocemos. Aprovechás mejor el olor y el sabor de la planta que está en los terpenos. Cuando fumás se degradan mucho por el fuego. En este caso los terpenos, que tienen también su función medicinal, se aprecian muy bien, el sabor de la planta va directo a tus papilas gustativas con el vapor”, explicó.

El vapolounge dura dos horas, es puntual la entrada y también la salida. A Silvi le ha pasado que después de la despedida sale a los quince minutos de su casa y ve alguno de los participantes dando vueltas por ahí. “Es tan distinto que la gente piensa que no le pega. Pero después no se acuerdan dónde estacionaron el auto. En dos horas prueban siete vaporizadores y reciben información de ellos. La gente se hace amiga y cambian genéticas. Pasan muchas cosas entre quienes se contactan”, explicó Silvi decana en el vaporizador de marihuana en Sudamérica.

Dice que la gente que va es de todas las edades, pero que hay más gente en el entorno de los cuarenta años, madres y padres que ya no quieren fumar en casa porque llegó un bebé al hogar. “La generación del vapo son todas, pero de 40 años para arriba parece que hay más, son las generaciones que dejamos de fumar, los que comemos con menos sal, los que tomamos solo vino bueno, la edad en la que empezás a ser conciente de mejorar tu calidad de vida”.

Chile a todo vapor

Fue por el mismo motivo que Rodrigo y Mauro empezaron a probar con los vaporizadores en Chile. Hace ya doce años, Mauro que participaba del foro en internet de Amigos del Cannabis, quería encontrar una forma saludable de fumar. Hace algunos años se trajo un vaporizador de China y la experiencia no lo satisfizo tanto como deseaba. Entonces empezó a ver qué había de nuevo en Estados Unidos. Y por allí fue surgiendo la idea de abrir Andes Vapor, el primer Vaposhop de Chile, empresa que se dedica exclusivamente al mundo de la vaporización.

“Independientemente de que el vapo da un mayor rendimiento del producto, independientemente de que podamos tener un sabor más puro con el vaporizador, lo que buscamos es la salud. Esperamos que la vaporización elimine elementos cancerígenos como el alquitrán y se oriente a una manera más saludable de consumir cannabis,” dice Mauro Segura de Andes Vapor.

Los vapos tienen un aprendizaje. Si inhalas muy rápido obtendrás más aire que vapor, obtendrás un aire más delgado. Si aspiras más lento obtendrás una nube gruesa pero con el riesgo de combustionar. El THC se vaporiza a partir de los 180 grados, si el dispositivo se coloca en 185 grados conseguirás un vapor muy delgado. “Casi 100% medicinal, la gente que no lo conoce me dice: no estoy fumando, no está funcionado. Lo que pasa es que el vapor es tan delgado que extraemos solo el THC. Un vapo como el Ascent de Da Vinci tiene temperatura máxima de 221ºC. Con esa temperatura, sin combustión, hacemos una extracción pura de vapor grueso y es mucho más fácil hacer la transición de un fumador acostumbrado a fumar caladas o bong. Ese vapor es tan grueso que te hace toser como si estuvieras fumando”, explicó Segura.

Andes Vapor lo sabe, todos los sabemos. La portabilidad es indispensable en estos tiempos. Desde los teléfonos móviles hasta los vaporizadores se adaptan a nuestras manos y nuestros bolsillos. Unos y otros se pliegan a estos tiempos. Los vapos portátiles lo hicieron con sistemas de vidrios pirex o borosilicato que permiten calentar la hierba a elevadas temperaturas sin quemarla. “Hay quien busca sabor, otros duración de batería, portabilidad, hay quien busca capacidad de almacenar. En este tema del vapor lo más puro y sano son los dispositivos que vienen con vidrio, la mayoría son de media y alta gama. El Ascent es un vapo de mesa que con su sistema de glass on glass está orientado a tener la mejor calidad de sabor”, recomienda Segura.

Si bien hace pocos años que los vaporizadores están presentes en América Latina su crecimiento es exponencial, ya todos los grows tienen alguno y cada vez la oferta se expande. Para que siga es solo cuestión de probar, encontrar el preferido, ahorrar un dinerillo y aprovechar las ventajas del vapor, que no solo es amable con la salud sino que permite colocarte en cualquier lugar y hacer rendir más tu hierba. La historia del vaporizador de marihuana en Sudamérica la haces tú. Buenos vapores.

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